OPINIÓN

Los brutos intentaron, pero no pudieron

El periodista Daniel Villalba reflota una parte triste de su vida, que se remonta a la década del 70, cuando la dictadura le arrebató a más de un ser querido. Con un sentido texto, homenaje a los suyos que ya no están físicamente, pero que permanecen en su memoria y en su corazón.

24 Mar 2022 - 13:18

Foto de homenaje a desparecidos, un 24 de marzo. (Foto: La Tinta)

Hace un tiempo, en el Jardín de la República, los árboles, las flores y los jóvenes tenían la misma fuerza para crecer y embellecer la ciudad. Todo se llenaba con sus presencias, colores, perfumes y rebeldías. Vinieron unas nubes sin colores que taparon todo aquello y con gran capacidad destructiva quisieron fundar una ciudad gris.

Esas personas violentas y destructivas deseosas de poder se metieron por la fuerza en medio de lo que debía desarrollarse naturalmente.

Y desde ese lugar comenzaron a destruir todo lo que a ellos les parecía lindo e inteligente. Por la fuerza entraron el cuerpo de muchos para romper con la idea de lo sutil. Por el miedo se metieron en el pensamiento de otros y con la soberbia y la violencia del poderoso empezaron a destruir la libertad de lo natural.

Pero la mayoría de esos jóvenes, flores y árboles siguieron dando en cada minuto de sus existencias sus presencias en defensa de la belleza de la libertad. Aparecieron poemas, cuentos, hojas más verdes y flores más bellas. Perfume de amor y convicción comenzaron a recorrer las calles del Jardín de la República. Algunas flores eran pisoteadas en la plenitud de su desarrollo, otras se escondían para seguir pintando con los más brillantes colores y las restantes sufrían cada vez, que los que nunca entendieron la belleza de la libertad, les quitaban los pétalos uno a uno.

Hasta el último suspiro aguantaban las agresiones de aquellos que no tuvieron la oportunidad de entender y disfrutar la hermosura imponente de un árbol, la palpable realidad de una flor y el libre pensamiento de un joven.

Pero hubo una vez que toda esa pesadilla dejó de serlo, entonces los árboles, las flores y los jóvenes tucumanos comenzaron a soñar de nuevo.

Por más que se quiera e intente de las formas más diversas voltear un árbol, destruir una flor o callar un joven no se podrá nunca.

La presencia, la belleza y la libertad no se perderá jamás. Es imposible puesto que a todos aquellos que intentan hacerlo no les alcanza la presencia, no disfrutan lo bello y no conocen la libertad porque no entienden la imaginación.

Tucumán siempre será un jardín a pesar de aquellos que todavía no conocen las flores.

 

En los 70 amigos y amigas, jóvenes, bohemios, soñadores, vivíamos buscando un mundo más justo. Lectura, cine, teatro, música, poesías y fútbol nos contenían. Pensábamos que con la palabra podríamos tener un país más justo, solidario. Militábamos en el amor y en los sueños. Vino ese ciclón que arrasó con la vida y el cuerpo de muchas y muchos. Estudiantes, artistas, deportistas, jóvenes, amigos y amigas de lo cotidiano, que en esos tiempos vivíamos y ahora ya no están. Otros se fueron del país, muchos tuvimos un " exilio interno", soportando, asustados, esperando sin saber cuándo nos tocaría irnos de la vida. Con miedos, con llantos, enterándonos cuando algún conocido, querido, ya no estaba. Tristezas y alegrías se mezclaban en cada día. Quedamos para contar a nuestros hijos y nietos. Agradeciendo poder seguir viviendo y regando con lágrimas las flores que nos quedaron en el corazón y en el recuerdo. Escribí ese texto hace varios años, cuando cubría los juicios a los genocidas. Lo guardé y cada 24 de marzo lo refloto, lo leo con esas lágrimas que no puedo contener.

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