La columnista repasó la historia del creador de la "Leche Bio", un producto desarrollado en Tucumán que revolucionó el tratamiento de la desnutrición infantil y fue premiado a nivel mundial. A pesar de su impacto global desde el CERELA, el Dr. Oliver cuenta con escaso reconocimiento institucional en la provincia.
Este martes, Nina Alegret llevò a cabo su habitual columna en La Tucumana de Tarde junto a Gabriel Sanzano y León Torrente en FM latucumana 95.9. Durante el espacio, la comunicadora propuso un recorrido por la vida y obra de Guillermo Oliver, a quien definió como una eminencia fundamental en la historia de la ciencia provincial y la salud pública. Alegret señaló que el reconocimiento actual hacia el científico es insuficiente, limitándose a ámbitos académicos muy específicos, a pesar de que su trabajo salvó la vida de milesb de niños tucumanos durante décadas.
La charla comenzó analizando el auge actual de los hábitos saludables y el consumo de probióticos, como el yogurt griego, que hoy forman parte de la conversación cotidiana sobre la microbiota intestinal. Nina explicó que mucho antes de que estos temas fueran tendencia mundial, en Tucumán ya se estaba gestando un hito científico de relevancia internacional. Guillermo Oliver, químico y microbiólogo formado en Francia, llegó a la provincia en 1964 y fue cofundador del CERELA (Centro de Referencia para Lactobacilos), institución que se convirtió en un faro para el estudio de los microorganismos benéficos.
En un contexto marcado por una grave epidemia de diarreas infantiles y desnutrición en los hospitales locales, Oliver decidió no limitarse a los medicamentos tradicionales. En lugar de ello, desarrolló una leche fermentada con lactobacilos vivos diseñada para fortalecer la flora intestinal y el sistema inmune de los pacientes internados. "Me pidieron ayuda porque no podían parar esas diarreas con nada y ya había habido muchas muertes", relató Nina citando las palabras del propio científico sobre aquel momento crítico. Este desarrollo fue el origen de la famosa Leche Bio, cuya fórmula fue adquirida por la empresa Sancor en 1988 y llegó a ganar el premio Cial de Oro en París como uno de los productos lácteos más innovadores del mundo en 1998.
La columnista destacó testimonios de personas que, gracias a este invento tucumano, lograron superar enfermedades como la celiaquía no diagnosticada en la niñez o cuadros de malnutrición severa. "Su mayor orgullo fue saber que miles de niños recuperaron su infancia", enfatizó Alegret en FM latucumana 95.9 al describir la satisfacción del profesional por su labor social. Sin embargo, lamentó que fuera de la comunidad científica su nombre no circule con la fuerza que merece: "En Tucumán no tenemos una calle, no tenemos alguna dependencia de la UNT" con su nombre, remarcando que actualmente solo una escuela en Chicligasta y un laboratorio en El Chañar le rinden homenaje formal.
Finalmente, en la columna se mencionó que existe un proyecto impulsado por el Ministerio de Salud de la provincia para reactivar la producción de la Leche Bio en un trabajo conjunto con el CERELA. Esta iniciativa busca retomar el tratamiento de patologías gastrointestinales mediante el probiótico tucumano original que marcó un antes y un después en la medicina regional. La conversación en el estudio concluyó con la reflexión sobre la necesidad de valorar a los referentes locales que, como Oliver, integraron consejos nacionales e internacionales y recibieron decenas de premios, pero cuyo legado más importante reside en la salud de las generaciones que asistió.