La Doctora en Filosofía y Profesora Emérita de la UNT, Susana Maidana, analiza las brutales palabras de Ricardo Bussi sobre la comunidad LGBTIQ+ que generaron un escándalo nacional.
Un escritor contemporáneo[1] afirma que el pensamiento es como un edificio y si es estrecho, pensamos estrechamente. Reflexión interesante e importante en estos tiempos de “crispación”, término que tiene un dejo de condescendencia.
Un legislador provincial se pregunta azorado por qué sus declaraciones han resultado ofensivas porque no considera ni entiende que lo sean.
Comienza diciendo que “quien decide ser travesti, que se la banque solo”. Es decir, que está admitiendo que el hecho de elegir otra forma de subjetividad y sexualidad es algo que trae problemas, especialmente, para quienes tienen pensamiento estrecho.
Pero, agrega, sin sonrojarse, que los miembros de la comunidad LGBTIQ+ merecen tanto respeto como los rengos o ciegos, afirmación que significa dos cosas: 1. Que ser gay, travesti, lesbiana… es una enfermedad, una discapacidad, una anormalidad. 2. Posición propia de una forma de pensar del siglo XIX que se llama “Higienismo”, que sostenía que había que limpiar a la Argentina de negros, inmigrantes, enfermos de sífilis, homosexuales, pobres, entre otros, para construir un país sano y limpio.
De modo que declaraciones como éstas distan de ser respetuosas sino agraviantes, producto del desconocimiento y de una forma de ser poco solidaria con el otro ser humano, que merece ser seriamente respetado. Menos aún de quien pretende ser representante de todas y todos los ciudadanos y que debiera ser defensor de los derechos humanos. Término éste que suele estar en jaque en estos difíciles tiempos en que la memoria juega malas pasadas, la verdad es tergiversada y la justicia, en algunos casos, mira para otro lado.
[1] Simon Blackburn (2021), Una incitación a la filosofía, Paidós, Barcelona.