BUENOS AIRES

Alberto Prebisch: el tucumano detrás del símbolo más porteño

Alberto Prebisch fue el arquitecto nacido en Tucumán que craneó la escultura que representa a la ciudad de la furia: el Obelisco, monumento que cumplió 90 años este mayo.

30 May 2026 - 22:13

Obras polémicas pero cargadas de sentido: el Obelisco de Buenos Aires encaja perfectamente en esta idea. Un 23 de mayo, pero de 1936, con motivo de los 400 años de la primera fundación de Buenos Aires, se inauguraba en el cruce de donde hoy confluyen la Avenida 9 de Julio y la calle Corrientes un monumento de 67,5 metros.

El Obelisco es un ícono por el cual gente de todo el mundo reconoce a la Ciudad. Con el correr de los años se ha convertido en un histórico punto de encuentro para actos y celebraciones significativas por parte de los argentinos: imposible contener la emoción ante la avalancha de gente que colmó este espacio aquel caluroso diciembre de 2022, tras el triunfo de Argentina en la Copa del Mundo.

Sin embargo, la gloria no siempre fue parte de la visión que tenemos del monumento. Alberto Prebisch se había graduado de arquitecto en la Universidad de Buenos Aires. Hijo de un inmigrante alemán y de una salteña de familia tradicional, pertenecía a una familia destacada en distintos ámbitos: Amalia Prebisch de Piossek fue una célebre poetisa, su hermano Raúl Prebisch economista y Julio Prebisch rector reformista de la Universidad Nacional de Tucumán.

En 1921, el joven arquitecto inauguraba una de sus primeras obras: el Mercado de Abasto de Tucumán. Completaría más tarde su formación en Europa, hacia donde se dirigió apenas obtenido su título junto con su compañero de estudios Ernesto Vautier, estableciéndose en París durante más de dos años. Ese viaje marcaría profundamente su manera de entender la arquitectura, en un momento bisagra para las corrientes modernas que comenzaban a transformar las ciudades europeas y a las que Argentina observaba con atención.

Paul Valéry es uno de los pensadores en quien nuestro talentoso tucumano se habría inspirado —y a quien entrevistó— para una nueva conceptualización de la construcción. Valéry revalorizaba la geometría como fuente del arte más abstracto y elevado, al que asimilaba con la música. El rigor, la precisión y la racionalidad eran para él las bases para el hallazgo de la verdad en todas las disciplinas, sustentadas en un orden común.

La otra figura en la que Prebisch se inspiró fue Tony Garnier, consagrado realizador de la comunión entre arquitectura y urbanismo, característica fundamental de la modernidad. Prebisch rescató de él su regionalismo profundo e instintivo. Asociado con su colega Vautier, presentó al Salón de Bellas Artes el proyecto "Ciudad azucarera en la provincia de Tucumán", obteniendo uno de los premios.

Fue crítico de arte, diseñador, intendente de Buenos Aires y una de las figuras centrales de la arquitectura racionalista argentina. Esto significaba un cambio de era en los conceptos de diseño: primero, la funcionalidad; después, la estética.

Cuando le encargaron esa obra, la construcción demandó apenas 31 días hábiles. El trabajo estuvo a cargo de una empresa alemana y constó de una estructura metálica recubierta de piedra blanca traída de Córdoba. Y sin embargo, pese a tanta expectativa, el día que se descubrió la obra no fue para nada ovacionada. Fue polémica y bastante cuestionada.

“Ha sucedido que el público porteño adelantó demasiado sus juicios. Juzgó la obra cuando ésta no era más que una enorme mole de cemento. Hoy, cuando sirve para dar fin a una perspectiva y desde cuatro puntos de la ciudad se le observa en toda su grandeza, se piensa de distinta manera. Mi idea ha sido esa precisamente. Las calles de Buenos Aires traducen algo del espectáculo de la pampa. Se prolongan indefinidamente, sin que ningún detalle destacable detenga nuestra mirada. Son, en este sentido, calles sin personalidad. El obelisco da un significado cierto a las enormes obras ciudadanas que son la Diagonal y la calle Corrientes ensanchada”, decía el arquitecto en 1936 para una entrevista con La Gaceta, ante las críticas tan fuertes del vecino porteño.

Fue el intendente Mariano de Vedia y Mitre quien encargó la obra a Alberto Prebisch. Y en esa ocasión aclaraba: “La intendencia me propuso la idea de construirlo y yo lo he realizado de acuerdo a mis ideas. Siendo una obra de apariencia tan simple, todo ha consistido en haber guardado la proporción de las oblicuas. Creo no haber fracasado. En cuanto a sus magnitudes, no lo colocan en el primer lugar entre los que existen en el mundo, puesto que en Washington existe uno construido exclusivamente de piedra que se eleva hasta 190 metros. Pero es el mayor del mundo construido en cemento armado”.

Lo más llamativo es que el monumento estuvo a punto de desaparecer apenas tres años después de su inauguración. El Concejo Deliberante de Buenos Aires había votado su demolición. Para muchos era una burla, un adefesio, un bodrio, un armatoste. Sin embargo, no sucedió. El intendente Arturo Goyeneche vetó la ordenanza y salvó una obra que con el tiempo terminaría convirtiéndose en el principal símbolo de la ciudad.

El lugar donde se emplaza el Obelisco solía estar ocupado por la iglesia San Nicolás de Bari, espacio donde, según la tradición, se izó por primera vez la bandera argentina en Buenos Aires. Esta demolición, llevada adelante para abrir la 9 de Julio, fue considerada por muchos una profanación: una iglesia derribada para levantar un monumento laico y fálico.

Uno de los grandes misterios para quienes transitan por Corrientes o por la Avenida 9 de Julio es imaginar el interior del Obelisco. ¿Es hueco? ¿Es macizo? La duda se resolvió para muchos durante el Mundial de 2022, cuando tras vandalizar la entrada algunos hinchas subieron por la escalera metálica de 206 escalones que conduce hasta la punta del monumento.

Décadas después, el ícono porteño comenzó a abrirse al público de una manera inédita. Tras un arduo trabajo, en noviembre de 2025 se inauguró la Experiencia Obelisco. Nicolás Quintana, coordinador de Proyectos Especiales de la Ciudad de Buenos Aires, explicó para eltucumano: “Ingresamos el ascensor desarmado y se armó desde adentro. Esta experiencia se reserva por página web y es para hacer de a cuatro personas por vez. Es sumamente emocionante y te permite vivir el Obelisco de otra manera”.

El sábado 23 de mayo, en el aniversario número 90 del monumento, desde Proyecto Obelisco recibieron a familiares de Alberto Prebisch en una noche que incluyó un mapping que repasó los hitos de la historia argentina desde su inauguración en 1936, las figuras que pasaron por calle Corrientes, la música, los actores, los deportistas y los grandes momentos de la televisión y el cine. Una gran fiesta, con distintos escenarios inspirados en las diferentes décadas musicales del país, engalanó la noche porteña para rendirle el homenaje que este ícono merece.

El tucumano que imaginó el Obelisco difícilmente habría podido prever su destino. La obra que fue ridiculizada, cuestionada y hasta condenada a la demolición terminó convirtiéndose en el corazón simbólico de Buenos Aires. Allí donde Prebisch quiso darle personalidad a una ciudad que se expandía sin pausa, hoy confluyen festejos, reclamos, alegrías y tragedias colectivas. Noventa años después, el monumento más porteño de todos sigue llevando la firma de un arquitecto nacido al pie del Aconquija. Y acaso esa sea una de las mayores paradojas de su historia: que el símbolo definitivo de Buenos Aires haya sido imaginado por un tucumano.

Foto: Alejandro Goldmberg

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