Este lunes, al compás de las clases, los escritores Pedro Noli y Victoria Daona junto a Leopoldo Silva coordinan un espacio tan íntimo y bello como necesario. Cómo nació, cómo se hace y qué te pasa cuando saboreás tus recuerdos.
Pedro y Vicky.
Es el queso cuartirolo derritiéndose con la sopa, es la infancia de barro en las rodillas, es el raspón en los codos, es la amistad entre dos abuelas como la Cachito y la Luisa, es un changuito corriendo por el barrio Los Tarcos y es una changuita trepada al árbol siempre verde del barrio Alberdi de Monteros, es el delantal nuevo blanco y recién planchado, es un gol, es un beso, y es la historia de un amor como no habrá otra igual. Todo eso es el taller de Mandarinas bajo el sol (Las historias de tu vida) creado por Victoria Daona y Pedro Noli.
A través de una pantalla, esta entrevista con Vicky y Pedro se da a través de una videollamada de WhatsApp, a través de una pantalla por motivos meramente geográficos: ellos en Buenos Aires por estos días, eltucumano en el barrio Sur que ellos dos también aprendieron a contar entre palabras y naranjos, entre patios y lunas, todo un mundo rico a punto de explotar como un gajo en la boca.
Antes de ser cáscara, de ser piel, ese mundo que han construido Daona y Noli también había nacido a través de una pantalla fría como una pandemia a la que había que ponerle calor, sepia como el pasado a la que había que ponerle más color, a foto va foto viene, la pareja se entretiene y a sellarlo todo todo con un beso.
-¿Cómo nació el taller? ¿Cómo se les ocurrió crear Mandarinas bajo el sol para que sus talleristas aprendan a contar las historias de su vida?
Victoria: Comenzó en mayo de 2020, en pandemia, compartiéndonos fotos de vidas pasadas, entre ellas las de mi abuela Cacho y la abuela de Pedro, la Luisita.
Pedro: El 2 de mayo fue el primer encuentro y desde entonces vivimos una historia de amor multiplicada. En ese entonces estábamos todos encerrados y había que enfrentarlo. De repente, ya pasaron 250 participantes en todo este tiempo.
-¿Cuánto dura un taller para contar la historia de tu vida?
V: No decimos cuánto dura. Tiene ciclos mensuales. Lo primero es poner en palabras lo que nos pasa, pero mientras el taller avanza se lleva a cabo una tarea de mucha introspección. La propuesta del taller es personalizada, con grupos de hasta cuatro personas.
P: Realizamos un acompañamiento con cada persona que viene al taller. El taller es una conversación literaria y mantenemos una relación afectuosa con cada tallerista. No existe la distancia que puede existir entre un docente y un alumno. Aquí somos familia y nos queremos un montón.
-El taller profundiza en los recuerdos. ¿Cuáles son los primeros recuerdos que se les vienen en este momento?
V: El aroma de la cocina, el árbol siempre verde del barrio Padilla (NdR: es la acuarela de la tapa del libro de Vicky), es el barrio Alberdi de Monteros, son las canciones de Xuxa, es La ola está de fiesta, es Señor Semáforo…
P: Mis primeros recuerdos son en barrio Los Tarcos con mi abuela Luisa, sentir embarradas las rodillas, los raspones en el codo, las sopas de la noche, el queso cuartirolo…
V: Me acuerdo cuando llegó el televisor a mi casa en Monteros. Antes íbamos a los Ordoñez a ver Niña Bonita porque eran la única familia que tenía tele en nuestro barrio.
-¿Cuáles son las historias preferidas por los talleristas?
P: El primer día de escuela, el delantal, la madre preparando las cosas, la sencillez de lo común.
V: También es el campo, también es cortarle el cuello a una gallina para que una familia pueda comer, también es la dictadura.
¿Qué se genera en cada encuentro de Mandarinas bajo el sol?
V: Cosas hermosas como que una compañera cuente que actuó de gatita en una obra de teatro y después otra compañera cuente que actuó de árbol en una obra de teatro donde había una gatita. Es decir, cómo se entrelazan las historias, cómo se van armando, cómo se va construyendo un archivo de las vidas privadas. O como una compañera que era muy literal en sus palabras por una situación personal muy difícil y luego pudo expresarse en su totalidad. Eso fue muy emocionante.
P: Las cartitas que se escribían nuestros abuelos y nuestros padres generan muchos recuerdos y se arma algo hermoso: el participante del taller empieza a averiguar cosas tales como cómo conociste al papá, cómo conociste a la mamá, se producen diálogos internos en la ducha, comienzan a mandarinearse, como nosotros lo llamamos.
¿Cuándo arranca el taller, cuánto cuesta y cuántos lugares quedan?
V y P: Arranca el lunes, comprende 3 encuentros por semana, cuesta 60 mil pesos mensuales, coordinamos Vicky Daona, Pedro Noli y Leopoldo Silva a crear una estructura sólida literaria y en diciembre publicamos un libro familiar de papel con las historias de cada participante. Por eso los invitamos a quien quiera venir a encontrarse con el niño que fue, con el adulto que es, que venga. Vamos a jerarquizar los recuerdos, vamos a contar las historias de nuestras vidas.
El taller fue reconocido por el Concejo Deliberante de San Miguel de Tucumán, a través de Hugo Andina y Marian Gallardo, y fue dictado por Pedro y Victoria en la Universidad de Harvard, Estados Unidos.
Cada mandarina con su libro, con sus historias.