A las 6 de la mañana sale de su casa en Villa 9 de Julio para esperar en la parada el colectivo de la línea 19. Con la ayuda de su bastón, baja en la avenida Avellaneda. Toma el 4 o el 8 para llegar a la esquina de 25 de Mayo y Córdoba. Allí comienza su recorrido. Qué le pasó y qué necesita. | Por Alfredo Aráoz
Dante Omar Barrera necesita ayuda. No tiene teléfono. Lo encuentran todas las mañanas en las peatonales de Tucumán.
“Un plato de comida, por favor, se lo suplico, por favor, estoy con hambre, se lo suplico, por favor, 10 pesitos, lo que puedan, un plato de comida, por favor, estoy con hambre, se lo suplico, por favor, estoy con hambre, por favor, se lo suplico, estoy con hambre, por favor, se lo suplico, estoy con hambre”.
Como un disco que salta, como una púa lastimada, como una canción en loop, Dante Omar Barrera es la voz que despierta al centro de Tucumán.
Mientras Omar Nóblega da el buen día buen día buen día, Dante Omar hace sonar su bastón para no videntes contra el suelo de las peatonales. Ese sonido es el preámbulo de lo que dirá y pedirá a los espectadores todavía somnolientos de una escena que comienza cerca del alba, cuando todavía parece de noche en Tucumán.
Se trata de una larga noche que empezó en la vida de Dante Omar Barrera hace unos años: “Quedé así desde que he tenido un accidente en la moto de mi primo. Me llevaba a hacer unos papeles en Rentas. Hemos patinado y el motor de la moto me ha quemado los ojos. Solo me quedó la retina de uno y al otro lo perdí por completo”.
Vecino de Villa 9 de Julio, Dante Omar sale a las 6 de la mañana de su casa y toma el 19: “Bajo en la Avellaneda y de ahí vengo en el 8 o en el 4 que me dejan en el Correo. Hasta que agarro el colectivo, llego 6.30 y ya estoy en la calle”.
El recorrido de Dante Omar comienza en la esquina de 25 de Mayo y Córdoba. Todavía Il Postino está cerrado pero ya hay personas en diagonal, bajo la galería de Anses, filas de personas que volvieron allí desde hace unos meses, al igual que la cola que se arma en Efectivo Sí, donde el recorrido de Dante Omar continúa.
Mientras la fila de personas llega a veces hasta el kiosco de la Escuela Normal o inclusive hasta las ofertas por otro mes aniversario de Tiendas San Juan, Dante Omar pide una ayuda. Entre gente que necesita un préstamo, él pide una mano y a veces la recibe, como esta señora que le da 3200 pesos enrollados (y en silencio) como lo hacen las abuelas, o esta joven empleada de comercio que aquí viene y le da un billete de un color y un valor que él no sabe.
“¿De cuánto es?”, me pregunta Dante Omar Barrera. “¿Cuál es el del mil? ¿Este? ¿Estos son de dos, que no? ¿Teneme un ratito el bastón? ¿Me ha dado de mil, verdad? ¿Este de cuánto es? ¿Y estos que tengo acá? ¿De 500? ¿Y estos de 100 o de 200? Esperame que cuente”, pide Dante Omar, mientras ya comienzan a subir algunas persianas de los negocios en el centro de San Miguel de Tucumán.
Sobre la peatonal Mendoza al 500, al lado de las personas que esperan ansiosas la apertura del local de Efectivo Sí, una Mafalda lee las noticias en la vidriera de la hermosa casa de ropa que tiene Apasionadas. Al lado de este negocio, un simpático capibara muestra sonriente sus lentes nuevos que ofrece el nuevo local de Solmar. Ellos también ven a Dante Omar Barrera esta mañana en Tucumán. Ellos, lo ven. Otros, no.
Dante Omar Barrera necesita ayuda. No tiene teléfono. Lo encuentran todas las mañanas en las peatonales de Tucumán.