TRIBUNA ABIERTA

Las deudas de la democracia

Reflexiones de la profesora emérita de la Universidad Nacional de Tucumán, Susana Maidana, en la antesala del Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia.

22 Mar 2025 - 13:34

Buenos Aires, 10 de diciembre de 1983, el retorno de la democracia en Argentina. (Foto: argentina.gob)

La primera pregunta que me formulo es si ¿la democracia, como sistema de gobierno, es la deudora? O bien, ¿quienes nos gobiernan son los verdaderos deudores o los ciudadanos? Sin embargo, esta última afirmación es demasiado taxativa porque no todos los gobernantes ni los ciudadanos acumulan deudas democráticas. Pero, lo que debemos aclarar primero es que la democracia sigue siendo la mejor forma de gobierno conocida, sin embargo, es necesario hacer algunas puntuaciones.

1.           Tomo la noción de democracia de Norberto Bobbio porque destaca la existencia de una relación estrecha entre la democracia, los derechos humanos y la paz. La democracia es un sistema de gobierno que proscribe la violencia ilegítima porque su esencia no es usar la violencia como medio de la política. Ella es el gobierno de la razón ilustrada, no la de razones de la fuerza, sino de la fuerza de las razones, la fuerza no puede regir las relaciones en el espacio público.

2.           Hay, sin embargo, un resurgimiento del fundamentalismo, tras haber sufrido el horror de la violencia. Fenómeno que se acompaña, al mismo tiempo, con la negación de la violencia, que trasciende las clases sociales y se ha enseñoreado del pensamiento de jóvenes y adultos, alfabetizados y no alfabetizados, de sectores vulnerables y de quienes pueden hacer las comidas diarias.

Ese fundamentalismo viene de la mano del tan mentado odio que circula en las redes, en la vida cotidiana, en las instituciones.

 Más sencillo parece decir: “que se vayan todos” o “todo es basura y nada vale” porque el odio sólo engendra odio, como afirma el rabino Salomón Nussbaum; “el odio aniquila al odiador porque impide la relación con los otros seres humanos”.

No todo vale. No nos equivoquemos y sigamos gozando de la democracia, del pluralismo, de la solidaridad, que nos hace tanta falta como el aire que respiramos.

3.           Otro rostro de la violencia es la inequidad social, la vulnerabilidad de jóvenes sin posibilidad de estudiar o trabajar, de niños, que acompañan a los adultos a revolver tachos de basura y de jubilados que deben elegir entre comer o comprar remedios. Hechos que provocan, a su vez, violencia porque la violencia genera más violencia.

4.           El odio se manifiesta a través de las acciones violentas, de ciudades sitiadas y de un discurso discriminatorio con todo aquél que piensa, vive, se viste o habla diferente. La violencia se apoya en las fake news que constituyen el instrumento para fomentar el odio y la antipolítica. En este listado se incluyen, también, quienes hacen gala de ser defensores de DD.HH. de forma declarativa porque en los hechos protegen a quienes ocultan, niegan y no respetan los derechos y miran callados las injusticias.

5.           Hay una confusión entre los que ejercen la política y la política con mayúsculas, que es ese quehacer humano, cuyo instrumento fundamental es la palabra, la argumentación y no los golpes. Cuestionar la política es una forma concreta de atacar la democracia y la defensa de los DD.HH., que configura su nota central.

6.           Según Hannah Arendt, el núcleo de la política es la libertad; y la pregunta por su sentido está cuestionada y objetada por dos acontecimientos, cuyas consecuencias han sido horrorosas para la condición humana. 1. la experiencia de los totalitarismos y 2. la posibilidad de aniquilación propia de los Estados que convierte a la política en objeto de sospecha. Y la desconfianza toma a la razón como presa predilecta, acompañada por el miedo.

Nadie puede negar que los sentimientos que caracterizan a nuestro tiempo son la tristeza, el miedo, la ira, la angustia, la desesperanza, la desconfianza, entre otros.

Nuestra época, caracterizada de modo brillante y meduloso, por Byung Chul Han es el producto de las enormes transformaciones que vinieron de la mano de las nuevas tecnologías y la globalización neoliberal, procesos en los cuales se acrecentaron las ansias de poder, tener y consumir, en el caso de que pueda hacerlo. Estas modificaciones subrayaron aún más el avance del odio por sobre el amor, en especial, en tiempos de pandemia, en el cual el otro se convirtió en el enemigo.

Las redes sociales, basadas en el anonimato, calumnian, amenazan, “escrachan”, discriminan, perdiendo de vista que su finalidad debiera ser brindar una comunicación transparente, pero también sabemos que la “verdad” es una construcción, en palabras de Nietzsche, “una falsedad, pero necesaria para la vida”.      

Nuestro contradictorio y doloroso presente torna actual esa famosa idea de Camus: “Yo me rebelo, luego nosotros somos”, como una forma de instalar la solidaridad. Aclaro que “rebelión”, según Camus no significa “revolución”. En cada rebelión individual transformo la solidaridad en un valor universal y esa solidaridad muestra uno de los perfiles de un amor que pretende romper lanzas, con el poder, sea del color que sea.

Uno de los argumentos centrales de Guillermo O’Donnell es que los individuos en democracia son sujetos de derecho. La ley es la que impone los límites a todo abuso de poder, mientras exista una justicia que no dependa de otros poderes que la cieguen.

La eliminación del odio no es más que un ideal de la razón al que los hombres aspiramos, sabiendo que no lo conquistaremos en totalidad.

Este largo listado de deudas democráticas traen consigo desesperación y miedo, sin embargo, los hombres nos distinguimos del resto de las especies por nuestra capacidad deseante que nos impele hacia aquello que no tenemos y que queremos.

Concluyo con una cita de Byung Chul Han(2024) de su libro El espíritu de la esperanza: ”Miedo y libertad son incompatibles. El miedo puede transformar una sociedad entera en una cárcel, puede ponerla en cuarentena. El miedo solo instala señales de advertencia. La esperanza, en cambio, va dejando indicadores y señalizadores de caminos. La esperanza es la única que nos hace ponernos en camino. Nos brinda sentido y orientación, mientras que el miedo imposibilita la marcha”. (Byung Chul Han, 2024)

Finalmente, no es la democracia la deudora sino quienes detentan el poder y quienes, acorralados por el miedo, no emprenden el camino de la esperanza.

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