Proponen es una selección de embriones para evitar genes que puedan derivar en enfermedades físicas, anatómicas o mentales, pero sobre todo, para direccionar rasgos valorados en esas dimensiones.
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Nucleus genomics es una compañía de análisis genéticos. Aprovechando las potencialidades de la IA ha lanzado una publicidad que fisura principios éticos fundamentales: “Considera elegir Nucleus para evitar sorpresas”. Las “sorpresas” se refieren concretamente a las características y aptitudes de embriones humanos. Y lo que proponen es una selección de embriones para evitar genes que puedan derivar en enfermedades físicas, anatómicas o mentales, pero sobre todo, para direccionar rasgos valorados en esas dimensiones. En otras palabras, de lo que se trata es de “diseñar bebés desde criterios de inteligencia, apariencia o personalidad”.
La publicidad esconde a todas luces (y valga el oxímoron) la plataforma ideológica del darwinismo social, vigente en las ciencias sociales durante el siglo XIX, con su teoría sobre razas superiores e inferiores dotadas o no de aptitudes físicas y mentales. La tendencia recuerda los experimentos del nazismo, duplicados solapadamente hoy desde idéntica falta de posicionamientos éticos. La IA se configura así como la excusa para un renacimiento naturalizado de la teoría de la selección “natural” de los “más aptos” biológica, cognitiva y socialmente. Solo que ahora se trata de selección artificial. Y no estamos ante un experimento aislado: “la elite tecnológica de Silicon Valley, incluidos nombres como Elon Musk, Peter Thiel o Brian Amstrong invierten millones de dólares en startups biotecnológicas de edición de embriones”
Nucleus nació -aparentemente- con el objetivo de investigar la prevención de enfermedades, pero en la actualidad se ha focalizado en el desarrollo de análisis sobre inteligencia y rasgos conductales a través de Test Genéticos Preimplantacionales.
Su publicidad sobre “las virtudes” de los embriones es, sin embargo, engañosa. Ya la antropología crítica, conjuntamente con otras ciencias sociales, demostraron hace más de un siglo, que la jerarquización de razas fundada en genes que definían aptitudes físicas y mentales era falaz. Más recientemente las ciencias dedicadas a la genética han constatado que la determinación de los genes es relativa: está condicionada por factores internos -como el metabolismo- y externos -el medio ambiente, el contexto social y cultural. Por eso Nucleus se cuida las espaldas y advierte (luego de lanzar la estrategia de la promesa afirmativa): "El ADN no es un destino. La genética puede ser una herramienta útil para elegir un embrión, pero no es una garantía. La investigación genética está aún en pañales y queda mucho por descubrir sobre cómo el ADN moldea quiénes somos".
¿Estamos ante proyectos de eugenesia disfrazados de adelanto tecnológico?
No es casual que el fundador de Nucleus prefiera el eufemismo de “optimización genética”, en franca alineación -aunque quiera disimularlo- con nuevas formas y discursos de darwinismo selectivo. Otros prefieren hablar de una “carrera armamentística evolutiva” que “cambiará el paisaje moral”, como si la ética se redujera a una imagen pictórica. Y hay a su vez algunos que, escudándose en problemáticas sociales, defienden la selección genética como parte de políticas públicas.
Este abanico de posicionamientos argumentales, que disfrazan la discriminación en sus formas más radicales, mueve a interrogarnos: ¿se trata del resurgimiento de estas ideologías? ¿O, en realidad, los logros de la IA descubren su persistencia centenaria soterrada? De uno u otro modo, está claro que el desarrollo de la IA viene como anillo al dedo para justificar humanos de primera y de segunda, sin hacerse cargo de los millones que hoy viven en condiciones vulnerables, al borde de la supervivencia. Más bien, desde el pretexto de la selección, se los utiliza como ejemplo de amenaza que hay que descartar. Los relatos ficcionales de Ray Bradbury se hacen carne en estos discursos de las empresas. ¿Cuántos Fahrenheit 451 serán necesarios hoy para una conciencia crítica de la manipulación humana gestada con IA?
Es hora de llamar las cosas por su nombre: ¿la IA está al servicio de la lucha y la cura de enfermedades de humanos vivos? ¿o se trata de crear un mundo ideal de humanos perfectos que desplace a “los otros”, los que no cumplen con los parámetros seleccionados, y que pueden quedar predestinados al exilio de los “sin planeta”?
Mientras una parte importante de la humanidad se debate por la supervivencia en condiciones infrahumanas, hay empresas tecnológicas que invierten millones -a espaldas del mundo real- en cumplir el viejo anhelo fracasado de la “selección natural” que, como la realidad lo evidencia, nunca fue natural sino obra de humanos que dejan a otros humanos al margen de sus derechos.
*Dr. Alejandro Urueña: Abogado. Diplomado en Derecho del Trabajo y Relaciones Laborales, Universidad Austral; Diplomado en Derecho 4.0, Universidad Austral; Magister en Derecho del Trabajo у Relaciones Laborales, Universidad Austral (T.P); Posgrado de Inteligencia Artificial y Derecho, I.A.L.A.B, U.B.A. Posgrado en Metaverso, U.B.A. Programa (IA) Universidad Austral. Magister en Inteligencia Artificial Centro Europeo de Posgrado. Programa MIT en desarrollo y diseño en productos y servicios en lA con Insignia de Asignación Ejemplar. Bootcamp internacional inteligencia artificial aplicada al Derecho. Programa MIT Machine Learning in Business. Actualmente, cursando Maestría en Ciencias de Datos, Universidad Austral. Actualmente cursando Inteligencia Artificial Agéntica para la Transformación Empresarial.
*María S. Taboada: Lingüista y Mg. en Psicología Social. Prof. de Lingüística General I y Política y Planificación Lingüísticas de la Fac. de Filosofía y Letras de la UNT.