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“Todos los días me esperan”: Mirta y la fe de las palomas

Mirta es la señora que alimenta todos los días a las palomas en Plaza Independencia desde hace más de treinta. Un ritual íntimo y la respuesta a una pregunta: ¿Por qué lo hace?

13 Abr 2023 - 22:18

Inquilinas perpetuas del cemento, irreverentes con la frivolidad del bronce monumental, dueñas y señoras del corazón de las ciudades; las palomas se han apropiado de las plazas para reclamar su ciudadanía pedestre, aun pudiendo elegir dominios celestiales. Del campanario de la catedral a la mollera pétrea de La Libertad y de ahí al piso para caminar a pasos apurados y erráticos, huir de la persecución de infantes, asustar a transeúntes distraídos y brindar su compañía a quienes descansan pies y espíritus solitarios. Ahí es donde aparece Mirta y su ofrenda cotidiana de fe en las palomas.

Parte del paisaje de la Plaza Independencia, como quien cumple con una liturgia íntima, pero a cielo abierto, ahí está Mirta en el banco de siempre. Ahí está Mirta junto a sus palomas. Todos los días desde 1990, Mirta carga su bolsa con maíz, arroz o polenta para alimentar a las palomas. Ella sabe bien que no hay plazas sin palomas como no hay desiertos sin arena ni cebras sin rayas. Y las palomas saben que Mirta estará ahí y acuden en bandada a la cita. “Todos los días me esperan”, revela la mujer dando cuenta de una lealtad sin palabras que se replica día a día en ese ritual reverencial.

“Las mujeres de allá de La Merced le daban de comer a la tarde. He visto una costumbre que la adopté y ya desde el noventa no paré hasta el día de hoy”, le cuenta Mirta a Javi El Vivo, movilero de latucumana FM 95.9.  A su alrededor, la ciudad bosteza hastiada de su vorágine de autos y transeúntes, pero Mirta se toma su tiempo para darle de comer a sus feligresas. Para quienes se han acostumbrado a verla ahí, Mirta no es Mirta, sino la señora de las palomas. Mirta tampoco es Mirtha, pero acaso para las palomas sea la señora de los almuerzos.

“¿Por qué lo hace?”, pregunta Javi y la respuesta parece abrirnos las puertas del corazón de Mirta, la señora de las palomas.

“Más que nada por la fe, la fe en Dios, la fe en la virgen, la fe de que tengo vida. Tengo 64 años, gracias a Dios y a la virgen querida que puedo andar y caminar. Para mí es una forma de dar gracias”, revela. Mirta es de las que agradecen dando. Decenas de buches llenos pueden dar fe de esa forma de gratitud.

“Algo bueno estoy haciendo porque muchas veces dicen: hay que hacer algo… algo hay que hacer en la vida ¿De qué vamos a vivir? Uno tiene que tener fe en algo, creer en algo. Hacer algo que sea bueno”, dice mientras una de sus palomas alza vuelo. Mirta no la sigue. No puede o no quiere. Prefiere seguir ganándose el cielo en ese banco de la plaza.

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