En este Día de las Madres, la historia de una mujer que se entregó a la vida solidaria y terminó convirtiéndose en la mamá de más de 68 familias: Amelia Rosa Albornoz, la Pochola.
Pochola junto a su equipo de trabajo.
Hay situaciones bisagra en la vida de algunas personas, que las llevan a tomar decisiones sobre el rumbo a seguir. Muchas veces el camino que se elige es radicalmente diferente al que se venía transitando, y puede arrojar resultados muy positivos. Este es el caso de Amelia Rosa Albornoz, mejor conocida como Pochola, mamá Pochola, tía Pochola, y sobre todo abuela Pochola.
Cada día a las 6 de la mañana, el café en su casa comienza a calentarse para que su hija menor y uno de sus nietos desayunen, mientras ellos se alistan para ir a la universidad y a la escuela. Luego, según sus palabras “se comienzan a revolver las cacerolas”.
Esta vecina de San Miguel de Tucumán oriunda de Monteros, dirige un comedor en Beruti 373 de la capital tucumana. Ahí, alimenta a casi 300 personas por día, las cuales conforman 68 familias. Su actitud entregada de cuidadora es lo que la convirtió en el 2021 en la Madre de la Ciudad de San Miguel de Tucumán, y esta semana contó un poco de su realidad con FM La Tucumana: “Yo me casé con una persona tranquila y trabajadora, humilde de corazón, tengo 50 años de casada, tuve seis hijos, el mayor tiene 48 años”, dijo para Javi El Vivo.
“Imaginése que criar seis hijos en aquella época era muy difícil pero logré llegar a la meta. Siempre viví en la cornisa pero mis hijos han estudiado, otros trabajan y bien. Hace 12 años llegué a la iglesia cuando perdí a mi segundo hijo”, confesó, recordando el momento en el cual comenzó a entregarse a la gente.
“Sergio Gustavo estudiaba ingeniería y le gustaba la política. Jugaba desde muy chico a la pelota, yo siempre los incentivé a que hagan deportes a todos, verán que tengo una hija profesora de educación física. Un día él fue a jugar un partido de fútbol y le pegaron una patada en los testículos, ahí comenzó su enfermedad, fue un momento bisagra, al poco tiempo empezó con un cáncer y siendo un joven de 33 años, murió. En ese momento me dije que por todos aquellos que amo iba a hacer una vida conductiva, entregarme todo y entregarme a los que más necesitan, pero empecé cantando”, se acuerda.
“El párroco nuestro es el cura Martín Albersano, un ser completo. Si hoy estoy aquí en el comedor es porque me invitó él, es un viejo amigo de mis hijos, y el que murió tenía mucha afinidad con el padre. Cuando él entró aquí un día y me vio cantando y me dijo ‘vos tenés que estar en Caritas, veníte a ayudarme’. Yo le expliqué que tenía que hacer un montón de cosas, que no tenía tiempo, pero pude”, rememoró, sobre sus comienzos en la vida solidaria.
“Aquí vienen muchos chicos con muchas dificultades, les falta una madre para la conducción en la vida, o les falta el padre. Yo los siento en un lugar en donde se pueden confesar o no conmigo, no soy Dios para perdonar, solo los ayudo y sobre todo los escucho. Son gente joven. Imagínese que todos me dicen abuela Pochola y otros me dicen tía, ya tengo la familia completa”, contó entre risas.
Pero el trabajo de Pochola no se limita a cocinar, pues explicó que hay 2 hombres y 5 mujeres dedicados completamente a esta parte de la labor. Lo suyo va por la coordinación de esta tarea y por la búsqueda de las personas para que vayan al comedor: “Muchos tienen vergüenza, viven en la orilla del río, yo los busco y los traigo, esa es mi misión”.
Una de las hijas de la abuela Pochola fue quien la inscribió en el concurso municpal pero sin avisarle, y rápidamente los votantes se hicieron presentes: “Yo no sabía qué decir, a pesar de que siempre estuve sobre una tribuna hablando con todos, ahí no sabía que decir. Estoy orgullosa de mis hijos, ellos son como yo, Sergio me decía siempre ‘mamá, ¿qué cocinaste?’ y si le decía ‘un guiso’ me decía que eran 2 o 3 más que venían a comer, siempre era generoso”, nos dice.
Sobre la fuerza interior que Pochola saca para salir cada día a trabajar, ella remarcó que en realidad es la labor solidaria la que la mantiene en pie: “Si ustedes supieran que perder a un hijo es muy muy doloroso, pero ahora esta es mi casa, me cobija la gente que viene aquí, servir me pone feliz. Yo les diría cuiden a sus hijos, estén con ellos, enseñenlés donde van a caminar sus hijos y tengan cuidado. Los padres también, la familia es lo más importante de la vida. Yo tengo sangre árabe pero la familia es la familia, repito que cuiden a sus hijos, no los dejen criar por las abuelas para volver después de 20 años, críenlos ustedes madres, son la mejor cosa que Dios nos ha dado”, aconsejó.
“No ganamos dinero, a esto nos llevó la vida y Dios. No tengo mucho más para decir”, cerró.
A Pochola y a cada una de las madres luchadoras y dadivosas de la vida, desde El Tucumano queremos decirles… ¡Feliz día!