El problema no es el motín. El problema es que el Estado no estuvo antes. Y que su única respuesta después es el castigo. Por Daniela Bravo.
(Imagen tomada de Facebook Velo Tucumán)
Anoche, nueve adolescentes tomaron un pabellón en el Instituto Cura Brochero de Benjamín Paz. Un preceptor retenido. Destrozos. Un operativo policial que "recuperó" el control. Los titulares hablan de "primer motín penal". Yo digo: ese motín no nació anoche. Viene gestándose hace años.
Porque encerrar nunca fue cuidar. Y seguir respondiendo con más encierro al conflicto es, simplemente, garantizar que el próximo motín sea más violento.
El Instituto Cura Brochero se creó con una promesa: sacar a lxs menores en conflicto con la ley del contacto con adultos, ofrecerles un espacio "con estándares internacionales". Suena bien. Pero la realidad es otra: adentro se replica la lógica carcelaria. Poco personal. Poca contención. Ningún proyecto de vida. Y entonces ¿qué esperamos?
Ningún adolescente de 16 años toma un pabellón con un arma blanca sin una historia previa de violencia, exclusión y abandono. Eso no es justificación. Es diagnóstico. El no punitivismo no pide impunidad. Pide que el Estado se haga presente antes, durante y después. Pide que el objetivo no sea "controlar a nueve chicos", sino evitar que el próximo grupo sienta que la única forma de ser escuchado es romper algo.
El problema no es el motín. El problema es que el Estado no estuvo antes. Y que su única respuesta después es el castigo.
Lo que aprendimos en el conversatorio "Alternativas al punitivismo".
Hace pocos días nos reunimos en el conversatorio "Gritos en la pared". Participaron docentes, estudiantes, operadores territoriales, organizaciones sociales. Y de ahí surgieron ideas que no son utopías: son políticas públicas posibles.
• Escuchar es prevenir. Cuidar es acompañar. No alcanza con condenar. Ha que entender qué hay detrás de cada historia.
• El arte construye comunidad. Desde el juego, la expresión, la militancia cultural. El Festival MAP, el Circo Social, Puente: ejemplos tucumanos de dispositivos que funcionan desde el acompañamiento, no desde el encierro.
• Presencia, acompañamiento, continuidad. Nadie cambia desde el abandono. Los adolescentes necesitan referentes estables, no operativos de requisa.
• Sociedad individualista y juzgona. Se juzga rápido, se escucha poco. Necesitamos menos condena y más humanidad.
• Escuchar las dos versiones también es justicia. El punitivismo no investiga: castiga. Aprendamos a no fabricar culpables sin proceso. Esa misma lógica aplica a lxs adolescentes: no son monstruos, son chicos con historias que el Estado no quiso ver.
Soy peronista. Y el peronismo siempre supo que la justicia social no se construye con cárceles más llenas, sino con escuelas, trabajo, techo y salud.
La seguridad no es más policías, sino vidas libres de violencias, lo que implica escuchar, prevenir y reparar, no solo castigar.
Por eso sostengo: la respuesta al conflicto adolescente no puede ser el Cura Brochero como destino, sino como último recurso, después de haber agotado todas las alternativas. Y hoy esas alternativas existen, se nombran, se practican en territorio. Falta que el Estado deje de mirar para otro lado.
Porque ayer el Estado ganó el pabellón. La deuda es ganar credibilidad. Y eso no se hace con más encierro. Se hace con presencia, con escucha, con equipos interdisciplinarios bien pagos y formados, con dispositivos socioeducativos y artísticos, con políticas de prevención reales.
El gobierno provincial salió con un decreto punitivista después de las amenazas en las escuelas: expulsión, penal juvenil, requisas. Ese es el mismo camino que nos llevó al motín de anoche. Si seguimos respondiendo al conflicto con fuerza, vamos a seguir teniendo crónicas de motines. Si empezamos a responder con política pública, capaz tengamos otra crónica para escribir.
Las luchas jamás son en vano. Y las alternativas existen. Solo falta decisión política para aplicarlas.
Porque otra respuesta es posible, y es urgente.
Daniela Bravo
Abogada - Concejala
Tafí Viejo - Tucumán