OPINIÓN

Las elecciones en la UNT en medio de la crisis nacional

Diego Toscano, secretario general de ADIUNT, se refirió al proceso electoral para renovar al conjunto de las autoridades de la Universidad Nacional de Tucumán, que una vez más se hará con "un Estatuto proscriptivo y antidemocrático".

22 Mar 2022 - 08:59

Imagen de archivo.-

Nuevamente, la elección se hará con un Estatuto proscriptivo y antidemocrático, que no solo impide el voto de las 8 escuelas preuniversitarias y de la Escuela de Cine (que agrupan a más del 10% de la docencia) sino que se sostiene en un sistema de representación distorsionado, con un marcado privilegio de una minoría de docentes titulares, que son menos del 5% de la docencia. 

El máximo órgano de gobierno de la UNT, el Consejo Superior, está integrado por 13 decanos y 9 docentes, de los que cuáles solo 3 representan a la inmensa masa de docentes que reviste como JTP o Auxiliar Docente. Por otra parte, numerosos docentes no podrán votar por revestir como interinos, pese a que la responsabilidad de esa situación corresponde por completo a las autoridades. 

Los estudiantes, que son la gran mayoría en la UNT, están representados también de un modo distorsionado y minoritario, y se da la peculiaridad que los representantes de los graduados (que en realidad, representan a las círculos profesionales y empresariales que agrupan a un pequeño sector de los graduados universitarios) son 2, mientras los más de 2000 trabajadores nodocentes solo cuentan con 1 representante en ese consejo.

Las escuelas preuniversitarias no tienen ningún representante y ni si quiera pueden elegir al director del Consejo que las agrupa (Consejo de Escuelas Experimentales) que sigue siendo designado a dedo por el rector.

La Asamblea Universitaria que se tendrá que reunir en mayo, lleva 7 años cajoneando una reforma estatutaria que comenzó en 2014. 

¡Qué contraste total con el anterior proceso de reforma estatutaria, del año 1995, cuando el Fondo Monetario Internacional ordenó que se adecúen los Estatutos universitarios a la Ley de Educación Superior que había impuesto el menemismo: las camarillas universitarias no tardaron ni un mes en implementar dicha reforma!

Bien mirado, no tienen ninguna intención de reformar el estatuto ni de democratizar la UNT.

Luego de la enorme huelga docente de 2014, se vieron obligadas a convocar a la Asamblea Universitaria ante la fuerte presión que exigía una democratización, pero inmediatamente sabotearon cualquier proceso de reforma. 

¿Tiene “Anticuerpos” la UNT?

Entre 2004 y 2012, la Universidad Nacional de Tucumán recibió una enorme cantidad de plata como consecuencia de su asociación con Bajo La Alumbrera.

Con ese impresionante flujo de fondos como respaldo, un sector de las camarillas se lanzó a hacer negocios en beneficio propio. En 2009, en el marco de una disputa por el reparto de esos fondos, el gobierno universitario se dividió. La pelea adquirió tal envergadura qué un altísimo funcionario del ex rector Cerisola apareció filmado en las redes sociales ofreciendo puestos a cambio de apoyo político. Está impactante jugada política -con cámara oculta incluida- no alcanzó para superar a la billetera oficial, y Cerisola se impuso en esos comicios. Pero quedaron en evidencia ante todos los métodos con los que se gobierna la UNT.

La Justicia Federal, en lugar de suspender una elección que estaba evidentemente amañada, culpabilizó a la propia comunidad universitaria de lo ocurrido, y en un fallo que quedará en la antología de la infamia judicial argentina, el juez Bejas desestimó las denuncias y apeló a los anticuerpos que la UNT supuestamente tendría para erradicar esas prácticas fraudulentas.

Menos de un año después, el derrumbe de un anfiteatro en la Facultad de Filosofía, apenas unas pocas horas antes del inicio de clases, puso en evidencia el alcance criminal de los negociados que se habían estado realizando con la plata de La Alumbrera y la infraestructura universitaria. Mientras las camarillas se habían enriquecido de un modo fenomenal, estudiantes, docentes y no docentes asistían a un declive permanente de sus condiciones de vida, trabajo y estudio. 

Pero el derrumbe puso en pie al movimiento estudiantil tucumano.

Este movimiento fue creciendo, y en 2013 llegó a ocupar 5 facultades por casi 40 días. 

La lucha dividió aún más a las camarillas, que llegaron divididas en 3 fórmulas a las elecciones de 2014. Cerisola logró imponer la continuidad y levantó las manos de Bardón y García. 

No obstante, el movimiento estudiantil ya había contagiado a la docencia, que se rebeló y llevó adelante una huelga de 89 días por reclamos salariales y laborales, que puso en crisis al régimen político universitario y obligando a la convocatoria de la Asamblea Universitaria.

En estos ocho años que pasaron desde 2014, las camarillas han demostrado que no tienen absolutamente nada nuevo para ofrecer: no han democratizado la UNT, que no ha dejado de retroceder académicamente, han potenciado la deserción estudiantil, han vaciado y destruido la obra social, han consagrado al ostracismo cultural al canal de televisión universitario, han pisoteado los derechos docentes y estudiantiles cada vez que han podido. 

Durante la pandemia, abandonaron a su suerte a estudiantes y docentes. 

El regreso a la presencialidad, en condiciones de completo descuido, muestra el alto grado de irresponsabilidad con el que se siguen manejando. 

El silencio de las actuales autoridades y de los candidatos al rectorado, ante el acuerdo con el FMI, a sabiendas de que lo votado en el congreso es ilegal y de que va a impactar negativamente en el presupuesto universitario, da cuenta de una completa falta de perspectiva e independencia política en la actual crisis nacional. Es que un sector apela al apoyo del gobierno nacional y el otro, a un apoyo de la oposición, ninguno plantea poner en pie la universidad contra el ajuste.  

Aunque a esta altura parezca increíble, han vuelto con la zanahoria de la asociación con la minería contaminante.

La democratización de la UNT, la defensa de su presupuesto, la recuperación de la Obra Social y la defensa del conjunto de los derechos estudiantiles, docentes y nodocentes, no vendrá de la mano de las camarillas. Se requiere un debate profundo y de una acción histórica y de lucha de la comunidad universitaria junto al conjunto de los trabajadores argentinos, para enfrentar las consecuencias nefastas que traerá el acuerdo con el FMI y para abrir un nuevo rumbo para la Universidad. 

* Diego Toscano es profesor en Letras, investigador en Semiótica y secretario general de la Asociación de Docentes e Investigadores de la Universidad Nacional de Tucumán (ADIUNT).

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