Una enfermedad que cayó de sorpresa y un accidente por arma de fuego: nadie está exento de las desgracias. Dos relatos que demuestran que siempre es posible barajar y empezar de nuevo.
Ya lo dijo una vez, Richard Branson: "Cada historia de éxito es una historia de constante adaptación, revisión y cambio", y lo que hoy parece imposible, mañana termina siendo un logro.
Como seres humanos, bien sabemos que, de un día para el otro, la vida puede cambiar. De pronto, una desafortunada situación atraviesa el camino de una forma tan penetrante que casi imposibilita saltar los obstáculos y brincar las vallas de las limitaciones. Sin embargo, y lejos de pensar que es la única opción, también se encuentra el reverso de la historia: el de la superación incuestionable que da júbilos de esperanza.
Miguel Ángel Alderetes y Lucas Nahuel Segura, son dos de los muchos pacientes que saben cómo es transitar un pasillo oscuro sin vistas de luz. Ambos llegaron al servicio de Rehabilitación del hospital Eva Perón para recibir asistencia intensiva por medio de internación. Apostar a vivir para evitar sobrevivir, es un mérito invaluable.
Miguel Ángel tiene 56 años y padece de Síndrome de Guillain-Barré hace 4 meses. Se trata de un trastorno poco frecuente en el cual el propio sistema inmunitario de una persona daña sus neuronas y causa debilidad muscular y a veces parálisis. “Estuve en terapia 17 días, sin movilidad ninguna, esto me pasó de un día para el otro, inició un viernes y el domingo me desvanecí del todo, mi cuerpo no resistió más, perdí la fuerza de mis brazos, de mis piernas, sentí mucho miedo porque nunca me pasó una cosa así y no sabía qué enfermedad era hasta que me hicieron los estudios y me diagnosticaron”, comenzó explicando.
Esta afección, -que ataca los nervios-, puede producirse por una infección bacteriana o viral aguda. “Yo empecé con un hormigueo que creía que era como un amortiguamiento, hacía algunas cosas y me daba cansancio hasta que perdí las fuerzas por completo y me desvanecí, me pudieron levantar entre tres personas, me cargaron a un auto, me fui al Padilla y me tuvieron que internar porque mi cuerpo estaba totalmente inmovilizado. Estuve 17 días en terapia hasta que la doctora Gisella Núñez me vio y pidió el traslado para el hospital del Este”, relató.
Miguel transitó tres meses internado en el Eva Perón. Por la mañana y la tarde, recibió fisioterapia de manera intensiva y terapia ocupacional. “Eso es primordial, la terapia ocupacional te permite salir adelante. Hay muchas personas que vienen actualmente con esta enfermedad que me tocó y hace falta mucha gente como los miembros del equipo que me trató a mí, gracias a ellos salí adelante, la terapista Cintia Rivas me trató todos los días por la mañana y en las tardes venían kinesiólogos”, aseguró.
Antes de que la afección irrumpe en su vida, Miguel se desempeñó de diferentes formas: área de construcción, vigilancia y hasta mantenimiento en grandes previos. Ante este cambio, reflexionó: “La vida da cada sorpresa, pero esto, quedar de golpe inmovilizado me cambió todo. En este hospital, me salvaron la vida, mi familia también fue un apoyo increíble porque yo era una persona activa y pasaron a verme de un día para el otro en silla de rueda, no lo podían creer. Yo estoy muy agradecido con todo el equipo que me brindó una rehabilitación con cuidador las 24 horas, pasé esto como un bebé, no podía comer por mí mismo ni higienizarme”.
Fueron dos meses de incasable trabajo entre los profesionales de la salud y su inmensa voluntad para mejorar que llevó a Miguel a recibir el alta un 6 de junio y continuar con el tratamiento. “Por esta experiencia les digo a las personas que sientan hormigueo en las manos y pérdida de fuerza que consulten rápidamente con un profesional, que no se queden, porque esto es lo más feo que puede haber en la vida, pero se puede superar”, aconsejó.
Por su parte, Lucas Nahuel, fue víctima de una lesión por arma de fuego que afectó su médula. Ingreso en febrero de este año en el servicio de rehabilitación del hospital Eva Perón y desde entonces fue atendido por el equipo interdisciplinario que no solo se encarga de su rehabilitación, sino que además le ofrecieron diversas adaptaciones para que pueda cortar sus alimentos, comer y tomar café, ya que no puede mover las manos.
“Estoy bien trabajando con los kinesiólogos y la terapista ocupacional, voy mejorando, lo siento así, aquí me tratan muy bien. Me cuida además mi hermana y tengo esperanzas de salir pronto de alta”, comentó Lucas.El joven recibe una exhaustiva rehabilitación de su motricidad, especialmente de miembros superiores.
La terapista ocupacional del servicio de Rehabilitación del hospital Eva Perón, Cintia Rivas, comentó que las personas que se reciben para internación en el pasillo naranja del efector necesitan recibir terapia de manera intensiva. Se trata de pacientes agudos que requieren de mucha ayuda para que en su externación cuenten con todas las herramientas para llevar una vida lo más normal posible cuando regresen a sus casas.
“La idea es que puedan volver a ser lo más autónomos posibles. Desde el área de terapia ocupacional se trabaja principalmente tratando de resolver los componentes motores de cada paciente, para después ir entrenando funciones como las actividades de la vida diaria básicas -alimentación, vestido, higiene-; se realizan adaptaciones, por ejemplo, el engrosamiento de mangos de cuchillo y tenedor o la adaptación específica que el paciente pueda requerir para llevar a cabo sus actividades en forma independiente”, detalló Rivas.
La adaptación es una de las grandes herramientas que se ofrecen en el servicio, además por supuesto del entrenamiento que se necesita para que el paciente pueda usar solo el artículo en cuestión. “Se van haciendo pruebas para ver qué modificaciones tienen que hacerse en esa adaptación, se va preparando al paciente para que pueda funcionar en su hogar en forma autónoma. La gratificación es grande, no solo trabajamos con ellos, sino también con las familias como una red de contención, a ellos también hay que enseñarles porque si bien nosotros acá hacemos un trabajo interdisciplinario con las demás áreas, esto es un 50 y 50 de colaboración del paciente y la familia”.
La terapia, enfatiza Rivas, brinda recursos para el momento en el que los profesionales no estén 24/7 para asistir a los pacientes: “Hay cosas en las que la destreza se va adquiriendo por medio de la repetición de la función. Cuando nosotros hacemos las cosas de la vida diaria, las hacemos de forma automática porque las repetimos todos los días, entonces nos sale hacerlas de forma nata, lo mismo ocurre acá, trabajamos, entrenamos y después el paciente lo va replicando”.
“Miguel llegó con una cuadriplejía, no podía incorporarse desde la cama, se fue trabajando de a poco y la evolución fue muy importante, también hay que destacar que este paciente fue muy colaborador, tenía muchas ganas de ponerse bien, de recuperarse y su familia también, su esposa principalmente, fue un pilar fundamental para nosotros. Lucas tiene una lesión medular y para él se adaptaron instrumentos de uso cotidiano que le permiten poder comer solo, cepillarse los dientes y eso es un incentivo y un envión anímico muy importante para él y también para la familia que lo está asistiendo”, detalló la terapista ocupacional.