Esta es la historia de una tucumana que, al igual que a miles de personas que padecen esta enfermedad, tener un diagnóstico le cambió la vida.
“Cuando me tomé mi primera pastilla de Metformina me di cuenta que era la primera de las que tomaré toda mi vida. Nunca más estaría sana”: un día, la enfermedad llamó a la puerta de Milagros y, diferencia de esos invitados indeseados que llegan sin que los llamen y se van sin que los corran, la diabetes no se va nunca más.
Milagros es un tucumana de 29 años que dio con el diagnóstico por un llamado de atención de su ginecóloga en los estudios de rutina: “Nunca me había hecho análisis de rutina ginecológicos, por vergüenza. Yo sabía que estaba mal y lo venía postergando. Me tomé una semana de descanso en mi trabajo y decidí ir a hacerme todo. Yo venía con bajones emocionales, dolores de cabeza que pensé que eran normales… estaba segura de que me iban a salir mal los análisis de las tiroides, así que, hablando con la doctora de estos síntomas, ella me preguntó si tenía antecedentes de diabetes en mi familia. Y sí, muchísimos en mi familia tienen diabetes”.
Un simple pinchazo, ya indicó que algo no estaba bien: 240 de azúcar en sangre. Más del doble de lo que se considera normal. Y así comenzó el camino de búsqueda de respuestas, que llegó rapidísimo: diabetes tipo dos. Inmediatamente, Mili se contactó con su obra social y comenzó todos los trámites. En nuestro país, los pacientes diabéticos están cubiertos por la Ley 23753, promulgada en 1989, que indica: “el Ministerio de Salud y Acción Social dispondrá las medidas necesarias para la divulgación de la problemática derivada de la enfermedad diabética y sus complicaciones”. En el año 2013 la ley fue ampliada y se estableció un programa para la atención, seguimiento y educación en diabetes.
Este programa de atención, ampara a los pacientes de obras sociales también a recibir sus medicamentos con cobertura total. Medicamentos que tienen un alto costo, y sin los cuales, sería imposible sobrellevar la enfermedad. “Me tocó atenderme con grandes profesionales de la medicina y de la nutrición. Pero no puedo obviar que, además de los profesionales, hacen falta políticas públicas como ésta. Ayer fui a retirar las pastillas y lancetas y me mostraron que era 55 mil pesos a valor de hoy. Para mí, eso es algo imposible de costear. Y si es imposible para mí, con un trabajo en blanco, no me lo imagino para muchísima otra gente. El precio de esas pastillas es lo que yo pongo para el alquiler. Debería resignarme a no alquilar si no hubiera un amparo como este”, dijo, a eltucumano.
La Organización Panamericana de la Salud estima que unas 62 millones de personas tan solo en el continente americano, tienen diabetes. A su vez, informaron también que en todo el continente, son casi 250 mil las muertes que se atribuyen directamente a esta enfermedad. Sin embargo, hablar de ella es mucho más que ese fantasma que muchos cargan en su espalda toda la vida.
Claudio Aliberti es médico diabetólogo y subdirector del hospital Regional Lamadrid. Esta semana, visitó Radio Municipal 87.9, en donde explicó sobre la enfermedad a Facundo Urueña y María José González, precisamente en el Día Mundial de la Diabetes, conmemorado este martes 14 de noviembre, como cada año desde el 2006 en honor al aniversario de Frederick Banting quien, junto con Charles Best, concibió la idea que les conduciría al descubrimiento de la insulina, en octubre de 1921.“La diabetes es una enfermedad muy antigua, pero muy reciente para la historia de la medicina. Es una enfermedad metabólica que aumenta los niveles de azúcar o glucemia en el torrente sanguíneo, a un nivel exagerado. Tiene muchas causas dependiendo el tipo de diabetes, pero uno muy grande en nuestro país es el mal hábito alimenticio, algo que aquí en Argentina es muy común, porque somos muy desordenados para comer”.
“Hay factores ambientales y factores genéticos que suelen llevar a la diabetes tipo uno. Hay tres grandes líneas troncales de esta enfermedad. La tipo uno es autoinmune y provocada por una alteración en páncreas. Luego, la diabetes 2 que se debe a múltiples factores. Pueden ser ambientales, de mala alimentación o hasta por la polución. El tercer tipo es la diabetes gestacional, se desarrolla durante del embarazo. En el 95% de los casos de esta diabetes, una vez producido el parto, se normaliza. Pero deben hacerse más controles”, detalló.
Un fuerte componente hereditario pesa en la familia de Milagros. Sin embargo, el prejuicio forma parte de su entorno: “Me parece muy complicado, hay un prejuicio, cada vez menos, pero persiste. Muchos creen que la diabetes es solo por malos hábitos, por ser gordo, por comer mal. Es una enfermedad genética, pero depende de factores ambientales. A una amiga los médicos le dijeron que era su culpa la resistencia a la insulina. A un fumador, por ejemplo, no le dirías cuando cae enfermo que esto fue su culpa. Hay un gran prejuicio, es muy peligroso para quienes tenemos un diagnóstico reciente la manera de comunicarse de los profesionales de la salud”, opinó.
“Mi papá se asustó mucho al saber que tengo diabetes. Él es un diabético que nunca se cuidaba, hace unos 20 años tiene su diagnóstico. Llegó al punto de un coma diabético. Mi pareja y yo lo encontramos tirado. Recién hace poco tomó conciencia de lo que significaba. Por eso ahora está más encima de mí, y generamos también un vínculo a partir de esto. Ya somos dos los que comemos distinto, nos acompañamos”, relató.
El doctor Aliberti, en cuanto a ese famoso factor genético del que hablan, dijo: “En si no es una enfermedad de rasgos hereditarios, pero tiene rasgos genéticos muy preponderantes. Hay una predisposición fuerte, y más cuando hay sedentarismo u obesidad, algo que hace cinco años ya se toma como enfermedad. Esto influye casi en un 50% en que una persona pueda tener una diabetes tipo 2”.
Según Aliberti, los síntomas más marcados con los que el paciente llega en busca de respuestas son una sed muy intensa, una pérdida repentina de peso, y las famosas Tres Pe: polidipsia, poligafia y poluria. Esto es, sed excesiva, hambre excesiva, y orina excesiva: “Ir muchas veces al baño es un indicativo muy fuerte de que pueden tener una diabetes”.
“Me parece tan peligroso que yo haya podido andar por la vida con tanta tolerancia al azúcar alta, que haya tenido tan pocos síntomas. Podría haber vivido años sin diabetes hasta que un día me quede ciega”, se lamentó Milagros, recordando todo aquello que vino a su mente una vez que comenzó a tomar la metformina.
Tengo diabetes… ¿Y ahora qué?
El médico diabetólogo detalló que “cuando se diagnostica, lo primero que hacemos es el control de la persona en su dieta. EL 90% del éxito depende de la dieta que la persona haga a partir del diagnóstico. La alimentación y el buen hábito son muy pero muy importantes para que la persona controle sus niveles de azúcar. Yo no soy partidario de dar mucho edulcorante. Hoy por hoy se está usando la stevia. Se ha comprobado que es un edulcorante natural 400 veces más dulce que el azúcar y que no eleva tanto la glucemia”.
Elena Rodríguez es licenciada en nutrición y, en el Día Internacional de la Diabetes, dio una charla sobre alimentación en el CIC de Mínima de Monteros. Aquí, en conversación con Radio Municipal a través de Cristina Décima, dijo cuáles son las recomendaciones actualizadas que hay para una dieta diabética: “No queremos ceguera, pie diabético ni riñones en mal funcionamiento. Por eso, recomendamos acompañar la medicación con una alimentación adecuada a cada paciente, y cruzar este inicio de dieta con terapia psicológica”.
“Evitar frituras, realizar actividad física, beber de dos a tres litros de agua potable por día y disminuir el consumo de sal. Leche descremada, quesos descremados. El yogur que sea sin azúcar, descremado, o al natural. Las carnes hay que variar entre la roja, la blanca, la de pescado… o reemplazar las carnes por dos unidades de huevo. En cuánto a las hortalizas, priorizar las verdes que son las que tienen menos hidratos de carbono. Zapallito verde y tomate con total libertad. En menos cantidad cebolla, chaucha, pimiento, zanahoria, zapallo. Hay vegetales que son semáforo rojo, como el choclo, la papa y la batata. Se pude consumir, pero poca cantidad. En cuanto a la fruta, estas tienen azúcar, pero podemos comer dos por día. Lo que ahora se trata de eliminar directamente es sandia, porque se sabe que eleva la glucosa en exceso. El pan, alguno sin grasa o con fibra. Alcohol no, aceites que sean en crudo. Frito, es malo. Finalmente los cereales deben ser preferiblemente acompañados de verduras. Mucha agua, té o mate, sin azúcar. Es mejor con edulcorante o stevia”, detalló.
Uno de los consejos más importantes que se brindaron a través de esta charla abierta, fueron relacionados a la salud mental de un paciente. La licenciada en psicología, Ana Mena, detalló cuáles son las preguntas habituales o comunes ante las cuáles un paciente se encuentra: “Es muy importante la contención psicológica cuando el paciente tiene síntomas que indican que debe tener cambio de vida. Empieza a despertarse a veces esa pulsión de muerte, decir ¿por qué a mí? ¿Cómo va a ser a futuro? ¿Sufriré alguna amputación? ¿Habrá deterioro? Esto despierta emociones negativas, de miedo, de angustia”.
“Existen terapias cognitivas conductuales que ayudan a disminuir la ansiedad. Terapias sistémicas para tratar a las familias. Por ejemplo, para acompañar a una mamá que esté con un diagnóstico de diabetes de su niño. Recomiendo siempre un trabajo interdisciplinario, médico, terapia psicológica, nutricionista, ejercicio… acá los ayudamos con sus miedos e inquietudes”, explicó sobre la importancia de esa contención en la salud mental de los pacientes que acaban de recibir un diagnóstico para toda su vida.
Un antes y un después a partir de un diagnóstico
La manera de llevar la enfermedad, aparentemente tiene mucho que ver con la edad y el nivel de conciencia con el que se afronta al diagnóstico. Es común conocer personas que, padeciendo diabetes, no han procurado tener cuidados minuciosos en su salud, con las conocidas consecuencias devastadoras de ello. Sin embargo, Milagros nos confiesa que esto significó hacer un clic en muchas cosas de su cabeza: “Antes de la diabetes nunca leí los ingredientes. El etiquetado frontal ha hecho mucho, pero siguen sin aparecer en ciertos alimentos. Esto conlleva todo un laburo mental de buscar, de pensar, es mucho más fácil decir ‘me clavo una factura y a la mierda’ que buscar lo que hay que comer. Yo renegué mucho hasta que me empecé a acomodar, pero me sigo acomodando. Mi compañero es fundamental en esto, es un gran apoyo y también me cocina”.
“En un principio yo solita me restringí todas las harinas. Mal de mi parte. No sé por qué pensé que tenía que hacer eso. La nutricionista me explicó todo sobre mi dieta, y ahora veo al diagnóstico como una oportunidad también de estar mejor. Tengo endocrinóloga, y ya vi que me estaban saliendo mejores los estudios, los valores, me hizo bien. Agarré esto sin ninguna complicación. Es una enfermedad complicada, pero me doy un permitido los fines de semana, abrazo a mi cuerpo y no lo juzgo por querer tomar un vaso de coca o comer un par de empanadas. Hay que ser empáticos con una también. No es un proceso lineal”, comentó.
Hace algunos días, un dicho político, que resultó ser una fake news, puso en jaque la gratuidad del tratamiento para los pacientes con diabetes. Pese a ser fake, esto llegó a algunas mesas de discusión: “Yo evito escuchar las cosas que dicen de la diabetes políticamente, las omito, duele. Los invito a que charlen con una persona con diabetes. Más allá de la empatía, la ignorancia… pero que charlen con una persona que tiene diabetes. No podemos retroceder con algo tan elemental como el derecho a la salud”.
“No querer atender a alguien porque tiene diabetes por ese prejuicio de que ‘se lo hizo solo’, es como que alguien se fracture por andar en moto y no le quieran poner un yeso. Sé que yo gastaría arriba de 100 mil pesos si no tuviera obra social. Hablando de dieta, médicos, sin obra social o salud pública es imposible. Llegué a ir cuatro veces a la semana a un médico. Mi obra social no fue para nada burocrática y no se demoró nada. Tiene que ver con que es Ley, seguro, y que el Estado presiona a las obras sociales”, opinó.
Finalmente, aconsejó: “Me parece importante escuchar el cuerpo porque te va dando señales. Muchas veces, la vorágine de la vida hace que no te preguntés por qué te duele el cuerpo, o la cabeza, y seguís. Hay que escuchar el cuerpo antes de que sea tarde”.