Cada vez son menos los puestos de diarios y revistas en nuestra provincia. Una tradición familiar que los canillitas hoy ya lamentan que no podrán legarles a sus hijos. Internet, el "recargo al interior" y los diarios y revistas que nunca más llegaron a nuestra provincia los pusieron en jaque.
Canillitas tucumanos esperando a la Virgen de la Merced en 2023. (Foto: Facebook Sivendia Tucumán)
"La actividad va a morir en mí", dice Juan Enrique Álvarez. La frase retumba mucho más en boca de quién es el secretario general del Sindicato de Vendedores de Diarios y Revistas de Tucumán. El noble oficio del canillita está en una crisis que temen sea terminal. El triste ocaso de una larga tradición familiar cuyo derrotero va más allá de diarios digitales y los teléfonos celulares. “Yo tengo sangre canillita”, dicen los trabajadores que hoy lamentan la sostenida caída de las ventas que los pone en jaque.
"La situación es crítica, muy crítica. No solo en nuestra provincia, sino en el mundo. Estamos en crisis y los dueños de los medios lo saben. Lo tecnológico (sic) ha pasado a ser fundamental en el desarrollo del mundo y no somos ajenos a eso: la tecnología ha avanzado por sobre la calidad de las personas y de los pueblos, hemos sido una de las partes más golpeadas", lamenta Álvarez en diálogo con eltucumano.com en la sede del sindicato donde montaron una panadería para poder prover de tortillas a los compañeros.
Los canillitas Pablo, David Marcelo y Juan Rolando ratificarían los dichos del secretario general del gremio, quien nos explica que hoy trabajan principalmente con la venta en sus puestos del diario La Gaceta y también de revistas, las pocas que siguen llegando a nuestra provincia.
Ocurre que los antes llamados diarios nacionales no vienen por estos lares desde la pandemia, y a su repertorio se sumó el Tuqui 10, el juego de azar que promueve la Caja Popular de Ahorros de Tucumán. Todos ellos coinciden en que se vieron muy afectados por el monopolio de la distribución de revistas que ejerce Más Logística (Grupo Clarín) y que los condiciona tanto en los productos que les llegan y principalmente restringe posibles cambios.
"Tenemos la distribución del diario local, que corre por cuenta y orden de la empresa editora, y las revistas de nivel mundial: lo que está llegando a Tucumán son publicaciones de colección, y muy pocas de títulos argentinos, que está terciarizado en una empresa que se llama Más Logística que pertenece al Grupo Clarín y que monopoliza la distribución de las publicaciones que ellos traen a Tucumán. Es compulsivo, de acuerdo a las cantidades que mande la distribuidora a nivel nacional, y discrecional, hablando vulgarmente, como se le da la gana. No tienen una conducta recíproca con el vendedor: si ha vendido cinco y necesita para el próximo número cinco, no se los dan", explica Juan Enrique, profundizando en las razones detrás de su ocaso más allá de la lectura simplista pero no menor de que la gente "lee menos".
Además, Álvarez reprocha lo que considera una injusticia histórica y que es el llamado "Recargo al Interior", por el que responsabiliza a los "dueños de los medios", a través del cual "nos tratan como ciudadanos de segunda". También agradece a Néstor y Cristina Kirchner que llevó el mismo al "precio final de la publicación" que les permitía a los canillitas "participar del 32%" pero que luego fue derogado por Mauricio Macri, por lo que desde entonces "si una revista cuesta $3000 y tiene un recargo de $500 el canillita no participa en nada".
Uno de los grandes problemas que padecen es no les permiten devolver aquellas revistas que no se venden: "Si algún otro canillita la está necesitando te la reciben, pero si vos querés devolver algo que no hay expectativa de venta no te lo permiten. Tenés que esperar que ellos pidan la devolución, y si te pasaste un día en el pedido tenés que hacerla hervir en una olla y comerla a la revista que no devolvés", grafica.
El Tuqui 10 les abrió un nuevo horizonte, pero no es suficiente: "Somos vendedores de diarios, revistas y loterías, y nos están confundiendo con vendedores ambulantes. No tenemos nada que ver con los ambulantes. Los compañeros vienen al gremio y se llevan para la venta los Tuqui", señala y aclara que es una ganancia que le queda a los canillitas.
Finalmente, Álvarez lamenta que su hijo no seguirá sus pasos como canillita: "Tengo mi hijo que es empleado bancario: la actividad va a morir en mí. Cuando termine mi vida terrenal mi hijo no va a poder vender diarios. Algunos compañeros van a seguir vendiendo diarios. Hay que sostenerlos y abrazarlos", remató.
Pablo, Congreso al 100
"El puesto empezó siendo de mi mamá y mis hermanos, tiene más de 50 años. Yo acompañaba a mi mamá desde los 10 años, venía los sábados y domingos. Me gustaba levantarme temprano, me parecía atractivo venir a acompañarla: antes los números de oro salían los sábados y se vendía más cantidad de diarios. A partir del 2012 mi mamá tuvo neumonía y no pudo venir más y me hice cargo yo", repasa nostálgico.
Pablo tiene muy claro cuando comenzó el declive: "En el gobierno neoliberal de (Carlos) Menem empezaron a desaparecer muchos quioscos. Se fractura la actividad cuando quiebra la empresa que nos proveía, que era de aquí de Tucumán: en el 2012 o 13 se hace cargo una empresa de Buenos Aires que toma la distribución, Más Logística. Con la empresa Rómulo Guzmán teníamos un sistema que por la venta de revistas teníamos la opción de devolver la que no nos convenía, esto significaba que teníamos la posibilidad de devolverla y que nos descontaban como si fuera dinero en efectivo".
"Eso cambia sustancialmente con la empresa que se hace cargo, porque al principio nos aceptaba todas las devoluciones. El encargado nos empezó a restringir ese derecho, redujo a dos días de devolución y nos imponía qué revistas devolver y cuáles no. Una bola de nieve que se fue tornando impagable, cada uno la fue pateando más, algunos pueden seguir viviendo de la actividad y otros tienen deudas impagables", lamentó.
El presente no es para nada alentador: "Ahora vendo diarios y Tuqui. Vendiendo diarios se gana el 40%. (Nos afectó) el tema de internet, uno en el celular tiene los diarios y se complica la situación de los vendedores de diarios y revistas. Es un cambio cultural, de costumbres. Se va imponiendo el uso de la tecnología, lo cual me parece que está bien", cerró casi resignado.
David Marcelo, Sarmiento y Maipú
"Mi familia es canillita de toda la vida, yo hace 40 años. Es una profesión heredada, tengo de sangre canillita. La situación actual de nosotros a nivel mundial es realmente calamitosa: la tecnología ha avanzado de tal forma que la gente se dedica a ver noticias y se informa todo por medio de los móviles, y la actividad cayó en un pozo que parece que pronto toca fondo", afirmó.
Sobre las razones de ese declive en las ventas, va más allá de la irrupción incontrolable de la tecnología: "No creo que el diario de papel desaparezca. Los jóvenes no leen, la gente no se informa como tiene que ser y capta que todo es verdad: se ha perdido la cultura de la lectura, esa es una de las claves de nuestra decadencia".
"Acá tenemos 70 años trabajando, ya es algo muy arraigado en nosotros. Desde el 2000 ya se percibía la decadencia de la actividad, los grupos concentrados ya tenían un estudio hecho de que esto se caía. Con La Gaceta ganamos el 33%. La gente ha dejado de leer, solo la gente adulta compra el diario", enfatizó.
Para finalizar, reflexionó: "No le veo realmente mucha salida ya. Es mi deseo seguir trabajando de esto, he podido mantener a mi familiar con todo el esfuerzo, he críado mis cuatro hijos, tengo mis cosas ganadas. La gente dejó de leer, tenemos un idioma tan lindo y la gente en los teléfonos escribe como quiere".
Juan Rolando, Laprida primera cuadra
"Tengo 68 años, soy canillita acá desde el año '88 y antes trabajé con mi padre de los 7 años en la Sáenz Peña 17, en El Bajo hasta los 20 años. Me recibí y fui a trabajar a una fábrica en Cruz Alta, después trabajé en la obra social de FOTIA hasta que se vino abajo. Mi hija mayor tenía 4 años y sabía que ahí no iba a poder y con un quiosco de diarios y revistas iba a poder, así que compré éste en el '88 y empecé", precisó.
El oficio lo aprendió de su padre y con los años descubrió lo que sospecha es uno de los motivos detrás del derrotero del sector: "Mi padre me ensenó a trabajar, a ser honesto. Ya está en extinción, nos están quitando las revistas, llegan menos. Las que se venden en Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe no llegan acá. Las empresas nos quieren hacer desaparecer a los canillitas para vender las revistas en los supermercados, porque al súper le dan al precio que quieren, sin devolución".
"Esto ha cambiado mucho por la falta de mercadería. Yo acá vendo un 30% de lo que sabía vender, en el Covid (sic) no venía nada y los diarios de Buenos Aires no han venido nunca más. Hoy vendo 10 o 15 diarios por día, saco el 38% de cada diario. Nos decían que por las computadoras se iban a dejar de vender diarios y revistas, pero se dejaron de vender por la situación económica: si no te alcanza para comer, menos para revistas", cerró.