Luego de ser asesinada por balas policiales en 1967, Hilda Guerrero de Molina se convirtió en bandera de las luchas populares en la provincia y la autora Milagro García Marengo reconstruye su vida y su pensamiento en su último libro: “El escenario actual encuentra muchas similitudes con ese Tucumán de finales de los 60”. Por Exequiel Svetliza.
Protesta por el cierre de los ingenios. Fuente: Tucumán en llamas, de Silvia Nassif.
Ese 12 de enero de 1967 fue un jueves signado por la violencia de la historia. Los manifestantes habían partido la noche anterior desde distintos puntos de la provincia atravesando cañaverales y ríos para sortear a la policía y llegar hasta Bella Vista. En el Tucumán azucarero profundo la situación era crítica, el hambre se extendía como una plaga entre las familias de los obreros que habían sido despedidos de los ingenios. Al frente de una de las columnas marchaba una mujer. Hilda Guerrero de Molina tenía 34 años y el peinado y la enjundia de Evita. Desde que a su marido, Juan Molina, lo corrieron del ingenio Santa Lucía se había convertido en una referente de las ollas populares y de las movilizaciones. Fue luego de una marcha y frente a la sede del sindicato cuando, en medio de una brutal represión, una bala policial le atravesó la frente. Desde entonces se convirtió en una mártir y en un símbolo de la lucha de los trabajadores tucumanos. ¿Quién fue Hilda? ¿Cómo se convirtió en una pionera de la militancia entre las mujeres? ¿Cuál fue su legado? Mezclando la información historiográfica con los recursos narrativos de la ficción, la escritora tucumana Milagro García Marengo reconstruye la voz de la heroína en su último libro “Vientos del pueblo”. En su relato, Hilda Guerrero de Molina vuelve a su Santa Lucía natal para reconstruir uno de los sucesos más traumáticos para la provincia: el cierre de los ingenios durante la dictadura de Onganía.
“Esta es una historia real novelada. Aquí la ficción no oculta: revela”, escribe Marcelo Cafiso en el prólogo del libro de la editorial Nuestra América que pronto llegará a las librerías tucumanas. “La autora hace magia con su estilo narrativo: recupera voces de los murmullos de la memoria oral y, esbozada en algunas páginas memorables, la historia se va materializando en lo inmaterial de la narradora. Nos sumerge en un viaje histórico sin precedentes, logrando que percibamos con todos nuestros sentidos lo mismo que la protagonista: una tucumana, trabajadora, mujer, madre, esposa y militante de la FOTIA, asesinada por ponerle el cuerpo a la dignidad de su clase”, agrega Cafiso en su texto.
Milagro García Marengo, autora del libro.
“Hay buena cantidad de material escrito sobre ese período, pero también está la memoria oral de los pobladores, quienes a través de entrevistas han compartido sus recuerdos. ‘Memoria Abierta’, asimismo, cuenta con un archivo fotográfico y de testimonios orales de incalculable valor. Muchos de esos testimonios también han sido usados para el libro”, revela Milagro cuál fue la materia prima que utilizó para encarnar a la protagonista sin torcer la veracidad del relato historiográfico.
Antes de que el grito de lucha y de justicia de Hilda Guerrero de Molina vuelva a tronar entre nosotros a través de las páginas de “Vientos del pueblo”, la autora habló en exclusiva con eltucumano.com para contar quién fue Hilda y qué tiene su ejemplo para decirnos en la actualidad.
-¿Cómo convive la ficción con el relato histórico y con los recuerdos en la obra? ¿Qué zonas de la historia permite iluminar y revelar la ficción en este caso?
-Lo ficcional se mete en el discurso histórico cuando es la propia voz de Hilda la que se intenta reconstruir. Conocemos algo de su vida, las circunstancias de su muerte y la situación histórica puntual que transformó su vida. Lo demás que expone el libro, esto es, sus pensamientos sobre lo que estaba viviendo y aún sobre lo que vino después, eso es ciertamente una licencia de la ficción.
La única fotografía que se conserva de Hilda Guerrero.
-En el libro reconstruís la militancia de Hilda en el Partido Peronista Femenino. ¿Cómo caracterizarías ese vínculo con el peronismo y con la figura de Evita? ¿Cómo militante se la podría considerar una pionera en la provincia?
-Hilda Guerrero de Molina nace en el 30, en una familia y en un pueblo profundamente peronistas y con justa razón ya que fue con el peronismo que ella experimentó no solo una reivindicación y otorgamiento de derechos sociales, sino que, como mujer, y a través de la identificación con la figura de Evita, ella se asume como militante y protagonista de la lucha, que en esa coyuntura no era más -y nada menos- que la demanda de reapertura de las fuentes de trabajo. Este protagonismo de las mujeres, a través sobre todo de la organización de ollas populares para paliar el hambre, es de suma trascendencia, y no puede desvincularse de la militancia en la Rama Femenina del Partido, entidad que las acoge y les da formación política. Con Evita las mujeres empiezan a participar masivamente de la cosa pública y se asumen como protagonistas de los procesos políticos. En las elecciones del 51 vota el 90% del padrón femenino y por primera vez ingresan al congreso legisladoras mujeres, llegando a representar un 30% de su composición.
-¿Qué significó el suceso del cierre de los ingenios en la historia de Tucumán?
-El cierre masivo de ingenios significó una catástrofe económica y humana sin precedentes. 70.000 obreros desocupados, hambre, miseria extrema, desnutrición y altísimas tasas de mortaldiald infantil, enfermedades asociadas a la pobreza, como tuberculosis o raquitismo, entre otras. Isauro Arancibia desde ATEP denunciaba que la provincia tenía un 70% de deserción escolar, la que en las zonas rurales llegaba al 90%. A este cuadro de abyección humana se le suma una represión estatal feroz contra un pueblo hambreado que demandaba soluciones. “La hora de los hornos”, de Pino Solanas y Getino, que tiene algunas escenas filmadas en Tucumán, pero también “El camino hacia la muerte del viejo Reales”, de Gerardo Vallejo, son testimonios muy elocuentes de ese Tucumán golpeado por la desocupación y el hambre.
El relato de la represión policial y del asesinato de Hilda Guerrero en el diario La Gaceta.
-¿Cuál crees que es el recuerdo actual de la figura de Hilda y del cierre de los ingenios en Tucumán?
-Todo depende obviamente de dónde hagamos la pregunta. Si se la hacemos a los jóvenes, por ejemplo, veríamos que es muy poco lo que conocen de la historia más reciente. Y esta ignorancia u olvido es justamente algo sobre lo que la protagonista reflexiona mucho en la novela y es plenamente consciente de esa desmemoria que nos aqueja un poco a todos. Cito un fragmento como ejemplo: “En dos generaciones también ese esqueleto monstruoso de hierros y cemento será comido por la selva. Y los dos serán solo eso, un recuerdo vago entre los más ancianos, un nombre que no dice nada entre los más chicos”.
-¿Cómo crees que se resignifica una figura como la de Hilda Guerrero en este momento político del país?
-Toda mirada sobre el pasado implica en cierta forma una interpelación al presente. Cómo interpretamos nuestra realidad hoy a la luz de eso que vivimos como país años atrás e, inversamente, cómo se resignifica ese pasado en el escenario actual. Si esas representaciones del pasado no trazaran un puente con el presente, no tendría ningún sentido hacer historia ni escribir. Por lo demás, pienso que es justamente en momentos de tanto desamparo como este, cuando más necesario se vuelve poner en circulación relatos que ofrezcan otra mirada, otras luchas, otros ideales de país, en donde las premisas fueron tan opuestas a las que escuchamos hoy. En este sentido, Hilda Guerrero de Molina es solo un ejemplo, pero hay muchos otros, algunos de los cuales se nombran en el libro: dirigentes sindicales como Atilio Santillán, Benito Romano, Raymundo Ongaro, Leandro Fote, Agustín Tosco; el dirigente peronista Ernesto Andina Lizárraga y muchos otros. Hay toda una generación que más allá de sus aciertos y errores, dio su vida por una nación más justa e inclusiva, en las antípodas de lo que es este proyecto libertario. La necesidad de volver sobre ciertas figuras o momentos históricos se explica también porque hoy -por increíble que parezca- estamos discutiendo la vigencia o no de consignas que pensábamos que nunca más se irían a poner en duda: Patria sí, colonia no, memoria, verdad y justicia, por ejemplo. Por otro lado, el escenario actual con el quiebre de la industria nacional, la desocupación y la precarización del empleo, sumados a la represión de las protestas, encuentra muchas similitudes con ese Tucumán de finales de los 60.