OPINIÓN

La mujer y la niña en la ciencia

La vocación científica surge luego de haber transitado un camino en el que ha sido posible, primero, el acceso a la educación y por ende, al conocimiento. Ciencia y Educación van de la mano.

13 Feb 2017 - 16:09

Hipatia, la científica de Alejandría

El 11 de febrero se celebró el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en el año 2015.  En nuestro país los científicos ya cuentan con un día especial (el 10 de abril, día del nacimiento del Dr.  Bernardo Houssay) ¿Es necesaria entonces una efeméride más? ¿En qué radica su importancia? En primer lugar creemos que es necesario reconocer los aportes que las mujeres han realizado en pos del avance del conocimiento y del propio lugar de la mujer en la ciencia, a lo largo de la historia y en todas las disciplinas. Existen múltiples ejemplos que atestiguan esas contribuciones: Hipatia de Alejandría, Sor Juana Inés de la Cruz, Marie Curie, Florence Nightingale.

En segundo lugar, y no por eso menos importante, porque ponemos el acento en que una vocación científica no se define de un día para otro, no es algo que se decide el último día de clases del último año de la escuela secundaria. Por el contrario, se trata de una decisión que surge luego de haber transitado un camino en el que ha sido posible, primero, el acceso a la educación y por ende, al conocimiento. Ciencia y Educación van de la mano.

Todos aquellos que trabajamos con la infancia sabemos  la importancia de acompañar desde el inicio esas inquietudes, ayudarlas a crecer, brindar espacios y sostenerlos. Porque las desigualdades, en todas sus formas, ya están presentes. 

En el difícil contexto que estamos atravesando, donde el presupuesto para ciencia y tecnología se ha reducido dramáticamente y donde el sector educativo también se está viendo afectado, es necesario involucrarse. En este sentido la Fundación Manos Abiertas, dedicada a la promoción y defensa de los derechos de los niños, niñas y adolescentes, hace su aporte. El trabajo diario de nuestros voluntarios, así como otras actividades que se vienen realizando dan cuenta de nuestro compromiso.

"Actualmente trabajamos en Barrio El Sifón y Los Vasquez. En este último, hace cuatro años se lleva a cabo un taller, la "Escuelita Popular", en donde realizamos actividades recreativas y educativas, desde el marco de la Educación Popular, en la cual los conocimientos no son impartidos por los voluntarios sino que se construyen en conjunto con la voz de la infancia. La Escuelita Popular, como todos nuestros talleres, se caracteriza por estar destinado tanto a niñas y niños, proponiendo actividades mixtas, como puede ser fútbol o baile. En lo educativo, trabajamos con la realización de artículos periodísticos o lectura de cuentos con temáticas ligadas a la infancia y al acontecer cotidiano de los chicos del barrio. La concientización de derechos es una tarea ardua, que consideramos debe comenzar desde la infancia, por lo que creemos y apostamos que no basta con proponer actividades recreativas o educativas al azar, sino con sólidos contenidos, que aborden situaciones que vivimos en nuestra sociedad y que permitan la desnaturalización de aquellas actitudes y acciones que ponen a la mujer en pie de desigualdad. Las mismas sólo tienen sentido si buscan construir una mirada crítica, si logran ser trabajadas en conjunto, dado que la lucha por la igualdad de género debe ser un compromiso tanto de mujeres como de hombres, de niñas y niños", cuenta Caty Jeger, voluntaria. 

Y vamos por más.  Por más educación, por más acceso y producción de conocimiento, por más niñas con vocación científica y  por más mujeres en la ciencia.



Además de la autora en este artículo colaboró Sabrina Alurralde 


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