La banda liderada por Vicentico llenó el estadio y repasó dos horas de hits junto al hijo del cantante ante un público de todas las edades que no paró de cantar.
Los Fabulosos Cadillacs volvieron a Tucumán y el Palacio de los Deportes fue una fiesta generacional de principio a fin. Foto tomada de Facebook oficial de Los Fabulosos Cadillacs.
Los Fabulosos Cadillacs volvieron y Tucumán los recibió con todo. El Palacio de los Deportes se llenó hasta el último rincón para ser el escenario de una noche que quedará en la memoria de quienes estuvieron. Desde temprano, el movimiento en los accesos al estadio hacía prever lo que se venía: un lleno total y un público que llegó cargado de expectativa, nostalgia y ganas de cantar. A las 22.10, con las luces apagándose y los primeros acordes sonando, la ovación fue inmediata y no paró durante las dos horas que duró el show.
Con una propuesta escénica centradas en ofrecer un show inolvidable, Los Cadillacs repasaron 40 años de trayectoria con una intensidad que encendió a un público de todas las edades. Temas icónicos como "Manuel Santillán", "Calaveras y diablitos" y "El León" transformaron el estadio en un coro masivo donde cada generación encontró su momento. No hubo grieta entre los que los descubrieron en los 80, los que los vivieron en los 90 y los más jóvenes que llegaron de la mano de sus padres: todos cantaron, todos bailaron, todos fueron parte de la misma fiesta.
Uno de los instantes más emotivos de la noche fue la presencia del hijo de Vicentico en el escenario, un detalle que le dio a la celebración una dimensión todavía más especial y que graficó mejor que nada lo que Los Cadillacs representan: una banda que atraviesa el tiempo, las generaciones y los contextos sin perder ni un gramo de vigencia. 16 álbumes, premios MTV, Gardel, Konex y Grammy avalan una trayectoria que esta noche en Tucumán volvió a demostrar por qué son una de las bandas más importantes de la historia del rock latinoamericano.
La noche confirmó que el regreso valió cada año de espera. Arriba y abajo del escenario, Tucumán vivió una de esas noches que no se explican, se viven. Y así fue cómo lo vivieron los tucumanos: