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"¿Viaje cultural?": la columna de Gabriela Neme sobre las réplicas de Famaillá que encendió el debate en latucumana

El Paseo Temático Histórico incluye réplicas de importantes edificios y monumentos del país, como el Cabildo y la Casa Histórica de la Independencia con sus respectivas habitaciones internas y salones como el Salón de la Jura de la Independencia. VIDEO

07 Nov 2024 - 17:55

El Diego en Famaillá. Fotos: Gabriela Neme

¿Un viaje cultural o una travesía por el kitsch? Decir Famaillá es hacer una asociación directa a la comida por la cual los tucumanos sentimos mayor orgullo: la empanada, tal es su importancia para los famaillenses que año a año eligen Campeona Nacional. Más que una mera competencia culinaria, esta festividad refleja una profunda conexión con las raíces culturales locales, invitando a la reflexión sobre cómo la gastronomía puede construir comunidades y fortalecer identidades locales.  

Motivados por este espíritu, los gobernantes de turno, al mando del municipio desde el año 1991, buscaron convertir a la ciudad de casi 25.000 habitantes en un polo de atracción turística y cultural. Ellos sostienen que gobernar no solo es mantener limpia la ciudad, iluminada y hacer obras, sino que además deben tener un patrimonio cultural que los identifique. Fue así que generaron un “Paseo Temático Histórico”, construyendo réplicas de importantes edificios y monumentos del país, como el Cabildo y la Casa Histórica de la Independencia con sus respectivas habitaciones internas y salones como el Salón de la Jura de la Independencia. Cuenta además con el Museo de la Industria Azucarera, el Monumento a la Bandera Macha y otros sitios de interés. Este complejo se encuentra en la entrada de la ciudad, se extiende a lo largo de 400 metros sobre la calle Centenario y se transformó en la principal atracción turística. 

Otro de los puntos que incorporaron es la Galería de la Veneración, un paseo cargado de estatuas y murales representativos de figuras religiosas como la de Jesús y los doce apóstoles, junto a otras 90 de diferentes santos y vírgenes de la religión católica. Se puede vislumbrar desde la ruta y sorprende por su extensión sobre la avenida Liniers. Se convirtió en un lugar de congregación de los fieles que necesitan alimentar su fe o encontrarse con el santo de su devoción, incluso durante las conmemoraciones religiosas más importantes, como Semana Santa. Es el reflejo del sincretismo religioso presente en la mayoría de los pueblos de nuestro noroeste, en donde se fusionan la fe y las tradiciones locales, que marcan la vida cotidiana. 

Próxima al cementerio una de las incorporaciones más recientes es la Casa Funeraria, un edificio construido a imagen y semejanza del Vaticano y la Plaza de San Pedro, que cuenta con dos esculturas de figuras de la guardia suiza. Se dice que los mellizos Orellana asisten a cada funeral de la ciudad y que la construyeron para que la gente de bajos recursos no vele a sus seres queridos en sus propias casas.

Además, cuentan con un Balneario Municipal y un Parque Jurásico, con enormes figuras de dinosaurios de distintas etapas, actividades destinadas a las familias. 

Por otro lado, los gobernantes parecen anhelar que la ciudad sea una especie de museo a cielo abierto, ya que año a año se va acrecentando el número de esculturas y murales, que llegan a aproximadamente 400, distribuidos en espacios públicos, calles, avenidas o la parte trasera de los edificios históricos. Desde héroes de la independencia hasta figuras de la cultura pop como Eva Perón y Leo Messi, la diversidad de estas obras es innegable. Incluso las campeonas de la empanada están representadas con su propia escultura esculpida como reconocimiento. 

Tal es la importancia que tiene el arte en Famaillá, que se convirtió en varias oportunidades en sede del Encuentro Internacional de Arte, a los que asistieron numerosos artistas latinoamericanos. La iniciativa es valiosa en sí misma, no solo por la apuesta local y revalorización de lo propio, sino también porque es una apuesta por la descolonización del arte que conocemos.

Como si fuese poco, desde hace 15 años se acontece allí el Encuentro Nacional de Mellizos, encabezado por el intendente local y su mellizo diputado por tratarse, según dice la gente, la ciudad con el mayor número de mellizos de la Argentina, aunque no existan datos oficiales sobre la verdadera cantidad de mellizos. De forma tal que recibió el apodo popular de “La ciudad de los mellizos”.

Al final del día, Famaillá continúa redefiniendo su narración a través de un enfoque que muchos podrían calificar de “kitsch” o “bizarramente ingenioso”. Pero más allá de nuestras preferencias estéticas, lo que se presenta es un intento real y a veces incómodo de recuperar el espacio público y generar comunidad. Quizás esta sea la forma de tener cerca a elementos significativos para nuestra historia o creencias, que muchas veces resultan de difícil acceso. 

Sin dudas, se erige como un singular laboratorio cultural que desafía las nociones tradicionales de identidad y turismo. Queda a libre opinión de cada lector, la valoración de esta ciudad: ¿se trata de una genuina revalorización cultural o simplemente de una estrategia para atraer turistas a costa de un patrimonio que, quizás, solo debería celebrarse en su contexto original? ¿Estamos dispuestos a observar y a involucrarnos en el relato de esta ciudad que, entre estatuas y empanadas, nos invita a repensar nuestras propias nociones de cultura y pertenencia? Este esfuerzo vale la pena ser analizado y debatido, ya que, aún con sus imperfecciones, representa una búsqueda por la identidad en un mundo en constante cambio.


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