“Yo soy sodero ya hace 54 años. Soy el más antiguo de Tucumán. Tengo 71 años y empecé a los 17. Imaginate la cantidad de soda que vendí”. Viaje en camión y recorrido por los barrios de la mano de sodas Roman-o, garantía de calidad. VIDEO | Por Alfredo Aráoz
Anita y Turi: "Un gusto conocerla".
“Yo soy sodero ya hace 54 años. Soy el más antiguo de Tucumán. Tengo 71 años y empecé a los 17. Imaginate la cantidad de soda que vendí”.
Salvador Turi Romano es el señor corpulento que entra en el camión de la soda que conduce. Maneja a una velocidad prudente, acorde al noble producto que transporta. Piénselo bien: si turi pisara demasiado el acelerador de la camioneta Ford 100 modelo 83 motor Perkin 4, la camioneta agarra un bache, la soda se agita y el chorro a usted le salpica la cara.
Entonces, despacio pero seguro, el sodero transporta decenas de cajas naranjas con seis sifones cada uno de 1500 cm3 de soda tucumana. Son seis sifoncitos de plástico contenidos por un corsé azul, el pico naranja y la boquilla blanca como las letras del envase: Sodas Roman-o.
“Desde el Mundial 82 que estoy. Y ya había soderos viejos en esa época, así que imagínate que, como mínimo, hace 100 años que la soda está en Tucumán”, le dice a eltucumano este caballero sentado en la casa cocina de este diario donde sus sodas acompañan a la redacción y al estudio de radio donde se encuentra Ana Pedraza, a quien Turi sube a saludar.
“¡Llegó el sodero!”, anuncia la conductora de latucumana de mañana en nuestra casa de Moreno 250. “¡Llegó el sodero!”, es la frase que se repite en miles de casas de todo Tucumán cuando ya se escucha el traqueteo de Turi y su hijo, quien lo acompaña de lunes a sábado con el reparto de sodas cada mañana, un recorrido dividido en cinco zonas de San Miguel de Tucumán.
“Los días lunes tengo la zona céntrica, la zona de zona de Maternidad y Yerba Buena. Los martes tengo la zona Centro de Salud, el Barrio El Bosque, y Ciudadela. El miércoles tengo allá, para la Jujuy al 4000 y barrio Miguel Lillo. El día jueves tengo barrio 11 de marzo. El viernes vuelvo al centro y el sábado cierro por la zona del Parque Guillermina”, detalla Turi con precisión inglesa, como el origen del Chevrolet 3 que aprendió a manejar con el volante a la derecha para la primera entrega de soda en camión hace más de 50 años, un oficio que comenzó inclusive antes: “Manejaba un carro tirado a mula y ya llevaba soda, Alfredo. ¿Qué me decís?”.
En mula, Chevrolet 3 o Ford 100, Turi explica su pasión por la soda: “A pesar de que estoy trabajando, me siento libre de andar en la calle. Amí no me gusta estar encerrado. Aparte era un una entrada económica que te sustentaba bien. No pasaba necesidad. Yo ayudaba la casa de mis padres todo hasta que a los 20 años me tocó el servicio militar. Terminé la colimba, la sodería de mi tío tenía un inconveniente y pasé a trabajar en una whiskería conocida de la época como portero, aquí cerca del diario, en la calle Balcarce: Trumps”.
Corpulento como el Ancho Peucelle, Salvador revela sus tres debilidades: la masa árabe que vendía en las canchas del fútbol tucumano cuando bajaba la venta de soda con el frío, la granadina con soda en los mediodías tucumanos de calor y el vino tinto sodeado para la sobremesa.
“Cuando dejé la whiskería, volví a la soda como llenando sifones en la sodería Mitre, en la avenida Mitre al 165. Esa sodería era la número nueve de Tucumán. Imagínate los años que tenía sobre ella. Era una de las primeras. Actualmente hay más de 300 soderías en Tucumán”, detalla Turi y agrega ante la pregunta que quedó picando: “¿Cómo se abre una sodería? ¿Cómo sé que era la número 9? Porque tenés que ir a la Federación Económica frente a la Plaza Independencia donde estaba la sección de Sodero.
Con su padre fallecido (que en paz descanse) y su segundo hijo en camino, las vueltas de la vida siempre sobre un camión de soda, incluyeron todas las funciones que se imaginen en la vida de Turi: llenador, reponedor, repartidor. En Sigüenza de calle La Plata, en la planta de Cimes, turi recuerda: “Yo terminaba el reparto y me iba a cuidar a mi viejo que ya estaba enfermo. De mi viejo aprendí el valor de la palabra y de quien siempre conservo una frase: ‘Plata en mano, culo en tierra’. Es decir, no hay que conformarse. No hay que dejar de esforzarse. No hay que relajarse”.
Si de plata hablamos, para el cierre de esta entrevista a Salvador Turi Romano, el sodero más antiguo de Tucumán, tenemos que hablar de la fiada. Si hay alguien que todavía fía, ese es el sodero. Eso sí: hasta que deja de fiar. “La palabra se mantiene con los vecinos de los barrios. Me dicen: ‘Aguantame, te pago tal día’. Vos le anotás. Con los años, conocés a la gente. Ya te das cuenta quién te va a cumplir la palabra y quién no. Si no me cumplís, no te doy. Soy duro hasta con mis hijos. ¿Qué transferencia? Para mí si no hay papel, no hay nada. No puedo esperar el alias, la transferencia, en doble fila. Mirá si vienen los milicos y me quieren hacer una multa. Entonces si vos me decís: ‘Turi, el 15 de doy la plata’. Yo te espero. No tengo problemas. Pero cumplime como yo te cumplo a vos”.
Por último (y no menos importante), cómo es la relación del sodero y las amas de casa. “Hay una clienta que me dice: ‘Yo soy capaz de dejar a mi marido, pero no a mi sodero’. ¿Sabés lo que hizo? Se compró una máquina que hace soda, me traicionó”, se ríe Turi, quien también vende 30 bidones de agua y uno de ellos es para la clienta que se pasó a la soda con máquina en casa, como muchas oficinas y locales comerciales, pero ninguna como la soda en sifón: “A mí me encanta la soda. Dice mucho de lo que somos los tucumanos. Y yo soy feliz repartiendo soda aunque reniegue con algunos clientes o con el tráfico. Por eso voy a trabajar hasta el último día de mi vida, hasta que Dios quiera. Si me quedo en la casa, me voy a morir más rápido. Y ahora te dejo: tengo que seguir con el reparto”.
Turi con Anita Pedraza en latucumana. El segmento del programa y la entrevista completa aquí: