De “la casta tiene miedo” a servirle el país en bandeja a los grupos empresarios más poderosos de aquí y de allá. De rechazar acuerdos con “regímenes comunistas” a sentar las bases del Fujimorazo argentino. De evocar a Alberdi a flamear la bandera de Israel, vivir en el hotel del “dueño de Argentina” y besos fogosos que pagamos todos los compatriotas al brindis de la casta.
Javier Milei y el embajador de EEUU en Argentina, Marc Stanley.
"No la ven", repiten como un mantra los militantes del nuevo oficialismo nacional y hasta el presidente Javier Milei postea una imagen de la Casa Rosada con una bandera alusiva. Este nuevo pseudo slogan viene a suceder y profundizar el primer grito de guerra del Milei Presidente: "no hay plata". En el mundo del liberalismo parece que es tiempo de escribir una nueva canción, porque eso de que "la casta tiene miedo" ha sido enterrado. Este 31 a la medianoche, la casta levanta la copa y brinda a la salud de Javier Milei, el empleado del mes.
21 días le bastaron a Javier Milei para tejer el escenario propicio para ponerse el país de sombrero con su coctel de Decretazo + Ley Ómnibus. El ajuste lo iba a pagar la casta, pero el ministro de Economía Luis Caputo (figurita repetida) nos agradece en Nochebuena a todos los argentinos "por el sacrificio" y entonces hay algo que no huele bien. El Presidente se escapa en medio de un amplio operativo de seguridad a besar a su novia en las tablas del teatro de revista de Mar del Plata, mientras se comprueba que al pasaje lo pagaron todos los argentinos aunque él diga lo contrario y mientras ahora nos promete que en 45 años podremos ser Irlanda. Siempre otro país, nunca la Argentina Grande con que San Martín soñó.
El Presidente se comporta como un apátrida que sube a sus redes una versión inaudita de la bandera argentina y que ya fue denunciado en tiempo récord por abuso de autoridad e infame traidor a la Patria. En el medio, Milei metió el portazo al bloque multilateral Brics (acrónimo de Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica) ya que –dice- no impulsará acuerdos con regímenes comunistas (con los que sí comparte en numerosas organizaciones desde la ONU hasta la Cruz Roja y el Fondo Monetario Internacional) mientras busca atropellar el Congreso de la Nación, tomar atribuciones que exceden las del Jefe del Poder Ejecutivo Nacional en nombre de aquella batalla que lanzó contra la casta que hoy brinda con champán por El Peluca, su campera de cuero y el país a sus pies.
Bien vale hacer un repaso de los acontecimientos: el DNU ya vigente desreguló la economía y marcó el fin de la Ley de Alquileres, de Tierras y de Abastecimiento, flexibilización del mercado laboral y significa la antesala a la privatización de empresas públicas, entre varias reformas contempladas en los 366 artículos del documento de 83 páginas. De un plumazo, y andá a leer la letra chica para ver por dónde entra la bala. Vienen por todo, y vienen muy rápido, a pedido de los jefes que hoy deben estar orgullosos de su empleado.
El autodefinido -con pretensiones Alberdianas- Proyecto de Ley de Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos incluye privatizaciones de empresas estatales, una reforma del sistema electoral, suspende la fórmua de la movilidad jubilatoria, habilita un blanqueo, reduce el Impuesto a los Bienes Personales, sube las retenciones pero principalmente atribuye superfacultades al Poder Ejecutivo por encima del Poder Legislativo principalmente y criminaliza la protesta social, bajo amenaza de duras penas de tres a seis años.
El expresidente Mauricio Macri se arrepintió del "gradualismo" de su gobierno y habría aconsejado a Milei -aquella noche que pactaron vaya uno a saber qué- promover este shock político-económico consagrado a través de la explosiva suma del Decretazo + Ley Ómnibus, de la mano de Federico Sturzenegger, figurita repetida y agente paraestatal que posa sonriente en una cadena nacional detrás del Presidente y se jacta de ser el autor la modificación de más de 300 leyes para la desregularización de la economía de un saque. Bien vale recordar que este plan había diseñado por el expresidente del Banco Central para una eventual presidencia de Patricia Bullrich. Mismo plan, mismos beneficiarios pero diferente verdugo.
Milei se apersonó días atrás en La Nación+ (el canal ¿de Macri? que aporta cada vez más funcionarios al Gobierno) para decir que "hay legisladores que buscan coimas", anticipándose al posible rechazo a su DNU y criminalizando el Congreso de la Nación al que ya proclamó que quiere quitarle facultades en el marco de la emergencia nacional y emulando ni más ni menos que el autogolpe de Estado de Alberto Fujimori del 5 de abril de 1992, el Fujimorazo.
El presidente electo democráticamente desafía y deslegitima al Congreso Nacional donde ostenta -conforme la tradición democrática- la presidencia de ambas cámaras, pero no así la mayoría. Es allí donde mandó su Ley Ómnibus que abre más frentes de discusión y conflicto en el debate público donde cada quién busca -forzado- defender su quinta bajo amenaza de colisión. Todavía no apareció, en la letra grande ni chica, una medida clara y concreta contra la casta que denunció en campaña y que constituye así la mayor estafa electoral de la democracia argentina: Milei avisó que iba a hacer todo esto y más, pero dijo y gritó motosierra en mano que el ajuste lo pagaba la casta.
"La herramienta de ir por todo y todo el tiempo constituye a la vez un activo político: dispersa el debate público en micro cuestionamientos al plan general. Hace con el debate público lo que el neoliberalismo hace con la sociedad: la reduce a un conjunto de medidas aisladas entre sí, como si no tuvieran más nada en común que las formas. Pone a medir entre sí la profundidad de las reformas, a disputarse la posibilidad de aparecer en la agenda pública de temas relevantes, a construir sujetos activos que los representen. Y en esa revuelta del río ganan algunos de los más grandes pescadores", plantéa Tomás Aguirre en Más rápido, más furioso (Anfibia).
Milei, de la mano de Sturzenegger, abre todos los frentes y pone a cada uno de los argentinos a hurgar dónde, cuándo y cómo esta batería de medidas -unas en el DNU ya vigente, otras en la Ley Ómnibus- le viene a resolver los problemas o a cagarles la vida. Algunos justifican la megadevaluación en la acaso "pesada herencia" del gobierno pseudo peronista que se fue o acaso de todos los gobiernos peronistas de la historia, mientras otros salen a calle a golpear sus cacerolas, a marchar a pesar del protocolo de Patricia Bullrich -figurita repetida- porque ya sienten los efectos de esta cruzada contra la casta que brinda inmaculada.
En La ley de los dueños (La Política Online), Diego Genoud repasa que, junto al equipo de Rodolfo Barra, Procurador del Tesoro de la Nación, trabaja el estudio Brouchou & Funes de Rioja, "el gigante que en 2022 surgió de la fusión de dos de los estudios más poderosos de la Argentina y cuenta con 55 socios y más de 150 abogados". Allí señala que Enrique Brouchou es hermano del expresidente del Citybank, Juan Brouchau, mientras que Daniel Funes de Rioja es el presidente de la Unión Industrial Argentina.
Ellos "son los patriarcas del buffet que se exhibe en el podio de los estudios corporativos" ya que "en su cartera de clientes, están los dueños de la Argentina y las multinacionales que operan en el país". El diputado nacional Itaí Hagman (Patria Grande) comparte en las redes un cuadro que expone a qué corporación y grandes grupos económicos beneficia cada uno de los artículos del DNU de Milei: para cada imperio, su ley a gusto y piacere (ver al final de la nota). Para la clase media, megadevaluación y duplicación del impuesto al monotributo, reducción a la mitad del techo de facturación, liberación del precio de combustibles, tarifas, prepagas. Pero algunos "no la ven".
Naomi Klein plantea que la estrategia de la doctrina del shock, ideada por el economista Milton Friedman y que lleva tatuada a fuego la Escuela de Chicago de la que son devotos nuestros tristemente célebres economistas, que hay que “esperar a que se produzca una crisis de primer orden o estado de shock, y luego vender al mejor postor los pedazos de la red estatal a los agentes privados mientras los ciudadanos aún se recuperan del trauma, para rápidamente lograr que las reformas “sean permanentes””. Ya estábamos advertidos por Horacio Rovelli de El poder detrás de Milei. Bolsonaro y Trump al menos fueron nacionalistas.
Con el mes de gracia que les otorgó la siesta de la Corte Suprema de Justicia, sin Ley de Tierras, el país está a merced de todos los Joe Lewis del mundo y sus sueños de tener su "Lago escondido" en la Argentina. En 2005, La Nación ya señalaba a Eduardo Elsztain como "el dueño de la tierra". Google afirma que es "el dueño de Argentina". El miembro del Consejo Judío Mundial es presidente de IRSA, IRSA Propiedades Comerciales, Banco Hipotecario, Cresud, BrasilAgro, Austral Gold, Endeavor Argentina y mucho más, incluido el hotel en el que vive Javier Milei, el que flameó la bandera de Israel y se fue corriendo a celebrar en los Juegos Macabeos para ratificar su "compromiso inalterable con el pueblo judío en la lucha contra el terrorismo islámico". Por algo Guillermo Moreno llamó la atención sobre el “hombre de gorra y barba” que sigue a todos lados a Milei y que la prensa porteña salió al unísono a aclarar que no es un agente de El Mossad.
A Mauricio Macri y Javier Milei los unen sus ojos claros y su presunta pasión por Boca, pero hay algunas diferencias de fondo entre ellos: ante todo, las formas, al comparar el gradualismo de Macri -del que se arrepintió- y el shock violento de Milei. Pero también, y por sobre todo, su clase social. El Gobierno de Macri, hijo de Franco, pretendía ser el gobierno de los CEOS, los amigos de Mauricio que estaban adentro del Gobierno y fueron los grandes beneficiarios del blanqueo, fuga y evasión que propició el especialista Toto Caputo. Todo quedó entre amigos, entre Macri y sus colegas millonarios.
Pero Javier Milei no es un amigo ni un colega de los grandes empresarios, de la casta empresarial nacional e internacional que viene a quedarse con la Argentina. Es, a lo sumo, su empleado.
Un outsider acaso aspiracional, un loco, un extravagante panelista que saltó de la tele al Congreso, del Congreso (donde hizo poco y nada) a la carrera por la Presidencia, de un acuerdo oscuro con Macri a borrar con el codo todo lo que prometió y gritó ante las cámaras, para hacer volar el país por los aires en 21 días para servirle en bandeja y en tiempo récord el shock que soñó la casta, y convertirse en el empleado del mes.
Llegó la esperada noche del 31, la mesa está servida y todos se visten de gala para la ocasión y la casta también. La Asociación Empresaria Argentina (AEA) aseguró que estamos ante "una oportunidad histórica". Ellos, claro. Levantan sus copas sus miembros notables como los vicepresidentes Paolo Rocca (CEO de Techint), Héctor Magnetto (Grupo Clarín), Sebastián Bagó (Laboratorios Bagó) y Alfredo Coto (presidente de Supermercados Coto) y otros notables, tales como el mencionado Eduardo Elsztain (IRSA y otros), Cristiano Rattazzi (FIAT), Federico Braun (Supermercados La Anonima), Luis Perez Companc (Molinos Río de la Plata), Marcos Galperín (Mercado Libre), Charlie Blaquier (Ledesma) y siguen las firmas. A la salud de la casta y el empleado del mes.