Entrevista

“Los personajes que esculpen esta tragedia nacional parecen sacados de una historieta berreta”

El gran cronista del inframundo del hampa y de la fauna delincuencial argentina Ricardo Ragendorfer pasó por Tucumán y reflexionó sobre la realidad de un país que se parece cada día más a una novela policial. La criminalización de la política, el clan Ale y la epidemia de inseguridad. Por Exequiel Svetliza.

16 Nov 2025 - 11:58

Foto: https://www.laizquierdadiario.com/

Con más de cuatro décadas contando y retratando el mundo criminal, Ricardo Ragendorfer es el mayor cronista de la Argentina delincuencial. Si la historia del país y el presente pueden ser leídos como un gran thriller policial, Patán –apodo con el que se lo conoce en el ámbito periodístico- escribió algunos de sus capítulos más notables. Por sus crónicas desfilan ladrones, estafadores, espías, genocidas, policías corruptos y tantas otras figuras singulares propias de la diversa fauna del hampa. Con el aura propia de quien pertenece a la antigua y ya casi extinta estirpe de periodistas bohemios que hicieron de las calles y sus recovecos más ocultos su hábitat natural, recaló hace unos días en Tucumán. En lo que dura un pucho, ofreció su mirada sobre la actualidad política del país, el periodismo y ese loco afán por investigar y contar el mundo del delito. 

Para buscar los orígenes de ese gusto peculiar por los personajes marginales, hay que retrotraerse a su infancia y su encuentro en un kiosco con el libro “Crónicas del hampa porteña: 55 años entre policías y delincuentes”, del mítico, aunque algo olvidado, periodista de policiales Gustavo Germán González. Si bien esa escena fundacional podría explicar su avidez por las truculentas historias y personajes del inframundo criminal, ha confesado que su incursión en el periodismo no estuvo signada por la vocación, sino por la casualidad. Fue buscando trabajo en México, donde había recalado huyendo de la última dictadura militar argentina, que terminó escribiendo notas para la edición local de la famosa revista española Interviú. Tiempo después vendrían sus columnas en dos revistas de culto de la primavera democrática: El Porteño y Cerdos & Peces; donde empezó a retratar la biografía de bandidos y pistoleros en la sección “Vidas ejemplares”. 

Desde entonces, Ragendorfer se ha convertido en una de las plumas más reconocidas del periodismo policial por sus crónicas publicadas en medios como Caras y Caretas, Páginas 12, Revista Gente, Ámbito Financiero y Tiempo Argentino, entre otros. También ha escrito varios libros, entre los que se destacan “La Bonaerense” (1997), “El otoño de los genocidas” (2017), “Crónicas de la vida turbia” (2017) y el reciente “Papeles quemados. Antología de la vida brava” (2025) donde compila algunas de las notas que publicó en la cerrada agencia Télam entre 2021 y 2023; relatos destinados a extinguirse ante la desaparición del archivo histórico de la agencia estatal de noticias por parte de la gestión mileista. Como guionista, participó de los largometrajes “El bonaerense” (Pablo Trapero, 2002), centrado en la corrupción de la policía bonaerense, “El túnel de los huesos” (Nacho Garassino, 2011), inspirado en una de sus crónicas sobre la fuga de Devoto, y “La secta del gatillo” (José Celestino Campusano, 2018), que retoma sus investigaciones sobre la violencia policial.

A Patán lo recibió un noviembre bastante atípico para Tucumán: días grises, bajas temperaturas y lluvias intermitentes. Aunque fuera de temporada, las condiciones climáticas imponen a la humita como plato autóctono a degustar (si la provincia tuviese la capacidad de ofrecer humita todo el año, sería una potencia mundial, acota un colega). En un restaurante del microcentro y a la espera de que el mozo traiga la comida se presta a la charla. En apenas un par de horas volverá a Buenos Aires tras participar de la presentación de la revista Zoom y brindar la charla "La entrevista y la escritura en cine. Convergencias y experiencias entre ficción y no-ficción", organizada por la Escuela Universitaria de Cine, Video y Televisión de la UNT. 

Ragendorfer junto al docente Gustavo Caro durante su charla en la UNT. 

Con 68 años, la mayor parte de ellos dedicados a escuchar las hazañas y miserias de seres que transitan en los arrabales de la legalidad, a Ricardo Ragendorfer la mirada no se le ha enturbiado ni un poco. Décadas de bohemia y de convivencia íntima con la marginalidad no parecen haberle impregnado el espíritu ni la calma que traduce su voz. La conversación será breve, lo que demorará en fumarse el cigarrillo que balancea entre los dedos esmirriados de su mano derecha. Una charla corta, pero con la contundencia y la precisión de quien sopesa cada una de sus palabras instantes antes de que salgan de su boca. 

 

-En tu último libro recuperás una serie de crónicas que habías publicado en Télam antes de que la cierren ¿Qué implica en términos periodísticos la desaparición de la agencia? 

- La desaparición de Télam es un punto de inflexión, pienso yo, en la política mediática del Poder Ejecutivo actual, cuya principal consigna al respecto es el silencio... el silencio es salud, lo cual nos lleva a épocas bastante siniestras de la historia argentina. El cierre de Télam es una cosa que se venía sintiendo en los tiempos inmediatamente anteriores a la llegada de Javier Milei a la presidencia. Ya lo había intentado el macrismo y, a partir de que Milei se convirtió en presidente electo, empezó a sobrevolar ese fantasma que se materializa unos días después de su asunción, cuando dice que la va a cerrar porque siempre fue una usina de propaganda kirchnerista, dando a entender que fue una usina de propaganda kirchnerista incluso antes de que existiera el kirchnerismo (nota: la agencia de noticias se fundó en 1945). En ese sentido, junto con el impacto que causa el cierre de un medio, en este caso para 700 trabajadores, a mí me impresionó mucho el levantamiento de sus plataformas, lo cual, entre otras cosas, implicó su archivo. No es un hecho usual que una medida gubernamental borre de un plumazo el registro de los hechos y circunstancias más importantes de las últimas décadas que ese archivo atesoraba, es como incendiar una hemeroteca

Pensando en eso, me cayó como una especie de baldazo de agua fría el hecho de que cayeran en la volteada aproximadamente 100 crónicas que yo había escrito desde el año 2021 en adelante, cuando empecé a trabajar en Télam. Sentí esa rara sensación de que dichos textos no hayan tenido la oportunidad ni de envejecer ni de ser olvidados. Hasta que me di cuenta que tenía los originales en el disco rígido de mi computadora. Y ese fue el origen de “Papeles quemados”, que son 39 de aquellas crónicas. Creo que el daño que ha hecho esta medida, el cierre de Télam, no es solamente laboral, como medio catalizador de todas las informaciones y de todas las noticias que se producen en este país... Además de todo eso, ha sido un golpe en el estómago de la memoria.

 

-Últimamente, además de las crónicas policiales estás escribiendo más textos políticos… ¿A qué se debe ese cambio? ¿Sentís un poco que la política en Argentina se criminalizó?

-Algo de eso hay… la realidad en estos días tiene características muy particulares. Una de ellas, tal vez la más atroz, es su estructura de chiste. Vos ves a los personajes que esculpen esta tragedia nacional y parecen sacados de una historieta berreta, eso, por un lado. Ahora, por otro lado, yo me dediqué a lo largo de casi toda mi vida a trabajar el género policial dentro de las noticias. Y en ese sentido este vuelco hacia determinadas crónicas políticas tiene que ver con el hecho de que la realidad de Argentina cada vez se parece más a un Thriller; a una novela negra. 

 

-En los medios tradicionales, las secciones de noticias policiales siempre han tendido a reproducir las versiones de la propia policía acerca de los hechos ¿Esto sigue siendo así en la actualidad? ¿Cómo ves el panorama del periodismo policial hoy en día?

- Un poco sí… fundamentalmente porque la mayoría de los medios grandes utiliza fuentes policiales o se vale completamente de fuentes ministeriales. Pero, más allá de eso, vivimos una época que está signada por, yo diría, la epidemia de la inseguridad, cuando nuestro país no es uno de los países más inseguros del mundo. Además, la inseguridad como concepto es un rótulo que se le pone a otra problemática que debería ser enfocada como tal, que es la violencia urbana. Pero, de algún modo, hay una construcción que tiende a imaginar y a tornar mucho más alarmante la problemática de la violencia urbana por una simple razón: aplicar políticas punitivas para contener determinadas reacciones que puedan surgir ante determinadas políticas restrictivas con respecto a los ingresos económicos del campo popular, con respecto a la desocupación, con respecto al hecho de que la mayoría de la gente está endeudada, etcétera…

 

-Te traigo un poco al contexto de acá, de Tucumán, porque hace poco Ángel “El Mono” Ale volvió al centro de la escena mediática por la detención de su hijo (Juan Facundo Ale) ¿Es habitual esta continuidad en los clanes? ¿Existe una especie de legado?

-Estaba al tanto del caso, sí… Esta es una dinastía, la de los Ale, y es un caso de algún modo particular, pero fijate vos que, más allá de ese carácter dinástico de un mismo apellido, este tipo de situaciones y estas reproducciones son habituales, por ejemplo, entre los barrabravas de los clubes de fútbol donde la reproducción es continúa. En el caso de Boca, por ejemplo, en una época reinaba El Abuelo y después vinieron otros, pero sigue habiendo esa estructura de poder dentro del ámbito del fútbol. Creo que es por una cuestión de supervivencia y también porque son lugares en los cuales el Estado no entra de todo. Y cuando no hay una organización política, una forma de organizarse políticamente de los lugares más conflictivos de la sociedad argentina, aparecen este tipo de organizaciones que se ocupan de determinadas tareas que debería cumplir el Estado ¿no?. 

 

-¿Qué es lo que a vos te fascinó del mundo del hampa en su momento y qué es lo que te sigue atrayendo?

- Fundamentalmente, las historias que envuelven a esos personajes porque son historias mucho más atractivas desde el punto de vista literario, desde el punto de vista narrativo y hasta desde el punto de vista humano. Son historias mucho más atractivas que las historias que puede llegar a protagonizar, qué sé yo, el senador Miguel Ángel Pichetto… o Elisa Carrió.

 

-¿Qué aprendiste del mundo criminal? ¿Te enseñó algo?

-Me enseñó a escribir… que no es poco. 

 

-¿Y cómo ves al periodismo actual donde parece que ese tipo de historias bien narradas encuentran cada vez menos espacio?

- Lamentablemente, vivimos en una época de transición en la cual hay una no correspondencia entre los avances tecnológicos sobre los cuales se apoya el trabajo periodístico con la calidad periodística. Si bien ese desarrollo tecnológico podría servir para optimizar el trabajo periodístico, lo ha condenado a una sencillez ominosa en la cual se mide, por ejemplo, el tiempo que dura la lectura de un texto. Sólo falta que el editor le diga al cronista ‘haceme una nota que se lea en dos minutos’… Eso es lo que tenemos hoy. 

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