En su columna, Sebastián Gottardi intenta descubrir el motivo por el cual diputados españoles utilizaron “tucumano” como un insulto.
Creo que es la primera vez que se usa el término Tucumano como un peyorativo. Un acontecimiento importante para mí en particular porque es otra evidencia más de lo que siempre digo que les ocurrirá a los jóvenes que deciden irse a otro país a probar suerte. Porque el Tucumano promedio no está acostumbrado a la discriminación y si la hay es mínima en comparación a otros lugares del mundo e incluso a otras provincias argentinas.
Hace unos años me encontraba en la puerta de un drugstore en la avenida principal de una ciudad de EEUU. Quería averiguar si el colectivo que pasaba por la parada a metros mío podría dejarme cerca de mi hotel. Estaba en esa parada una señora notablemente latina que con mucha dignidad llevaba puesto su uniforme de mucama de algún hotel, a la que me acerqué -por el idioma- a preguntarle del recorrido del colectivo. Aparecieron por atrás mío 3 personas, varones, payos rapados que sin decirme nada me empujaron para que me corra de la vereda. Me habían visto con la señora hablando español. Me la tuve que bancar.
Lugar: Av. Collins y séptima pleno centro de Miami Beach.
Después de eso fui perdiendo las ganas de volver a EEUU.
En mi provincia muy comúnmente hacen deportes y comparten asados blancos negros hijos de obreros con hijos de patrones, judíos musulmanes, católicos y evangelistas. Y todo está bien.
Más allá del verde azulado bello de nuestros cerros, si hay algo que me encanta de esta tierra es la sana convivencia que hay a pesar de las diferencias. Créanme que eso en otros lugares no es normal.
Por otro lado, en Argentina el término Tucu o Tucumano habla de empatía y hermandad. Como Cata a los Catamarqueños.
En el congreso español se lo usó como un sinónimo de sudaca, el término peyorativo más usado por europeos descontentos con la presencia latina proveniente del subdesarrollo.
Seguramente no saben los diputados españoles dueños de las expresiones xenófobas que fueron Tucumanos los que destruyeron para siempre el sueño colonial español en el sector sur de América con la batalla de Tucumán. Posteriormente se declara la independencia de las provincias unidas de Sudamérica justamente porque se gana esa batalla. Sin ese triunfo no puede haber independencia. Si gugleás “batalla más importante de la historia argentina” adivina cuál aparece.
Unos siglos antes, en las guerras calchaquí los Tucumanos originarios resistieron a los conquistadores españoles guerreando 120 años (sí, sí, 120 años), señal que en esta tierra no se claudica tan fácilmente. Es, sin dudas, el territorio más bélico de la historia argentina sin contar los sucesos de la guerrilla de los 70, sin importar el bando ni ideologías.
Quizá de ahí provenga la idea de que el Tucumano es buena gente, pero no lo hagas enojar.
Por todo eso les agradezco a los diputados españoles que usaron el término “Tucumano”, nada más y nada menos que en su propio congreso. Verdaderamente un privilegio para nosotros. Porque para el estado español nuestra provincia más que un peyorativo es un recordatorio de tenaz resistencia. Y de su más humillante e histórica derrota.