HISTORIAS DE ACÁ

"Hay que ayudarlo": preocupación por el enigmático señor del centro de Tucumán

¿Lo vieron alguna vez? Es un señor de 74 años y su silueta asoma por distintas esquinas del microcentro de Tucumán. Si lo han cruzado habrán notado que dos detalles son los que lo caracterizan: su barba rala o tupida y dos bolsos negros con ropa, utensilios y cartones. ¿Qué dicen los empleados del comercio que lo ven todos los días? ¿Cuál es su historia?

12 Feb 2026 - 17:52

El Señor R. ahora tiene 74 años.

¿Lo vieron alguna vez? Es un señor de 74 años y su silueta asoma por distintas esquinas del microcentro de Tucumán. Si lo han cruzado habrán notado que dos detalles son los que lo caracterizan: su barba rala o tupida y dos bolsos negros con ropa, utensilios y cartones.

Para muchos tucumanos y tucumanas, el Sr. R., tal como pide que se lo mencione cuando se le realiza una nota, es uno de los ciudadanos que forman parte del paisaje urbano que es San Miguel de Tucumán y sus calles desbordadas por autos y personas.

Su historia, que ya la hemos contado y que aquí repasaremos, ha sumado un nuevo capítulo y es la preocupación, la atención, el cuidado y el cariño que El Señor de los Bolsos genera en quienes se acercan a él.

Son muchas las personas, también, que prefieren no preguntarle cómo está, qué le pasa, si necesita algo o si, inclusive, acepta una ayuda: dinero, ropa, un café.

Últimamente, el señor de 74 años ha generado la preocupación en quienes lo conocen porque notaron cierto deterioro en su imagen: “Notamos que dejó de cuidarse tanto en su aspecto como en sus comidas. No se corta la barba, lo vemos con la misma ropa hace varios días y su salud nos tiene preocupados”, le comentaron a eltucumano personas que prefieren resguardar su identidad.

Los comerciantes del microcentro y empleados de buen corazón como quienes atienden en El Calafate de 25 de Mayo y San Juan son testigos de lo que estamos hablando. El Sr. R. se detiene a tomar un café con tortillas en la vereda de la confitería mencionada y también lo hace, a veces, puertas adentro en la sucursal de 25 de Mayo al 100, al lado de la Caja Popular de Ahorros.

“En los bancos de la vereda de Marcantonio y Cortassa es habitual verlo descansar. Algunas veces lo hemos visto hablando amablemente con los jóvenes agentes policiales y otras veces también lo hemos visto hablar solo. Es lo que le pasó en los últimos tiempos: habla muchas veces solo. Hay que ayudarlo”, detallan vendedores ambulantes de 25 de Mayo y San Martín, bajo el techo de las pancherías, la óptica, la entrada al Paseo Independencia y la esquina del McKio.

“Yo he trabajado en el comercio. También en una empresa constructora. Hasta en una obra social. Eso fue durante las décadas del 70, 80 y 90. En el 76 empecé a construir a mi casa. Tenía una vida feliz. Hasta que pasó lo peor en 2005. Y desde entonces vivo en la calle”, relató el protagonista de esta historia a este mismo medio.

“He nacido en Ciudadela. En la calle Almirante Brown al 1400. Pero no soy de San Martín, ¿eh? Soy de Atlético. Me he criado en la calle Perú, cerca de la cancha. Fui a la escuela Mitre hasta 2°, donde tuve un problema con una señorita que era muy problemática y luego continué toda la escuela en la José Mármol. Siempre fui bueno con Lenguas y Matemáticas. Pero lo que más me gustaba estudiar eran las Ciencias Sociales. Geografía y sobre todo Historia. Los romanos, los griegos, me fascinaban. Los primeros años en la calle leía, pero ya no. Tengo que ir a ver a un oculista. No veo bien de cerca”, contó.

¿Cómo llegó a vivir en la calle? “En el 78 me casé. Tuve tres hijos. Construí mi casa y vivimos tranquilos en Marcos Paz, cerca del cerro. Mis hijos veían El Zorro. Dormía en una cama cómoda. Hasta que empezaron a llegarme intimaciones en el 97. Eran del Grupo Alperovich. Esos hijos de mil p... Aclaralo así. Reclamaban el terreno. Yo apelé, pero siempre manejaron los tiempos judiciales. Me rompían los papeles en la cara. Hasta que me hicieron lo peor en 2005: expropiaron mi casa. En 2002 había fallecido mi señora. Mis hijos ya se habían ido. Así quedé solo en la calle”.

Si volvemos a mencionar la esquina de 25 de Mayo y San Juan es por un motivo cantado: McDonald’s. “Cuando uno es adulto ya no tiene grandes vicios: no fumo ni tomo. Los gastos en mi caso no son tantos: como un sandwich, tomo una gaseosa, me doy algunos gustos y me tomo un helado, eso. Me gusta el combinado de vainilla y dulce de leche”.

Entre 2014 y 2020, El Señor de los Bolsos durmió bajo la galería de calle San Juan y Junín, cerca de las colchonerías que venden camas a las que no podía acceder. “Desde 2014 hasta hace unos meses dormí ahí. Pero me corrieron. No los municipales ni la Policía. Gente del mismo mundillo de la calle. Voy a tener que ver dónde duermo ahora, pero por ejemplo en las mañanas voy a cargar agua caliente a la estación de servicio de 25 de Mayo y Corrientes y preparo unos mates. En uno de los dos bolsos cargo las cosas para el mate y en el otro cartones para sentarme y algo de ropa. No ando muy pesado”.

Por último, recordamos lo que el Sr. R. dejaba como reflexión sobre un detalle tampoco menor: siempre está solo. “Prefiero andar solo. Soy un ermitaño al aire libre. Soy un viajero. Conozco media república. Desde los 10 años hasta los 18 viajé con mi familia y después por cuenta mía. Trabajaba, ahorraba y me iba. Eso sí: no me gusta hacer dedo. Tenés que hablar con el otro. Prefiero pagar un colectivo y dormir durante el viaje. Ahora son vacaciones, ¿verdad? Voy a ver si en marzo puedo ir a algún lado. Me gustaría ir a Mar del Plata o a Necochea. Vamos a ver qué pasa. Pero tengo ganas. Eso me gustaría”.

¿Podremos ayudarlo entre todos a mejorar su calidad de vida? ¿Lo querrá así? ¿Conocías una parte de su historia? ¿Tenés una anécdota que compartir?


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