Historias de acá

“Siento que puedo servir a la sociedad”: Emanuel, el amo y señor de las filas tucumanas

Alberto Juárez es un hombre de fe. Con sus 59 años sube a su bicicleta y pedalea hasta algún banco, hospital u organismo público. No importa la hora, él siempre está alerta ante una nueva llamada de alguien que necesite su servicio. El hombre de las filas revela sus días de espera, la burocracia y el centralismo de Tucumán.

06 Abr 2024 - 20:51

Emanuel: el servidor que hace fila para los tucumanos que lo necesitan.(Foto: María Meternich para eltucumano).-

Alberto Juárez es un hombre de fe. Con sus 59 años bien vividos, sube a su bicicleta nueva, que le consiguió la gente, y pedalea hasta algún banco, hospital u organismo público. No importa la hora, Alberto está siempre prendido al celular, alerta ante una nueva llamada de alguien que necesite su servicio.

Con el nombre de “Emanuel servicios”, Alberto hace filas para conseguir turnos: a veces, una mujer de Santiago del Estero requiere de una consulta médica y no puede llegar tan temprano para conseguir un turno. Otras, una señora de Famaillá necesita un turno en ANSES por su jubilación. También hay quienes requieren un turno en el banco, pero viven en Burruyacú, o quienes necesitan un acta de nacimiento, pero residen fuera del país. De todo esto se encarga Alberto, él recibe el llamado, se levanta en la madrugada o va al anochecer y espera, espera y espera hasta obtener el turno anhelado por los demás.

Emanuel significa “Dios con nosotros”. Por la fe que profesa, Alberto ha elegido llamar así al servicio que brinda a la comunidad. Antes de ser Emanuel, Alberto trabajaba en un correo, repartía cartas en toda la capital y gracias a eso conoce los barrios. Sin embargo, el trabajo que brindaba no era bien retribuido, los malos tratos que recibió en ese lugar, y el desgaste de su cuerpo hicieron que deje la profesión de cartero. 

Luego de esta experiencia, Alberto empezó a repartir volantes sin saber que haciendo esa tarea llegaría, sin buscarlo, un nuevo oficio: el de hacer filas para los demás. “Me llamaron de una casa de comida me dicen: ‘¿No podés hacer fila en el ANSES?’ Bueno sí, le digo, y de ahí empecé con la fila, y estando en la fila me preguntan por un acta de nacimiento si le podía sacar, ya le saqué el acta de nacimiento, y después de a poquito se iba haciendo un eslabón y se sumaron todos los servicios que ahora estoy prestando acá en Tucumán”, le cuenta a eltucumano.com una tarde de lunes en la plaza Yrigoyen, después de una larga jornada laboral, pero siempre mirando el teléfono ante un nuevo pedido.

Ya lo dijo el periodista Santiago Sibaja tres años atrás: “La vida en Tucumán está marcada por las filas. Marcan el pulso de nuestra existencia. Nos cansan y harta, pero también, a veces, nos igualan”. Cuando Sibaja escribió estas palabras nos encontrábamos atravesando una pandemia, ya llevábamos más de un año de Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio, los barbijos seguían y las filas más temidas eran en los hospitales. Luego llegó la esperanza y la fila más feliz y democrática: la vacuna. 

En esos tiempos donde todo era incertidumbre y desesperanza, los organismos públicos, pero también privados, empezaron un camino de digitalización y virtualidad. La tecnología es, hace mucho tiempo, parte de nuestras vidas, sin embargo, no fue hasta ese momento limite que empezó a facilitar el universo burocrático de Tucumán. Por supuesto que también dejó al descubierto las desigualdades en el acceso tecnológico. 

Muchas de las facilidades de la era digital para los trámites varios persistieron con el tiempo. Otros, dejaron de existir y la presencialidad con todo su esplendor volvió a reinar. “No es que yo quiera hacer negocios, pero hay cosas que la podrían hacer mucho más fácil. Por ejemplo, en los bancos y en los tiempos del verano con los calores”, reflexiona Emanuel sobre ese mundo de espera y burocracia que conoce como nadie. Hacer filas para él no es solo el trabajo que le da el pan de cada día, sino que es un servicio a la comunidad tucumana. Emanuel disfruta de todas esas filas donde sabe que a cada paso corto cada media hora, le está facilitando la espera a alguien que lo necesita mucho. Porque hay que decirlo: Tucumán es una provincia centralizada en capital y para quienes viven en el interior, viajar para hacer cualquier tipo de trámite es un suplicio.

Otra de las cosas que revela Alberto son las condiciones de espera de los tucumanos. Lejos de toda comodidad, las filas para conseguir un turno o atención bancaria o médica se hace a la intemperie, padeciendo la lluvia, el calor y el hartazgo. “Siempre respetando a la persona que está detrás de mí, que también está durmiendo incómodo en un asiento o en el caso del ANSES, muchas veces en el piso. Y bueno, gracias a Dios hay trabajo, hay trabajo y me siento cómodo porque puedo servir a la sociedad”, dice con convicción.

La demanda es tanta que Emanuel nos pide que extendamos su deseo: que alguien se ofrezca a trabajar con él, pues no da abasto ante la cantidad de personas que requieren su servicio. Además, es una oportunidad para quien necesite hacer unos pesos.

En esas filas, largas y lentas, Emanuel se encuentra con todo tipo de historias y problemas que la gente lleva consigo. “Es lindo porque pude hacerme muchos amigos, mucha gente conocida, y sabes que en los momentos difíciles que tuve esa gente estuvo”, dice con entusiasmo este servidor de 59 años que supo ser, además de cartero, la voz de una radio cristiana. Hoy se convirtió en el querido señor de las filas tucumanas.

Para contratar los servicios de Emanuel podes comunicarte al 3813159103

Ver esta publicación en Instagram

Una publicación compartida por el tucumano (@eltucumanook)


seguí leyendo