Susana Maidana, Doctora en Filosofía y Profesora Emérita de la UNT, plantea que "hay muchos cambios que realizar, pero no se trata de pensar que la Inteligencia Artificial nos viene a salvar".
(Imagen ilustrativa tomada de totumat.com)
Es un lugar común escuchar, ver y leer en los medios de comunicación sobre la importancia de formar emprendedores, consigna que parece esconder una minimización de la educación en todos los niveles educativos, desde el primario al universitario.
Los argumentos usados para fundamentar esta afirmación es que hay carreras que en 5 años, muy probablemente, dejarán de existir. En efecto, es un lugar común la idea de que los conocimientos cambian y que las currículas deben transformarse, en consonancia con los sucesos científicos, tecnológicos, económicos, sociales. Pero, esta visión no significa que la Medicina, la Química, la Historia, la Filosofía, el Derecho, las Ingenierías, la Matemática dejarán de existir, en virtud del poder mágico de la Inteligencia Artificial. En última instancia estamos ante un producto de la inteligencia de muchos hombres y mujeres que la han desarrollado, a lo largo de mucho tiempo. La tecnología está instalada desde hace siglos en nuestras vidas y en nuestros cuerpos, sin lugar a dudas y lo más preocupante es que no existen, todavía, legislación que protejan su uso o abuso.
Ahora bien, admito que deben ofrecerse carreras más cortas en virtud de que los estudiantes puedan optar por una salida laboral más rápida. Tema que se discute en ámbitos educativos hace mucho tiempo y, que reconozco cuesta implementar porque los cambios generan mucho ruido, malestar y dudas sobre los futuros laborales. Sería bueno, trabajar sobre esos miedos para operar cambios que son necesarios.
Pero, también, deben abordarse temáticas transversales porque los conocimientos no nacen en nichos separados unos de otros y porque hay nuevas ciencias que se gestan entre los aportes de varios saberes. En efecto, hay muchos cambios que realizar, pero no se trata de pensar que la Inteligencia Artificial nos viene a salvar.
En sintonía con esta opinión parcial de un tema muy difícil y complejo se afirma que la Inteligencia Artificial lo hace igual, mejor y de modo más eficiente que las formas de enseñar y aprender del sistema educativo.
¿Acaso la Inteligencia Artificial no es un producto acumulado de los saberes y pensamientos de los seres humanos?
¿Acaso no sabemos que las ciencias son, como sostenía Einstein, una aventura del pensamiento humano y que cualquier actividad racional o práctica implica riesgos y desafíos? Por supuesto que lo sabemos, así como es un riesgo elegir una carrera, una forma de vida, un trabajo.
No debemos confundir la misión de la educación con la del emprendedurismo, aunque reconozco que hay muchas prácticas escolares y contenidos que hay que transformar, pero la misión de la escuela, en todos los niveles, no se agota en formar emprendedores.
Si el fin del emprendedurismo es “la capacidad de idear, gestionar y llevar a cabo proyectos, transformando ideas en productos, servicios y negocios”, el fin de la escuela es formar ciudadanos comprometidos con la cosa pública, capaces de pensar críticamente y de valerse de esos conocimientos para aplicarlos y lograr el bienestar social.
Decía Kant, en el siglo XVIII que la educación era el instrumento para que los seres humanos pasen de la minoría de edad - que significaba pensar por otro -a la mayoría de edad que aludía a pensar por uno mismo. La misión de la educación es emancipadora de las cadenas mentales.
Estas ideas no significan negar la importancia del trabajo, ni de los negocios sino que lo importante es comprender que la educación supera los límites de un negocio porque forma personas que están mejor entrenadas para poder optar a un trabajo. Si algo nos caracterizó como país latinoamericano es haber podido contar con educación y salud de calidad de gestión pública y gratuita, capaz de integrar a todos los sectores sociales.
Parafraseando a Byung Chul Han, vivimos en una época que privilegia la información por sobre la narración y que nos convirtió en consumidores solitarios y tribales. La escuela nos sirve para abrir espacios de reflexión de estos temas para ser efectivamente libres de prejuicios. Esa es su misión esencial.