La joven trabajadora social es una de las figuras emergentes de la poesía tucumana. La experiencia de participar del Festival de Poesía de Rosario y la búsqueda de un camino artístico que tenga corazón. Así escribe.
Hace tiempo que los circuitos literarios de Tucumán componen una escena cultural efervescente y dinámica. Festivales internacionales, nacionales, provinciales, editoriales de todos los géneros y colores, autores que acumulan premios y distinciones de distintos tipos dan cuenta de ello. Y, principalmente, un vibrante caudal de libros y obras que parece no agotarse. Es en medio de este ecosistema, que involucra amistades, mezquindades, tensiones varias, y el trato humano diario de cualquier otra profesión, que nuevas camadas de escritores aparecen, con sus propias inquietudes, sus búsquedas estéticas, sus posturas políticas, sus posiciones tomadas sobre un mundo que ya han empezado a caminar. Es el caso de Julieta Ruiz, trabajadora social y joven poeta tucumana de 25 años. El nombre de Julieta fue una gran relevación el año anterior, cuando el Festival Internacional de Poesía de Rosario dio a conocer el listado de seleccionados para su Residencia 2025 y ella figuraba como la única convocada por la provincia de Tucumán.
El Festival Internacional de Poesía de Rosario (FIPR), que en ediciones anteriores tuvo por residentes a otros poetas de nuestra provincia como Sofía de la Vega, Alexander Rivadeneira, Eva Costello y Sara Georgieff (entre otros), constituye un punto de encuentro clave para editoriales y autores de todo el país. Durante esos días se producen clínicas, talleres, mesas debate y recitales abiertos al público general, y que resultan de suma importancia para los convocados a su residencia, ya que implican una instancia formativa excepcional y de gran provecho para estos incipientes poetas.
-¿Cómo te decidiste a participar de la convocatoria del Festival Internacional de Poesía de Rosario (FIPR)?
-Una amiga poeta que se llama Constanza vió algo en mí que yo claramente no, y me envió la convocatoria. Sentir que alguien me quería tanto y creía tanto en mí, me hizo sentir que era posible llegar tan lejos como yo quisiera y que si fallaba tenía su cariño (al final del día solamente importa eso).
-¿Qué podés contarnos de esa experiencia en Rosario? ¿Cómo fueron esos días?
-Fueron días de comida rica, risas sinceras y abrazos poéticos. La gente que me recibió apenas llegué me trató como parte de algo importante, se preocuparon por mí y por cómo podía sentirme estando en un mundo que no conocía y me hicieron sentir que pertenecí desde el momento que llegué a la residencia.
Mis compañeros me enseñaron de poesía y nos desvelamos leyendo. Llevamos una camarita por todos nuestros paseos para documentar la aventura. Conocí personas increíbles, graciosas, excelentes, que escriben desde la pasión, el amor, la rebeldía y la ternura, la convicción de cambiarlo todo.
Aprendí palabras nuevas que todavía estoy ensayando y cuando las pronuncio solo puedo recordar los chistes internos que uno va inventando entre mates amargos o dulces.
El equipo que nos recibió tuvo demasiadas atenciones conmigo. Nunca termino de agradecerlas, porque entiendo todo el esfuerzo que hicieron. Uno nunca se olvida de la gente que creyó en su poesía. El último día, cuando estaba yéndome a la terminal, una de las organizadoras, Julia Enríquez, me alcanzó y me abrazó mientras yo lloraba porque me había regalado libros de su editorial Danke. Eran libros que no solo me entendían, sino que daban cuenta de que, en una semana, ella había descifrado mi corazón y había decidido regalármelos como abrigo para el largo viaje que me esperaba.
La gente de la poesía es mágica, si leen esto saben de quienes estoy hablando, y sobre todas las cosas, la gente de la poesía es el mejor refugio, como dijo Warpola, porque es ese lugar donde cabemos todos.
-¿Conocías los circuitos literarios de Tucumán antes de viajar al festival?
-La realidad es que yo no conocía nada de nada y viajé súper perdida. Una parte de mí se sentía alegre y la otra muy insegura, preguntándome por qué me habrían elegido entre gente que realmente sabía de poesía. Cuando llegué allá los chicos de la residencia fueron tan buenos conmigo que me olvidé de lo que no sabía y empecé a aprender de ellos. Gente muy generosa, única en el mundo.
-Hace poco egresaste de Filosofía y Letras como Trabajadora Social ¿Hay algún vínculo entre esta profesión y la poesía?
-Yo creo que sí. Ser trabajador social implica una sensibilidad que a veces es dolorosa y otras veces gratificante. A veces también es desesperante observar las necesidades de la gente y sentir que uno no puede hacer tanto como quisiera, pero entonces nuevamente la poesía aparece, como refugio. Refugiarse y escribir sobre esa injusticia, invitar a las personas con las que trabajo a escribir para sanar sus historias de vida. Creo que es urgente comenzar a ver a las palabras como herramientas de sanación y desde ese lugar podemos intentar muy ambiciosamente, cambiar el mundo, porque es una fantasía que los trabajadores sociales nunca abandonamos, forma parte de lo que somos, sensibles y testarudos.
-¿Hacia dónde creés que van a llevarte los poemas que estás escribiendo?
-Ojalá que no muy lejos de mi corazón. Yo pienso que pierde sentido si dejamos de escuchar nuestros propios latidos. La creatividad tiene lugar cuando nos permitimos jugar y no pensamos tanto en el error, en el qué podría pasar si envío esto y no quedo, si no soy suficiente o los demás no me validan.
Ojalá mis poemas me lleven a compartir más mates sinceros y a escuchar acentos nuevos y palabras chistosas que jamás haya oído antes. Ojalá me lleven a compartir en mesas de gente inteligente y humilde que sepa compartir lo que sabe y sepa reconocer lo que no sabe. Ojalá alguien me escriba diciéndome que mis poemas le cosieron algo que se sentía dolorosamente descosido.
Ojalá mis poemas me lleven lejos, pero nunca muy lejos de mi corazón, porque yo creo que en este mundo donde es difícil imaginarse fuera del mecanismo capitalista, la brújula del artista es el corazón.
Poemas de Julieta Ruiz
Qué es
Mucha gente me pregunta
qué es la poesía
les digo que no sé
que eso es lo divertido
Me preguntan
si soy poeta
les digo que estoy averiguando quién soy
y que eso
es lo divertido
la poesía es
un chasquiboom en navidad
ser poeta es
volver a tener 5 años de edad
cuando rasparse las rodillas
era sinónimo de vida
y no de error
Peluche
querido peluche viejo
aquello que sabemos bien
ya no encaja
se ha vencido el cielo
impaciente por volverte a ver
que no es esa una verdad
una fé
sino un destino
debería reunirme un poco más
con lo que queda al fondo
de nuestros últimos
en ese diálogo
un monólogo
doloroso
en lo más hondo de tus sobras
cuando
definitivamente la fé sufra la ruptura
y la ruptura arda definitivamente
quemadura
rezar
la copia de tus llaves caerá
desafiando
lo que ya no es
¡qué coraje!
mi tierra desangraste en luciérnagas
estoy de luto
la habitación es jaula
y puede ser solitud
Abuela ciervo
El gran sueño de mi abuela era ser maestra
Se levantaba en la oscuridad
buscando con qué peinarse
Aguardaba trenzas
caricias
Nunca llegaron
Voy a prender la luz por ella