"Siempre me dijeron que me dolía la cabeza por estrés": En 2022, la historia de Yanina del Milagro Quinteros se viralizaba tras ser conocida mediante eltucumano.com. Dos años después, los avances de la joven farmacéutica sorprenden en la UNT y en todo su entorno.
En marzo del 2022, contábamos desde eltucumano.com la historia de Yanina del Milagro Quinteros, quien lleva en su nombre la profecía de haber logrado lo que para muchos era imposible: sobrevivir y recuperarse de un severo aneurisma y un ACV en el 2018.
Yani tenía 26 años, hacía tres que estaba recibida de farmacéutica en la UNT, diplomada en diabetes, políglota, campeona de taekwondo, viajera… un caso que los millenials calificarían como una chica “10”. Sin embargo, a su vida la acompañaba un tajante dolor de cabeza: “Me decían que era estrés, en los estudios no me salía nada”. Y con tanta auto exigencia o con tantas actividades a tan corta edad, el estrés parecía una respuesta lógica.
Yanina comenzó a trabajar como auditora en el subsidio de salud en el 2018. Una mañana mientras se preparaba para el trabajo, con su fiel dolor de cabeza acompañándola, se desmayó en su departamento de donde la rescataron inconsciente un par de horas después. Fue internada en la clínica Mayo en donde le dieron la noticia a su familia de que había tenido un accidente cerebro vascular hemorrágico: “Me operaron de inmediato. Lo que pasó es que yo tenía un aneurisma debido a una mal formación en la arteria que une el cerebelo y el cerebro. Mi cerebro estaba lleno de sangre cuando me operaron. Ahí en el sanatorio estuve 50 días”. Después de esos días, Yanina fue trasladada con una historia clínica que indicaba que se encontraba en estado de vigilia al instituto Fleni, en Escobar (Buenos Aires). Tras 70 días dormida, un día la tucumana despertó, y lo hizo sonriendo en silencio: “Salí del coma riéndome de una palabra que mi mamá dijo enojada porque no venía el camillero a sacarme de la habitación para ir a terapia”.
Desde el momento en el que ingresó al instituto privado y durante nueve meses, la joven que tenía 26 años comenzó a recibir rehabilitaciones y tratamientos para convertir lo que era una sonrisa silenciosa, en un ser humano funcional: “Me ayudaron muchísimos profesionales como ser terapistas ocupacionales, psicólogas, fonoaudiólogas y kinesiólogos del instituto. A todos los recomendaría porque a mí me ayudaron con lo que sabían en cada etapa que los necesite”, explica.
Y es que cuando despertó de ese coma, Yanina tuvo que aprender de cero todo, hasta respirar: “Tuve que aprender a respirar porque tenía la traqueo, y mi nariz no respiraba, tenía la sonda naso-gástrica en una fosa nasal y respiraba con el tórax antes del ACV, así que me costó muchísimo aprender a respirar con el abdomen”, recuerda la joven que ahora tiene 29 años, pero que vivió un tiempo como una recién nacida que acaba de salir al mundo y que debe aprender a respirar y tragar.
“Aprendí a tragar de nuevo ya sea comida o bebida, y a manejar mis manos y pies… Las manos para usar cubiertos y escribir, es decir mi motricidad fina, los pies para caminar cada vez juntándolos más porque empecé caminando con andador y pateándolo porque separaba mucho los pies para tener más base de sustentación… es como cuando armás una pirámide de cartas, abajo la tenés que hacer ancha para que sea alta y no al revés... lo mismo pasa con nuestro cuerpo, tiende a ensancharse desde los pies para mantenerse”, nos explica.
Después de tamaño desafío, el más grande que le impuso la vida a esta farmacéutica, reflexiona: “La experiencia que tengo es nunca debemos perder la fe, o el objetivo de vista porque en el camino hay mucha gente que te quiere tirar abajo, y si uno tiene en claro lo que quiere, sabe que esos comentarios no nos deben afectar. La última palabra la tiene Dios y nuestras convicciones de que podemos con todo hasta que demos el último respiro”
Yani entró al instituto Fleni en coma y salió caminando a los nueve meses. Este centro, el mismo en el cual se mantuvo con vida a Gustavo Cerati por años, asegura en su página que es el instituto de rehabilitación más moderno de Argentina, y que lleva más de 10.000 pacientes recuperados después de este tipo de situaciones.
En el 2022, Yanina nos decía algo: "Siempre sentí la necesidad de ayudar a los demás desde el lugar que esté, espero mi testimonio sirva". Han pasado más de 2 años desde nuestra última conversación, y sin duda alguna la constancia y la esperanza se mantienen, con la misma fuerza y el deseo de ayudar al otro: “En estos dos años logré muchas cosa como moverme sola y con un bastón, ya no uso andador. Esta semana me pude poner una remera de parada, otro gran avance. Y quienes me siguen en redes sociales me habrán visto dando charlas en la facultad. Esto lo hice convocada por el centro de estudiantes para hablar sobre atención de pacientes diabéticos en farmacia. Y lo hice encantada. Claro que sentada, no puedo aun tener estabilidad de parada. Pero quiero decir una cosa y es que yo nunca perdí las esperanzas de seguir ejerciendo la farmacia, y con el objetivo claro, que es ayudar al otro”.
Y es que la joven famaillense aseguró que una de las motivaciones más grandes que tuvo aun cuando estaba totalmente inmovilizada tras el coma profundo al que fue sometida, era poder ayudar a otros: “En una fiesta en el Fleni donde yo aun no podía mover la parte izquierda, no podía hablar porque estaba con traqueotomía, recuerdo que pusieron ‘avanti morocha’ y me dolió mucho la parte donde dice ‘hasta los más mancos la siguen remando’, porque yo miraba a gente que estaba tetrapléjica de por vida y pensaba que seguro se iban a sentir tristes. Ni siquiera me importaba que yo tampoco me podía mover. Con la farmacia es igual, aunque muchos lo ven como un negocio para mí la farmacia tiene un valor social tremendo, explicar a los pacientes cómo tomar la medicación, esuchar sus preguntas, hacerles alguna sugerencia. En el consultorio médico a veces no se hacen tantas preguntas como en una farmacia de barrio” opinó Yanina.
Precisamente de eso se trataron las charlas que la tucumana brindó en la UNT para estudiantes, y que pronto bridará con otro formato para colegas de la profesión: “Desde el lugar que una este puede hacer el bien, ayudar. Después de mi aneurisma y ACV empecé con las charlas pero sentada, no puedo equilibrarme bien todavía, y es lo que seguimos tratando en rehabilitación. La parte de mi cerebro de los conocimientos y la memoria a corto y largo plazo, está intacto. Aunque sea de sentada sigo ayudando a la gente. También tengo con mi mamá el emprendimiento ‘Lanositos’, hacemos amigurrimis de crochet, es decir que mi motricidad fina la tengo muy bien”.
La historia de la farmacéutica tucumana que enfrentó el peor miedo de muchos y que lo sobrelleva cada día esperanzada de poder seguir brindándose a su comunidad, es sin duda alguna una historia inspiradora que motiva y esperanza a miles de personas: “No hago tantos planes, cada día que vivo ya lo considero un regalo. Simplemente trato de ayudar como sea y desde donde pueda”:
Actualmente Yanina tiene 32 años, continúa con terapias ocupacionales, psicólogos y kinesiólogos en su recuperación. Su trabajo principal sigue siendo el Subsidio de Salud, como auditora de hipoglucemiantes orales para pacientes diabéticos. Su familia, especialmente su mamá, y el deseo de ser útil a su entorno, siguen siendo su bastón más importante en su recuperación.