La profesora Emérita de la Universidad Nacional de Tucumán analizó las declaraciones y acciones que dejaron los comicios del pasado domingo. Un nuevo intento de judicialización y la intervención de la Casa de Altos Estudios.
Foto Secretaría de Comunicación.-
La campaña y los resultados electores en Tucumán despertaron actitudes antipolíticas, que condujeron a judicializar el proceso electoral en sus inicios, que llevaron a postergar nuestro derecho y deber de votar, y en su proceso final por judicializarlo por no aceptar el resultado de las urnas.
Fuimos testigos de un proceso de discriminación, de negación de la realidad y de una profunda desvalorización del voto popular. Al punto que un intendente, sostuvo: "En lugares donde hay pobreza y analfabetismo es difícil ganar". ¿Esta afirmación estaría, acaso, indicando que para votar hay que acreditar algún grado de alfabetización o bien que el resultado de la votación muestra que los pobres y analfabetos son los votantes del peronismo?. Realmente, es una posición de un atraso escalofriante.
Por otro lado, la actitud violenta de un candidato a vicegobernador al conocer los resultados electorales muestran una mala lectura de la realidad.
Ni bien terminó el proceso de votación, comenzaron los cuestionamientos por la demora en los inicios de las elecciones, cuando lo que había sucedido se debió a que un altísimo porcentaje de presidentes de mesa no fueron a cumplir con su deber de ciudadano, tal como comentaron los medios.
Lamentablemente, la UNT no quedó al margen de estas “crispaciones” y nuevamente estuvo salpicada por las declaraciones de un funcionario que ofreció al cuerpo de abogados de la UNT para colaborar en la judicialización del proceso electoral, cuyo resultado favoreció a una candidata a Intendente, que no era de su personal preferencia política.
Es lamentable que en momentos en que la universidad está realizando un encuentro sobre temáticas que conciernen a los DDHH se soslaye la discusión sobre la discriminación al peronismo, al voto popular y al pluralismo, que debe reinar en la UNT que dice defender los DDHH:
La defensa del voto popular, el cuestionamiento a la discriminación constituyen las formas de defensa de los DDHH.
¿Acaso, la comunidad universitaria toda, sus decanos, consejos, profesores, docentes, estudiantes, no docentes y egresados han manifestado su preferencia electoral? ¿La UNT no es acaso ideológicamente plural?
Me pregunto, ¿qué derecho tiene de ubicarse en el lugar de dueño de la institución y ofrecer el staff de abogados, cuyos sueldos son pagados por la UNT? No son sus fondos sino los fondos de la universidad que ofrece sin temor ni temblor.
En todo este proceso la mala fe ha minado la política por parte de quienes, en lugar de hacer política, ejecutan la antipolítica, al negar el valor del voto popular, al arrojar mantos de sospecha cuando los resultados no son los esperados.
Según Sartre, la mala fe consiste en una mentira o engaño que las personas se hacen a sí mismas para no reconocer su responsabilidad y que terminan creyendo esa falsedad, que han inventado. Aplicado al proceso electoral, significa que el sector que ha perdido en la contienda no asume ninguna responsabilidad respecto del corte de votos, de su metodología electoral, de su vínculo con los votantes, de la falta de programas, etc, etc. Siempre los culpables de las propias elecciones son los otros.
En la política, la mala fe es un síntoma de la antipolítica que estamos atravesando y que hoy iniciamos con optimismo un proceso de transformación. Proceso que sería importante aplicar en la UNT, cuya trayectoria fue la defensa de las libertades, el reconocimiento de la importancia de la democracia y la separación entre la política partidaria y las cuestiones académicas, que no deben confundirse ni soslayarse.