Rocío Díaz es una joven tucumana emprendedora de 26 años y prepara cookies riquísimas de vainilla, chocolate y lemmon pie que tienen que probar al menos una vez en la vida. Pueden contactarla por Instagram o al 3816 26-7751. Mirá cómo las hace.
Rocío y sus cookies XL.
Esta historia se lee con la boca llena. Un bocado a una cookie XL llena de chocolate es el culpable. Miguitas y chispitas explotan en el paladar y después de tragar necesitás sí o sí necesitás un maté o un cafecito para completar el momento tan personal como placentero.
Rocío Díaz es una joven tucumana emprendedora de 26 años. De 6 a 14 trabaja como recepcionista en el gimnasio SportClub Vía 24 de Septiembre y que por las tardes le pide la cocina a su amiga Agustina (Guga) para preparar las bombas de vainilla, chocolate y lemmon pie que tienen que probar al menos una vez en la vida. Pueden contactarla por Instagram o al 3816 26-7751. Mirá cómo las hace.
“Son XL porque fue una decisión: quiero que sean grandes para que quien las compre pueda compartirlas. Pesan 100 gramos y están llenas de chocolate. Son una bomba”, le cuenta Rocío a eltucumano, mientras espera un café de Havanna, el bar que está al lado del gimnasio donde trabaja.
Como muchísimos jóvenes de Tucumán y la Argentina, el emprendimiento propio es una salida laboral y un ingreso más. En tiempos donde la crisis y el amor no abundan, Rocío pensó junto a su amiga Micaela Prieto crear De a Dos, el emprendimiento que nació bajo el flechazo de San Valentín con menúes románticos para los enamorados y para los que se quieren enamorar.
“Lanzamos para San Valentín menúes: pizzetitas con forma de corazón, sorrentinos de calabaza y queso con forma de corazón, y minitortitas. Nos fue muy bien con Mica y ahí me animé a seguir con las cookies”, cuenta Rocío, quien pidió un préstamo familiar para invertir en el proyecto, comprar harina por mayor, azúcar mascabo, manteca, vainillín, y chocolate, mucho chocolate.
“Vendo las cookies de manera individual y por pack. Son cuatro sabores: Vainillas con chispitas, Chocolate con chispitas muy chocolatosa, Red Velvet que es la favorita de la gente y la Lemmon Pie que es como una mini tortita”.
Después de sacarse el modo Perezoso de Zootopia, Rocío pone arma los galletones, abre el horno, pone el agua para unos mates, una serie en Netflix y a volar: “Las de vainillason una bomba: manteca, mascabo, vainillín, y muchos chips. Todas pesan 100 gramos. Soy muy generosa y el precio está bien. Fue una decisión que sean cookies XL. Hay muchas ofertas de cookies y quería distinguirme”.
“Las de Vainilla con chispitas y las Chocolate con chispitas son re grandes así se empalaguen, las tomen con el café o con el mate. Son para compartir. Llevan azúcar mascabo, cacao amargo, y cada cookie tiene 50 gramos de chispita. La Red velvet lleva chispitas de chocolate blanco. Son de vainilla con un poco de chocolate y un poquito de vinagre. Es la que más se vende. Y las de lemmon pie están buenísimas: el curd de limón es todo un proceso, pero salen bien”, agrega.
Luego de una cata de cookies con mi mamá, mi hermano, Guga, Andrés y Lu, la misión de Rocío es trabajar para ahorrar y hacer un curso de Tripulante de Cabina y conocer el mundo.
Mientras tanto, en Tucumán sostiene a su propia familia compuesta por seis gatos: Zoro, Naruto, Sasuke, Nube, Josefa, Silvestre y Negrito. También tuvo una coneja Choppa.
“Me gustaría tener una empresa. Cuando era chiquita siempre decía que quería trabajar en un banco. Aprobé el ingreso a Ciencias Económicas, pero por cuestiones de trabajo no pude acomodarme. Este año quiero estudiar para Tripulante de Cabina. Soy multifacética. Me encantaría conocer el mundo. No quiero sacar una visa e irme a vivir a otro lado sin trabajo. Me gusta la idea de trabajar, ahorrar, estudiar, y verlo como un medio para conocer el mundo. Toda mi vida trabajé en bares, en locales de ropa y ahora en SportClub. Lo que me propongo, lo logro”.
Como cierre de esta historia, lo que sucede en el sur de Tucumán no le es indiferente a la joven: “Cada pack de cuatro cookies dono un bidón de agua para las inundaciones. Tengo un amigo que es quien lo llevará el fin de semana al sur. Me rompe el alma lo que está pasando y pensé desde mi lado cómo puedo ayudar y esta es la forma de dar un granito de arena”.
Hija de vendedores ambulantes, Rocío sabe de qué se trata esto de pelearle a la vida cada día: “Vendía sanguchitos de miga en la plaza San Martín hace unos años. Los preparaba de jamón y queso, y de salame y queso. Pero me estresaba más porque tenía que venderlos en ese mismo día, mientras mis amigas me hacían el aguante tomando mate. En cambio a las cookies las produzco y horneo en el día las que voy a vender ese día y el resto van al freezer. Es menos estresante que los sanguchitos. Está cool eso”, se ríe Rocío, posa para las fotos, no se convence, saca otras, sonríe con las cookies y deja un último sabor: “Me encanta cuando me mandan fotos con las cookies tomando mate con el padre, viendo una serie, leyendo un libro, con un café, con unos mates, con la sobrinita en la plaza. Siento que lo que hago está ahí, en ese momento. Y eso también me encanta”.
Rocío y sus cookies.