Hace unos meses cerró su restaurant para convertirse en influencer y confía que el reality puede ser su trampolín al éxito. La historia del samurái jujeño y su disputa con los participantes tucumanos: “no valen como personas”.
En diciembre pasado, Ariel Monteros, mejor conocido como Zamo, hizo una apuesta arriesgada: a los 42 años, decidió cerrar su parrillada en Jujuy para apostar todas las fichas al mundo de las redes y convertirse en tiktoker. Por eso, aspira a ganar Gran House Tucumán para catapultarse como influencer. Ya dio un paso importante: zafó de la expulsión del reality en la primera velada de fleteada. Esta es la historia del samurái jujeño.
“Cerré el restaurante porque me quiero dedicar de lleno a esto, ver hasta dónde llego. Me hice la cuenta hace cinco meses y me gusta la buena onda de la gente, que me comenten los videos; me motiva que me saluden en la calle y que me conozcan…No sé cómo explicarlo, pero me hace feliz. Es algo que me gusta hacer y, si puedo trabajar y vivir de esto, mucho mejor”, comenta el hombre que es padre de seis hijos y eligió el apodo en honor a su hija Zamira y en alusión a su pasado en las artes marciales: “Elegí Zamo también por lo de samurái, soy cinturón negro en Shotokan y llegué a dar clases en Bolivia”.
Cuando supo del reality tucumano, el jujeño no dudó un instante y mandó el video del casting para ser parte de la ahora casa más famosa de la provincia. Confiesa que siempre contó con el apoyo de su familia para lanzarse a la carrera de influencer: “Mi señora me apoya al 100%, ella quiere que haga contenido y está viendo todo el tiempo qué es lo que más me suma… tengo el apoyo de ella y de mis hijos también”.
Para Zamo, la participación en la Gran House es una apuesta y también una inversión en esa carrera que aspira a construir en el mundo de las redes sociales. De hecho, aun cuando resulte ganador del reality (los productores anunciaron que el premio será monetario, pero aún se desconoce el monto), muy difícilmente llegue a cubrir los gastos que implican sus traslados todas las semanas desde Jujuy a Tucumán para ser parte de la House: “Yo me estoy pagando todo… los pasajes, la comida, la estadía… todo corre por mi parte. Estoy gastando bastante, pero, para mí, el mejor premio es que crezca la cuenta y empezar a trabajar en las redes, que esto me genere un trabajo de lo que a mí me gusta; ese sería el mejor premio”.
A los pocos días de su lanzamiento, el reality autóctono fue noticia nacional y le llovieron comentarios, tanto negativos como positivos. Hubo quienes llegaron a compararlo con el presidente de la AFA Claudio “Chiqui” Tapia y hasta protagonizó un picante cruce televisivo con Alfa, el ex participante de Gran Hermano: “Mucha gente te dice ‘agarrá la pala, andá a laburar’, hasta Alfa me dijo que agarre la pala, pero tuve negocios de reparación de celulares y siempre hice changas, no es que nunca he laburado. Creo que la gente que tira mala onda es porque quiere estar ahí, hay mucha envidia. Cuando todos me flasheaban y me decían que soy el Chiqui Tapia, se burlaban y, a la vez, decían ‘yo lo voy a votar a él’. A mí lo que me importa es que me vean. Es increíble la repercusión que tuvo Gran House a nivel nacional, estamos en la mira de todos los canales. Me sorprendió, aposté a que esto salga bien, pero no sabía que iba a salir tan bien”.
“Posta que yo vengo a ganar. De mi parte, me veo los tres meses que dura el reality. Yo voy para donde me lleve el viento y voy a hacer todo lo que tenga que hacer para ganar, por eso quiero agradecer a todas las provincias y todos los que me bancaron cuando fue el tema de Alfa”, remarca en diálogo con eltucumano.com.
El único foráneo de la casa lanzó una dura acusación contra sus compañeros que juegan de local: “La mayoría de los influencers de Tucumán que están en la casa están en mi contra. Veo que me están haciendo un complot para sacarme, lo dicen en broma, pero siempre hay algo de verdad en eso. Me enojé con gente de la casa porque, a pesar de que esto es un juego, siento que hay actitudes que no van. Uno en la vida tiene códigos, tengo 42 años y ya he vivido muchas cosas, no voy a joder a alguien que me está dando una mano. En Gran House hay mucha gente que tiene muchos seguidores, pero no valen como personas”.
Nacida a inicios del siglo XX en Japón bajo el influjo filosófico del confucionismo y del código de los antiguos guerreros samurái, la práctica del shotokan requiere de sabiduría y templanza para afrontar la adversidad. Esa es la filosofía con que el samurái jujeño pretende encarar el juego en la Gran House Tucumán: “Tengo mi estrategia y ya la estoy poniendo en práctica, pero no la puedo decir”.
Por lo pronto, el domingo pasado Zamo ya superó el primer obstáculo al sobrevivir a la primera velada de fleteo donde se encontraba nominado para abandonar la casa junto a Lourdes Ocaranza, Gabriel Castro, Cinthia Orellana y Omar Díaz. Finalmente, fue Orellana la primera expulsada al obtener un magro 1% de votos positivos para quedarse. Con temple y fortaleza espiritual, el samurái resiste.
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