Regreso esperado

“Todavía podemos volarte el pescuezo”: La 448 reeditó Torturador con la furia intacta 30 años después

Fue una de las bandas más picantes del under tucumano en los noventa y tres décadas después volvieron a grabar su clásico Torturador para demostrar que siguen pegando más que Clonazepam con vino: “No es nostalgia, es resistencia”. ¿Vuelven a tocar? Mirá el nuevo video. Por Exequiel Svetliza.

30 Nov 2025 - 13:51

El agite que acompañaba a la banda en los noventa.

Ustedes eran demasiado chicos y nosotros también, pero hace 30 años una banda tucumana se plantaba en los escenarios para cantar “Torturador” en momentos donde el genocida Antonio Domingo Bussi gobernaba la provincia. Eran tiempos de despidos, privatizaciones, neoliberalismo y ajuste menemista; una película que cada tanto se repite en esta Argentina cíclica que cambia de patillas, pero no de recetas ni de beneficiarios en el reparto de la torta. Y mientras los de abajo esperaban que caigan las migajas o las gotas de esa economía que nunca rebalsa, Tucumán ardía por la potencia arrolladora de un under y un movimiento contracultural que encontraron en el rock una de sus expresiones más genuinas. Había hambre y bronca y la 448 era pura furia; una rabia virulenta que tuvo en “Torturador” su himno de época. Desde este rincón sublevado de la patria, la canción sonó varias veces en el mítico Cemento y, vuelta videoclip, llegó hasta la meca del mainstream musical de esa era: MTV; el canal de música de los Unplugged de Charly, de Soda y de Nirvana, el de Beavis y Butt-head y el de las animaciones flasheras. Había palos y miseria planificada, pero también rebeldía y La Cuatro la expresaba. Hace unos días Torturador volvió con el sonido renovado y la vehemencia de siempre. Y todavía tiene mucho que decirnos en tiempo presente. 

En la madrugada del viernes, la 448 subió a las plataformas digitales la reedición de su mítico tema. Los integrantes de la banda se reunieron para volver a grabar las canciones de su primer disco que en 2026 cumplirá 30 años. “Ese disco fue una revolución: sin sello, sin aparato, sin mainstream. Nada más que cinco tipos que querían cambiar el mundo y que, desde el lugar más inhóspito, sacaron un álbum que, en muy poco tiempo, volvió loca a la gente y generó cosas que jamás habían sucedido antes”, comenta el líder de la banda Rolo Marín

El relanzamiento estuvo acompañado por un video animado en el que hay Inteligencia Artificial, pero una esencia roquera que permanece intacta. Imágenes apocalípticas, riffs endemoniados y un mensaje claro que conserva aquella furia primigenia y nuestra realidad se encarga de reactualizar. Nada es casual. En el video, que combina un escenario de destrucción a lo Mad Max y cierto misticismo psicodélico, los músicos son los jinetes de este apocalipsis. Y no se les cansa el caballo, la banda sigue sonando como una trompada en lo oscuro. 


“Esta vuelta no es nostalgia, es resistencia, porque todavía podemos volarte el pescuezo. Nadie nos regaló nada y la gente amó por cosas como esas a esta banda, y ellos mantuvieron el fuego vivo con sus tatuajes, remeras y discos originales. Es hora de cerrar el legado de ese disco, y los 30 años son el momento justo”, aseguran los artífices del regreso. 

“En 2026 serán 30 años, nada más y nada menos. Y es una deuda moral que las redes lo tengan a mano. Se decidió volver a grabarlo para aprovechar toda la tecnología y ganar actualidad, para lograr que la furia y el poder sigan presentes y sean como un golpe de KO. No hay golpes bajos ni melodías que busquen caricias berretas: es furia, velocidad, riffs y guitarras que disparan solos como cuchillos a la sien; batería cabalgando y arrollando como un tanque de guerra”, describen los motivos de este retorno que sus seguidores esperaban con ansiedad. 

Conviene repasar un poco de ese camino que hizo de la banda un emblema de una era del rock tucumano y de esa canción un grito de batalla en tiempos en que acá las batallas culturales se libraban con hondas y pistolas a cebita. Con lo poco que había, las tres empanadas de siempre del under local, la banda hizo mucho ruido. Y no fue sólo ruido y humo como el de esas pistolitas de juguete porque la bala entró: “La banda debuta el 24 de marzo de 1994. Ese mismo día se corrió por toda la ciudad la bola de que aparecía ‘una banda de un loquito que había gritado a los cuatro vientos que iba a revolucionar todo y que esta ciudad no volvería a ser la misma’. Por curiosidad, por burla o vaya a saber por qué, se llenó. Y apenas sonaron los primeros acordes de ‘Echa a tu madre’, la gente se descontroló y armó un pogo tan brutal que voló todo por el aire. Tal fue la locura que, al quinto tema, el show se tuvo que suspender: tan corto como salvaje. Cuando sonó el bajo de ‘Polución en Tucson’, la policía ya estaba en el lugar; todo terminó por los aires y el sitio quedó como si hubiera pasado un tornado”. Eran tiempos en que el pogo era toda una novedad y el pub Dick Tracy fue un infierno encantador en ese debut promisorio en términos de liturgia rockera: ruido, canas y quilombo. 

“Pongamos en contexto lo extraordinario: era el debut de una banda desconocida. Lo normal es que vayan tu tío, tu hermana, tu vieja y dos amigos, y no mucho más… Fue tan loco y tan rápido que, en su tercer show, 448 ya llenaba Caja Popular. La gente se hacía las remeras con tinta china. A fin de ese mismo año abríamos un show inolvidable con Hermética y, pocos meses después, el mítico Cemento, catedral del rock y del under, recibía a La Cuatro”, recuerdan. 

La 448 había empezado a ensayar en 1993 y la primera formación estuvo compuesta por Santiago Padilla (guitarra rítmica), Pedro Chaban (batería), Cristian “El Sordo” Moreno (bajo), Claudio Tunkila Marín (primera guitarra) y Rolo Marín (voces). Luego Padilla fue reemplazado por Claudio Fraszcza. Después integraron el grupo Ariel Bellos y Carlos Piccinetti.

“Todo fue tan rápido y dinámico que hubo que entrar a grabar el primer disco con nueve canciones, totalmente autogestionado y apoyado por la gran Nena Juri, madre de Tunkila y Rolo, en los estudios de Gerardo Alderetes, un prócer del teclado. Cuando el disco salió, finalmente la gente hizo cola en Yarabi, una vieja disquería de la época que estaba por Muñecas. Y aquí viene nuevamente lo atípico: cola para el disco de una banda tucumana”, recuerdan cómo se gestó aquel disco debut que llevó el nombre de la banda. 

Y con ese disco llegó también lo imprevisto porque un videoclip de una banda tucumana producido por tucumanos se colaba en MTV. Los de las tres empanadas habían llegado a lo que entonces era la mayor vidriera musical a nivel global. No había internet ni streaming y la tele vivía su prime y era el lugar donde mostrarse si uno se quería hacer escuchar: “A los pocos meses, Timy Aciar, cineasta tucumano, graba el primer clip: Torturador. Y aquí viene lo increíble: ese video debuta y arranca rotación en MTV, el canal musical más importante del mundo. O sea, lo imposible: cuando todo era solo para Capital Federal, la primera banda del interior que metía rotación sin sello, sin discográfica, sin padrinos, solo siendo un suceso que, cada vez que tocaba, dejaba los lugares chicos”. 

El fenómeno de la 448 estallaba en las pantallas y, sobre todo, en los escenarios. La banda movilizaba un público fervoroso que llenaba antros y clubes. Mucho agite y bastante de mística, eso que ahora la changada denomina como aura: “Por primera vez aparecían banderas en canchas de fútbol, no solo de Tucumán (San Martín tenía una gigante), sino también de Salta, Santiago con Central Córdoba y Mitre, y hasta en canchas de Bolivia y varias ciudades del interior. Los fanáticos decían: ‘La Cuatro se planta en cualquier escenario del mundo y deja grande Tucumán’. Ese disco fue una locura: tatuajes, remeras, viajes, y antes que nadie, el grito de Aguante 448 por toda la Argentina. El aguante viajaba con la banda y no hay duda de que fue pionera de toda esta movida que después se hizo común en este país”. 

En este tiempo que la banda se mantuvo alejada de los escenarios (el último recital en Tucumán fue en agosto de 2018), fueron esos seguidores quienes se encargaron de transmitir el legado roquero de la 448 a las nuevas generaciones. Desde entonces, la banda se transformó en un mito local. No sólo porque fue la banda que pudo vencer las condiciones hostiles de la época para trascender las fronteras de la provincia con su arte, sino porque esa manija rocanrolera continúo encendida en muchos corazones. Son ellos los que ahora se preguntan si este regreso discográfico implica también una vuelta a los escenarios de La Cuatro. ¿Vuelve la 448? Como los mitos se alimentan de relatos y de incertezas, Rolo Marín prefiere por ahora dejar abierta esa pregunta. Lo concreto y vital es que la banda sigue sonando y diciendo tres décadas después. 

Escuchá la reedición de Torturador:


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