"Primero me daba vergüenza, pero un día mi marido me dijo que si me seguía fijando en los otros, lo que iba a ver era como eran los otros los que comían asado los domingos y nosotros nunca". En el Día Internacional de la Mujer, una trabajadora tucumana desarma un molde al mostrar que las mujeres son capaces de trabajar en todos lados, inclusive, en una gomería.
Todos conocemos dedos manchados: algunos de pintura, otros de condimentos, otros de tabaco. Y también están los dedos cubiertos de grasa. Es el caso de Mary, un ejemplo de la mujer tucumana: trabajadora, buscavidas y muy fuerte.
María José López tiene 26 años y su historia deja en claro que cuando una mujer decide buscarse la vida no hay límites ni barreras en lo que puede lograr. Desde el corazón de Simoca, capital nacional del sulky, esta joven mamá de dos hijos se dedica a acudir al auxilio de quien pinchó su moto o su bicicleta. Es una mujer gomera.
Pero no lo hace sola: junto a su compañero de vida, Darío, acuden al rescate de las pinchaduras de la ciudad y sus alrededores.
“Hace un año tomamos la decisión de salir adelante como sea con nuestra familia. Tenemos dos hijos, de 10 y 4 años, y desde que estamos juntos nos movemos de alquiler en alquiler, nunca podíamos progresar”, explicó Mary a eltucumano.
“Yo le propuse a Mary que empecemos nuestra propia gomería. Yo era empleado en una gomería pero ganaba poquito. Nunca habíamos tenido trabajo los dos al mismo tiempo: o trabajaba yo y ella estaba en casa, o salía ella a trabajar en casas de familia y yo me quedaba con los chicos”, explicó el simoqueño durante la entrevista, arropado por la presencia de su compañera de vida y de trabajo.
“Yo tenía vergüenza al principio. Me acuerdo que él me dice un día: ‘Dejá de fijarte en los otros, sino solo vas a ver cómo los otros comen asado los domingos y nosotros no’. Empecé a salir con él y las primeras veces me dolían muchísimo los brazos, me quedaba agotada, no quería volver a ir, y él me animaba. Me decía que pensemos en los chicos. Realmente tenía la heladera vacía. Ahora, un año después, hago este trabajo como si nada. Es más, yo soy la que usa el inflador porque él se demora mucho”, aseguró la gomera tucumana entre risas.
Darío tiene la experiencia de haber acompañado a su papá en su taller desde chico: “Yo ayudaba a calibrar autos. No importaba si eran las doce de la noche o la una de la mañana: si llegaba un maestro, la policía o quien sea, yo me levantaba a calibrar y me daban una propina. Me hice conocido, creo, y querido. Por eso cuando me decidí a tener esta gomería a domicilio mucha gente me llamó”.
Gracias a este proyecto de vida, Darío y Mary pudieron adquirir lo más valioso para una joven familia: un techo propio.
“Tenemos una sola pieza y la cocina. El baño es con pared de lona, pero ya vamos a poder terminarlo algún día. Poco a poco estamos progresando y queremos seguir así. Giovanni es mi hijo más pequeño, tiene cuatro años. Nos espera ilusionado cada tarde porque llegamos con un juguito, unas galletas, una banana o una manzana. Son cosas que antes no podíamos comprarle. Para nosotros es un montón, es hermoso poder comprarles cositas a nuestros hijos con dinero de nuestro trabajo”.
Mientras conversamos, la joven pareja no deja de trabajar: cambian la cubierta de una motocicleta 110cc en un domicilio cercano a la feria de Simoca. Es sábado y muchos simoqueños salen a pasear o a dar una vuelta por el corazón de la ciudad. Mientras tanto, María y Darío se buscan la moneda para dejar de ser espectadores de cosas que antes parecían inalcanzables: “un techito propio, cositas para los chicos, un asadito los domingos, útiles para la escuela”.
En este mes de la mujer, el mensaje de la joven simoqueña es claro y potente: “Las mujeres somos muy fuertes, más de lo que pensamos. Este es un oficio muy lindo y seguro para nosotras, solo hay que aprender a hacerlo. Podemos ser gomeras con o sin marido. No tengan miedo ni vergüenza”.
Y quien tiene muy en claro el valor del trabajo en equipo y la astucia de su compañera es Darío: “María es un 10. Siempre está al lado mío, siempre me ayuda. Junto a ella podemos salir adelante nosotros y nuestra familia. A veces reniega conmigo porque cuando volvemos a la casa la verdad es que ella se fija de todo: de los chicos, de la comida, de la limpieza. Es un diez en todo sentido”.
El sueño de la pareja es poder avanzar hacia otro tipo de rodados: “Quisiera tener las máquinas para cambiar cubiertas de autos, de camionetas, de camiones. Acá en Simoca sé que trabajaría mucho y es un trabajo que sé hacer. Por el momento seguimos con la gomería a domicilio en Simoca y ciudades de alrededor, pensando en la familia y en nuestra casa”, cerró Darío.
¿Te gustaría contactarlos para un trabajo?
Podés comunicarte al 3815806667 (María) o al 3812088571 (Darío).