“Del otro lado del tiempo” es la opera prima de la escritora afincada en Tucumán donde conviven la cultura incaica, la física cuántica, la espiritualidad y un poderoso universo femenino: “Me gustaría que se lea como una novela que revele aspectos poco conocidos de una civilización”.
Olga María Acosta, la autora.
La civilización incaica, la física cuántica, la espiritualidad y un poderoso universo femenino conviven en “Del otro lado del tiempo”, la novela histórico-metafísica/triller psicológico donde Olga María Acosta desafía las concepciones ortodoxas del tiempo. El libro es la opera prima de la autora y plantea una historia fascinante que invita al lector a viajar en el tiempo y en el espacio en un viaje desestabilizador y transformador.
Cuando Elisa abre un baúl al volver a la vieja casa asturiana de su infancia, una túnica intacta la espera. Al tocarla, el pasado se enciende. Al vestirla, no imagina que su tiempo –¿el tiempo?– va a abrirse como un tejido milenario. En los días del Imperio Inca, una niña de once años llamada Yuriana es elegida para servir al Sol. Entre ambas mujeres –separadas por cuatrocientos años, unidas por la misma llama– se abre un corredor invisible donde el deseo, el odio y grandes eventos históricos giran como planetas alrededor de un mismo centro: el misterio del alma. De esa manera podría sintetizarse la compleja trama de la novela publicada por la editorial tucumana Gerania y que se encuentra en etapa de preventa. Quienes deseen adquirirla pueden hacerlo a través de las redes sociales de la editorial.
En “Del otro lado del tiempo”, la escritora salteña residente en Tucumán construye una novela donde convergen su formación artística, mirada poética y una búsqueda emocional que atraviesa continentes y épocas. Con el humo de las hogueras incaicas y el romanticismo del campo español como telón de fondo, esta historia deslumbrante nos recuerda que el cuerpo guarda la llave del tiempo. La maestría narrativa de Olga María Acosta radica en rehusarse a decirnos cuál es el sentido verdadero de lo que sucede.
-¿Cómo fue el proceso de escritura de la novela? ¿Cómo la caracterizarías?
-Todo empezó con el concepto de “tiempo no lineal”. Esta visión, en la que el presente y el pasado pueden coexistir, me llevó a pensar en una novela histórica. Quería que mi novela reflotara algún aspecto de la cultura incaica: elegí el contexto del Acllahuasi (aclla: virgen; huasi: casa): La Casa de las Escogidas, donde transcurría la vida de las Vírgenes del Sol. Pero hablar de “tiempo no lineal” y circunscribirlo únicamente al ámbito de la “novela histórica” implicaba una visión reduccionista de la concepción del “tiempo no secuencial”. La idea del tiempo como una trama multilineal abre el juego a otras disciplinas, a otras ciencias que van más allá de la física clásica, como la física cuántica, la metafísica, la psicología. Entonces surgió esta novela histórico-metafísica/triller psicológico, que se caracteriza justamente por la fusión de géneros. No es una novela histórica en el sentido estricto, porque el eje temporal de la trama es bidireccional.
-Hay algo muy singular en esa forma en que trabajás el tiempo: no como una línea, sino como una materia porosa donde los siglos se contaminan entre sí. ¿La novela nació primero como una historia de amor, como una novela histórica o como una reflexión sobre el tiempo mismo?
-Cuando empecé a escribir la novela no pensé en una historia de amor, y sin embargo surgieron en el camino historias de amor prohibido. Pensé en una novela puramente histórica, pero elegí apostar por una concepción multidireccional del tiempo, salir de la idea de la linealidad en donde el tiempo puede “medirse”, romper el orden cronológico tradicional y plantear interrogantes: ¿El tiempo sigue exclusivamente una secuencia progresiva? ¿O puede también existir un “tiempo regresivo”? Cuando entramos en un sueño profundo, ¿soñamos o recordamos?
-¿Cómo pensás que será recibida esta novela? ¿Cómo te gustaría que se leyera?
-Imagino al lector, al llegar a la última página, elaborando hipótesis sobre lo que sucede en la novela. Además de imaginar cómo será recibida, también pienso en lo que deja en el lector el contenido de la obra: qué emociones va transitando a medida que avanza en la lectura, qué dudas o qué certezas lo atraviesan capítulo a capítulo, qué clima interior le generan las situaciones que desbordan a los personajes. Me gustaría que se lea como una novela que interpele, que movilice; que revele aspectos poco conocidos de una civilización, que aporte riqueza en relación al lenguaje y al empleo de frases y términos en quechua y en bable. Fundamentalmente, que muestre una mirada distinta sobre la concepción ortodoxa del tiempo.
-El universo femenino de la novela es muy poderoso ¿Sentís que la novela intenta recuperar una historia de las mujeres que quedó fuera del relato oficial? ¿Cómo se relaciona esa mirada con tu propia exploración espiritual?
-En algún momento hemos estudiado o leído sobre la civilización incaica: su organización social, con el Sapa Inca en el vértice de la pirámide; la agricultura y las terrazas de cultivo; la arquitectura y el arte; los rituales y ceremonias, pero pocos saben que existieron niñas que eran reclutadas para servir al Sol. La novela rescata la existencia silenciosa de esas mujeres.
El amor, el odio, la violencia, la locura, el deseo, el dolor -transversales a las mujeres de la novela- no solo dejan huellas en el cuerpo: también alcanzan el espíritu de cada una de ellas. Y en este punto siento que existe un paralelismo con mi proceso creativo: mientras escribía la novela podía sentir las emociones de los personajes. Cada uno de ellos tiene algo -mucho o poco- que me es propio: la incertidumbre de Elisa, la nostalgia de Yuriana, la determinación de Amaru, la fortaleza de Eva, el erotismo de María Laura, la entrega de Begoña.
La dualidad es una constante en la novela: lo divino se superpone con lo mundano, lo devocional con lo irreverente. Dualidad necesaria para que exista el equilibrio. Esa es mi mirada.
-¿Cómo pensás hoy la relación entre territorio y literatura? ¿Qué hay de Tucumán en la obra?
-El territorio no es solamente una extensión geográfica, es también un escenario sociocultural, arquitectónico, el marco referencial que sirve de sustento a la literatura. La vida de los seres humanos se desarrolla en un lugar geográfico que determina su idioma, su religión, sus tradiciones, su cosmovisión. Y la literatura tiene la posibilidad de explorar esa diversidad.
En la novela hay referencias al Café Colón, que existió en Tucumán a fines del siglo XIX; también a la Capilla de Nuestra Señora de Covadonga, en El Mollar, construida hacia mediados del siglo XX. La historia de la construcción de la capilla, narrada en la novela, es verdadera.
-En la novela está presente la física cuántica ¿Qué relación personal tenés con esas teorías y cómo se vinculan con la literatura?
-Pienso que la búsqueda del sentido es inherente a la condición humana. Buscamos respuestas a preguntas existenciales: la naturaleza del Ser, la vida y la muerte, el tiempo, el infinito, el alma. Y cada uno indaga a través de distintas “herramientas”. Para algunos será la Filosofía, para otros, la Espiritualidad, o la Religión, o la Lógica, o la Metafísica, o la Física cuántica. Incluso a través de lo holístico o de lo esotérico. No creo que haya una disciplina que descalifique a las demás: todo aquello en lo que encontramos sentido, todo lo que concuerde con nuestras creencias, es válido.
Las certezas de la física clásica han dado paso a un concepto, cuanto menos, perturbador: la probabilidad. Durante siglos se ha pensado el Universo como un mecanismo de relojería. Un Universo predecible. Verdades absolutas e irrefutables. La física cuántica es una ciencia relativamente nueva, reconocida como tal a principios del siglo XX. Introduce un cambio en la forma de entender el mundo; la realidad no es estática, ni susceptible de ser medida. Esas verdades que considerábamos absolutas, han sido invalidadas por la teoría cuántica. La Física cuántica, además, ha inspirado la creación de obras que no solo exploran los límites del tiempo, sino que los desafían, y esto nos aporta una gran riqueza literaria.