PARANORMAL

"No salgás, ese es el diablo": el miedo en los tiempos de la cosecha de caña Tucumán

Las historias paranormales y de terror que se vivían en la temporada de zafra manual abundan, y hoy te contamos la de Daniel, quien llegó con toda su familia desde Santiago del Estero, y se fueron para nunca más volver.

03 Nov 2022 - 18:55

Se sabe que de todas las labores y oficios que se pueden hacer en Tucumán, trabajar en las fincas de caña de azúcar a mediados del siglo pasado, fue seguramente una de las tareas más extenuantes, agobiantes y peor pagadas de todas. Realizar este tipo de trabajo no solamente implicaba que sus trabajadores pasaban largas jornadas horarias hachando y pelando las cañas, sino que debían trasladarse con sus familias enteras pues en general para cubrir el trabajo de las grandes extensiones de campo era necesario que llegaran obreros y obreras desde otras provincias, quienes lo hacían con sus hijos a cuestas.

Este es el caso de Daniel, quien relató su historia hace algún tiempo a Tucumán Paranormal, a través del escritor monterizo Sebastián Galbán. Daniel recuerda esa noche de sábado en donde tras una extenuante jornada laboral de sus padres y sus hermanitos en una zona rural de Famaillá, todos dormían, hasta que una luz blanca lo despertó cerca de las 3 de la mañana.

“Una luz blanca muy intensa me hace despertar y me deja sin poder mirar por algunos minutos. Cuando recobro algo de mi visión, alcancé percibir que la ventana de madera que daba hacia el camino que pasaba por frente de nuestra casa estaba completamente abierta y se veían como destellos de luz hacia los cañaverales que estaban a la vuelta de la casona, muy similares a los que hoy hace cuando se enfoca con una linterna en la oscuridad, pero en esos tiempos nosotros no conocíamos lo que era la electricidad y mucho menos una linterna, por lo que me llamó mucho la atención y comencé a observar hacia afuera” reveló.

En ese momento, llegó la primera visión “Pude divisar un enorme señor como de 4 metros de altura, el cuerpo totalmente blanco, como vestido con ropas de seda, como si tuviese brillo propio, note que no tocaba los pies en el suelo es como si levitara pero tampoco se podían observar la existencia de pies, era como si todo su cuerpo fuese esa especie de tela de seda blanca, dio una vuelta completa en el lugar donde permanecía estático esta aparición, luego se comenzó a trasladar por el hacia un cañaveral y desapareció”, dijo el relator, oriundo de Santiago del Estero.

“Agarré el mechero y fui a buscar a mi papa que estaba en otra habitación lindante, había que salir afuera y caminar por un pasillo, y el baño que era muy improvisado estaba en un descampado casi como a 20 metros más hacia el fondo, y en lo que había caminando puede ver a esta misma aparición pero ya sin luces cruzar las paredes de ese baño. Mi padre se levantó y con su machete en mano salió en dirección hacia el baño del fondo pero no encontró nada, regresó, despertamos a nuestros hermanos y salimos todo hacia la entrada de la casa” se acuerda, casi 60 años después del hecho.

“Luego de unos minutos empezamos a escuchar como caminaban en el tejado, ruidos de pasos, luego risas de mujeres, no teníamos adonde ir, no había otra casa cerca por varios kilómetros. Estábamos aterrorizados, mi madre comenzó a rezar y todo se calmó, o eso parecía, esta vez llevamos los colchones todos hacia la habitación de papá y nos quedamos todos juntos”.

“Cuando ya empezaba a querer dormirme de nuevo, se volvieron a escuchar los pasos, esta vez adentro de la habitación y lo que más nos llamó la atención fue el sonido del llanto de un bebé pequeño, ya cansado mi papá con su machete se fue para el lado de los cañaverales de dónde provenía este llanto, pero cuando él se iba para un lado, el llanto cambiaba de dirección, a veces más cerca, otras veces más lejos, hasta que mi madre dijo ‘Vení, ese es el diablo, no salgas’”.

“Cerca del amanecer el llanto se dejó de escuchar, pero esa noche prácticamente no pudimos dormir, aterrados, y ese fue el comienzo de una serie de sucesos extraños, siempre de noche, los ruidos, los pasos y algunas veces el llanto de un bebé que de por ratos parecía que lloraba cerca de nuestros oídos”.

Daniel reveló para dicha fanpage de sucesos paranormales de Tucumán, que una mañana su padre preparó el equipaje y sin mediar discusión dijo “vamos”. Ya con los años, se enteró que tomó esa decisión porque conversando con otros obreros le dijeron que en esa misma casa que les habían prestado para habitar durante el tiempo de cosecha, el año anterior una familia había perdido la vida de uno de sus hijos cuando una tonelada de caña de azúcar se le cayó encima, situación que los demás atribuían a los supuestos tratados que el patrón de la finca tenía con el diablo.

Esa mañana, toda la familia salió caminando rumbo a la estación de trenes de Estación Padilla Famaillá, para regresan a su Santiago Natal y no pisar tierras tucumana nunca más. Daniel tiene actualmente 60 años, pero asegura que tanto su padre como sus hermanos continuaron recordando esta experiencia aterradora mucho tiempo.

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