Algunas parecen bailarinas, otras son mariposas abriendo las alas. Las hay como pájaros de colores, y también como espigas moradas. Las 73 primaveras de don Manuel florecen junto a su vivero de orquídeas en el interior del Jardín de la República.
El verde vibrante que habita en algunas zonas de Tucumán es esa gema oculta que pocos saben apreciar. Afortunadamente, existen personas como don Manuel Pacífico Domínguez, que ha sabido amalgamar la yunga tucumana y el oficio de cuidar y criar plantas para dar a luz a un proyecto hermoso: un vivero de orquídeas.
Esta especie del reino vegetal, las orquídeas, es admirada (por aquellos ojos que saben apreciar la belleza de la naturaleza) debido a la complejidad de sus flores y a su capacidad de adaptarse a diversos hábitats cuando buscan sobrevivir. Y Tucumán, por su humedad y sus yungas, es un espacio óptimo para darle vida a estas bellezas.
Don Manuel tiene 73 años, pero tras una vida dedicada a cuidar y amar las plantas, a los 65 decidió enfocarse exclusivamente en sus orquídeas, convirtiendo su casa en un vivero dedicado solo a esta especie. Entre sus ejemplares, cuenta con algunos de casi dos décadas de vida, que lanzan varillas largas y coloridas para la admiración de todos.
Este fin de semana, como cada año, don Domínguez expuso sus “hijitas” en la Fiesta Provincial de la Flor, en Monteros, que en 2025 cumplió nada menos que 20 años de existencia. Don Manuel camina con un aspersor, empapando las decenas de orquídeas que cuelgan de su stand. Las moja, las mima, las cuida. Los inadvertidos transitan sin apreciar la belleza que sobrevive gracias a las manos de este productor de vida, pero quien sabe, sabe. Los fanáticos de las plantas no pueden resistirse a las orquídeas, y menos aún si están florecidas.
Hacen preguntas, las tocan, se cuestionan si podrían mantenerlas en sus hogares. Don Manuel las responde a todas: “Esta planta es delicada y no delicada a la vez, solo necesita paciencia. Mis mañanas comienzan con el primer riego. Como ellas no tienen sustrato y son solo raíces, necesitan mucha agua, riego y fertilización”, explica y enseña para eltucumano.
“Las riego tres veces por día, solo con que les caiga agüita desde la manguera. Dependiendo del color de la raíz, sabés si necesitan más o menos agua o fertilizante. Tienen que quedar bien verdecitas. Cuando están blanquecinas es porque necesitan más agua”, comparte generosamente.
El miedo a no sentirse capaz de mantener con vida a esta delicada especie hace que muchos tucumanos olviden que estas bellezas adoran nuestro clima. Por eso, Manuel insiste y milita cada primavera en criar orquídeas: “Yo antes tenía miedo a tener una. Pero luego tuve mi Phalaenopsis (popularmente conocida como 'orquídea mariposa'), y ahí me enamoré de estas plantas. Se acabó el miedo. Uno se despierta y es como pensar en una hija: me levanto, las riego y me tranquilizo, me pongo bien cuando las cuido, me pongo un poco nostálgico al pensarlo. Me emociona”. Esto último, don Manuel lo asegura con lágrimas en los ojos. Y es que ese es el tipo de emoción real que muchos viveristas, productores y cultivadores sienten al proteger y perpetuar la vida de sus plantas.
“Hay muchísimas variedades en Tucumán que se adaptan bien. Si quieren tener orquídeas, pueden fijarse en sitios sin sol directo, cerca de árboles o colocarles una media sombra. También les gusta estar detrás de un vidrio, dentro de alguna casa”, asegura.
Las orquídeas son plantas que crecen sobre otras, pero sin ser parásitas. Forman relaciones simbióticas con hongos que son esenciales para la germinación de sus diminutas semillas. Algunas tienen pseudobulbos para almacenar nutrientes, y otras solo cuentan con raíces, las cuales no deben tocar el suelo.
Si querés visitar el vivero de don Manuel, tenés que llegar hasta Monteros, luego dirigirte al barrio 34 viviendas, manzana “I”, casa 17. Allí te encontrarás con un jubilado que, sin duda alguna, con el trabajo de sus manos laboriosas, todavía tiene mucho para dar y florecer, al igual que sus orquídeas.