A un día de la marcha por Ni Una Menos, un "desafortunado" anuncio en la red social de un boliche causó revuelo y trajo al tapete la discusión por el machismo y la discriminación.
Denos su dinero, somos lindas.
Un boliche tucumano publicó en su cuenta de Instagram una promoción por el invierno en la cual las mujeres podrían guardar gratis sus abrigos en el guardarropa. Hasta ahí, podemos cuestionarnos el sexismo de la promoción (¿por qué los hombres no?), y no mucho más.
El derrape descontrolado se dio con los siguientes hashtags: #HombresNoSeQuejen, #TambienEsUnRegaloParaUstedes, #MujeresConMenosRopaHombresMasFelices.
Acto seguido, el dueño del espacio salió a reconocer el error con un decálogo de perdones y reafirmaciones. “Dicha publicación fue realizada con el único fin de promocionar el servicio de guardarropas gratis para todas las mujeres, ya que en su mayoría se mueren de frío porque dejan sus abrigos en los vehículos por no querer pagar el servicio”, expresa.
Y prosigue: “Las personas que nos conocen saben perfectamente que estamos en contra del maltrato de la mujer y en muchas ocasiones ayudamos en actos benéficos, redes e instituciones por el maltrato a las mujeres”.
Hasta acá, lo que se dice sobre lo que sucede. Desde acá, lo que sucede en este y en la enorme mayoría de boliches, pubs y bares tucumanos.
Promotoras
Invierno, verano, primavera, otoño. No importa la estación del año, no importa del boliche o empresa que se trate, no importa cuántos grados haga, no importa en qué bar te sientes. Todos los fines de semana, un equipo de promotoras (siempre, SIEMPRE, mujeres) realizan una rotación por los bares tucumanos para promocionar la noche. A la ropa no la eligen ellas, sino una persona que las coordina. Si fuera por ellas, quizás no elegirían helarse una noche de pleno invierno con una pollera corta y/o un escote pronunciado. O sí, pero en este caso se lo imponen. Lejos estoy de criticar la vestimenta, y ante todo esto es su trabajo. Pero si podemos poner un nombre, esto es cosificación. Y eso no es estar en contra del maltrato.
Damas Gratis
“Si no pagás entrada, el producto sos vos”. Esto es sencillo. Boliches y fiestas permiten el ingreso gratuito de las mujeres a sus instalaciones porque, suponen, eso atraerá más hombres que sí pagarán entradas para ver el espectáculo de féminas que han ingresado sin pagar su entrada. Ojo, que entrar gratis puede sonar tentador, pero esconde otras intenciones.
Discriminación
Si por algo se caracterizan los boliches es por el uso indiscriminado de la frase “Nos reservamos el derecho de admisión y permanencia”. Este derecho, que parece ser básico y se supone debería utilizarse para evitar hechos de violencia o personas indeseadas, se extiende a diferentes casos de discriminación.
Josefina intentó entrar a la inauguración de un conocido boliche tucumano en el que tocaba el músico Leo García. Lejos de querer entrar a bailar, quería ver la banda. “Estaba de jean y zapatillas, como iría a cualquier recital. Cuando llegamos a la puerta el patovica nos preguntó si teníamos ‘invitación personal’. El boliche estaba abierto esa noche para todo público, incluso nos habían entregado un flyer, pero no me dejaron entrar y tuve que irme a mi casa. La siguiente vez que quise entrar a un boliche, tuve que ir prácticamente disfrazada”, expresa.
Vicky tuvo la misma experiencia, en otro boliche. “Fui con un grupo de amigas, estábamos todas bien arregladas; pero pasaron dos del grupo (rubias, altas) y a mí el patovica me puso la mano y me impidió pasar. Le pregunté qué pasaba y me contestó ‘no vas con el estilo de las chicas que entran…’, a lo que le repregunté ‘¿qué pasa, no soy rubia y con cara de modelo?’ y sin problemas me dijo ‘y sí, sos muy morocha, no se puede…’. En ese momento no sabía qué decir, era más chica. Al final nos fuimos todas, no sin antes recordarle al patovica que su color de piel era igual al mío”, ríe.
Según una ex empleada de Relaciones Públicas de boliches, la discriminación en la entrada tenía que ver con muchas cosas. La vestimenta, la edad o el estatus: “algunas veces intentaban entrar mujeres que eran strippers o prostitutas y no querían dejarlas pasar”. De todos modos, todo dependía de la noche. “Si había poca gente, pasaba cualquiera. Si estaba lleno, había más trabas para pasar”, expresa.
¿Qué nos pasa?
Era una noche de pleno invierno y corrían más o menos las 11 de la noche. Yo y un grupo de amigos quisimos sentarnos a comer en un bar sobre calle Maipú, del mismo dueño de una serie de boliches y bares tucumanos. No había ni una sola mesa ocupada, y sin embargo nos dijeron que para entrar necesitábamos tener reserva. Ese fue el día en el que decidí nunca más pisar ningún bar ni boliche en el que se realicen operaciones discriminativas.
Esto es mucho más que un post de Instagram. Es cosificación de la mujer y es discriminación en todo su esplendor. Es violencia, ni más ni menos.
Lo que hay preguntarse es por qué, sabiendo la manera en la que operan estos espacios, decidimos seguir contribuyendo a las arcas de quienes promueven una sociedad discriminadora, desigual, cosificadora y machista. Lo que hay que hacer, es dejar de hacerlo. O al menos fue lo que yo hice.