EL DIARIO DE ACÁ

eltucumano, la lluvia que tanto esperamos

El 24 de noviembre de 2016 llegó a las pantallas de todos los tucumanos y tucumanas un nuevo diario con vientos de cambio y una idea fija: lo único que nos empapa y lo único que nos importa es lo que pasa acá, en la provincia que amamos contar. | Por Alfredo Aráoz

23 Nov 2023 - 19:36

7 años.

Llueve como nieve de repente este jueves de noviembre en las vísperas de los 7 años de eltucumano y no podía ser de otra manera: la lluvia siempre es noticia en Tucumán. Cómo llueve, cómo suena, cómo cae, cómo tiembla una chapa, cómo crecen los ríos, cómo saltamos los charcos, cómo nos alivia el cuerpo, cómo nos preocupa la casa, siempre el agua anda al acecho. Como una bombucha de verano.

Llueve como nieve esta tarde de noviembre en eltucumano y hay lluvias en estos siete años que salpican los recuerdos: una fue la lluvia que justo un 23 de noviembre de 2018 devino en temporal y desbordó los ríos de Tucumán. En uno de ellos, en el río Colorado de Famaillá, un hombre sin nombre con la camiseta de San Martín suplente se ataba una soga al pecho y se tiraba del puente para salvar a grandes y niños. Esa sería mi primera gran nota en eltucumano.

El video con el héroe anónimo Ciruja se viralizaba por todos lados, pero nadie sabía quién era él. Ni siquiera nosotros sabíamos quién era ese valiente y otros medios hasta preguntaban a sus lectores si lo conocían. Pero no, nadie, nada. Hasta que sonó mi celular: “¿Don Alfredo? ¿Ha visto lo de ese muchacho que se tiró al río y salvó a los changuitos? Es mi tío. Se llama Miguel. ¿Quiere que le pase el teléfono?”.

Quien llamaba era un limpiavidrios de edificios al cual habíamos entrevistado unos días atrás. Era un muchacho que se subía a andamios y dejaba impecable la fachada vidriada del edificio de Osde, en la esquina de Buenos Aires y Las Piedras, a media cuadra de la primera redacción de eltucumano donde hoy funciona un jardín de infantes. Ese muchacho llamado Eduardo Palacio era el sobrino de Miguel Giménez, el héroe de Famaillá que emocionaba al país por su gesta y le contaba a eltucumano en la nota: “Lo haría de vuelta”.

Aquel día entendí lo que mi compañero de redacción Pollo Svetliza ya había anunciado en Tucumán Zeta, otro pariente también cercano de eltucumano. El Pollo decía: “Si Tucumán es la provincia con mayor densidad demográfica del país, es lógico que sea la que más historias tiene por metro cuadrado”. Entonces, entre un limpiador de vidrios en las alturas de barrio Sur como Eduardo Palacio y un héroe río adentro de Famaillá como Miguel Giménez solo había una nota en un diario de distancia.

La segunda lluvia que marcó a fuego mi tiempo en eltucumano fue obra del otro compañero a cántaros que ha dado Tucumán Zeta y sus ríos de tinta como puntazos en Villa Urquiza. Fue bajo un aguacero monumental como el que cae ahora el día que Pedro Noli, sentado en la redacción, se sentía incómodo frente a un teclado y a las miles de ventanas abiertas en la pantalla, pero ninguna con la verdad de lo que pasaba afuera: la calle era un mar.

Paradojas del clima que vivimos en estos 7 años, cierto día Pedro me dijo que eltucumano era necesario como el agua cuando él, en su hermoso departamento de Rioja y Rondeau, miraba cómo en la pantalla de TN solo hablaban de la lluvia que caía en Buenos Aires mientras que en Tucumán los naranjos se partían bajo el sol sobre una parrilla de adoquines. 

Acaso cual César Tiempo, Pedro entendía que nadie más que un medio de acá, tucumano, sin erres marcadas ni casitas de Tucumán nos iba a decir cuál era la realidad que sentíamos en la piel y no a través de una pantalla. Que nadie podía hacernos creer que saliéramos con paraguas si para nuestra siesta se imponía una pelopincho naranja. 

Sin el porteño centrismo invasivo hasta en nuestros bares y peatonales, desde hace siete años sentimos que las historias de acá merecían su propio diario. Los barrios tucumanos merecían su propio diario. Pedrito, el rey de la pizza del Mercado merecía su propio diario. Las Minifaldas merecían su propio diario. Atlético merecía su propio diario. San Martín merecía su propio diario. La Liga con LTA merecía su diario. La Calesita merecía su propio diario. La Silvia salón unisex de la Villa Obrera merecía su propio diario. Los chicos merecían su diario. La achilata, la milanesa, el panchuque, la empanada, la cumbia, el folklore, la música clásica, el pop merecían su propio diario. La radio merecía su diario. La lluvia merecía su diario.

Entonces aquella vez que llovió, Pedro dejó el teclado, se sacó la remera, se quitó las zapatillas, se arremangó el vaquero, agarró un paraguas y salió a transmitir un vivo por la Chacapiedras. Bajo los techos de lona de los drugstores (el azul y el rojo) egresadas y egresados salían en vivo por el facebook de eltucumano tomando cerveza Norte y en Dani nos ofrecían bombas de queso por tanto amor verdadero, genuino, posta. 

No es chamuyo. No hay mucho más que agregar. No hay nada raro. Son las mismas ganas de brindar con lo que tengamos a mano por estos siete años: con un asado de obra los viernes, con Floresta y Central Córdoba estallados el fin de semana, con Ciudadela o 25 hasta la jeta, con un apretado para arrancar el lunes, o con la vida tómbola de todos los días, y arriba y arriba, hasta levantar el vaso y brindar por muchos años. Bajo la lluvia hermosa de Tucumán. Nada más. Nada menos. Clarito. Como el agua.

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