Mirá el video: La historia de cómo encontramos a mi gata
"Fueron cinco días y cinco noches que la buscamos a través de las redes sociales, con los vecinos, en el parque Avellaneda, en baldíos y hasta en el Cementerio del Norte. Hasta un drone usamos", escribe el dueño de la mascota, Sebastián Lorenzo Pisarello.
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Durante cinco días y cinco noches, una cama ocupada pero vacía esperó el regreso de Petra, la segunda gata del hogar que compartimos con Pichi hace más de un año y medio. En el medio, el descubrimiento de todo un submundo donde las mascotas se pierden y se reencuentran (a veces) con sus dueños salió a la superficie de nuestros ojos, develando lazos de solidaridad que se multiplican hasta los recónditos más inesperados y que demuestran que la empatía es un valor que se practica más de lo que creemos.
Apareció a tres casas de la nuestra, subida en unas vigas del fondo, aferrada con sus uñas, llorando ante los ladridos amenazantes de perros vecinos. Nilda la descubrió sin saber que alguien la buscaba, hasta que recordó haber visto un panfleto que alguien le deslizó por debajo de la puerta unos días antes. Dudó en llamar a los números que ahí aparecían. Le gustan los animales y pensó que podía adoptarla. Pero fue más fuerte pensar en la angustia que genera la pérdida. Cuando me sonó el celular, vi que llamaban de un número privado. Casi no atiendo, porque además estaba en una reunión de trabajo. "Hola, vivo en la Próspero Mena primera cuadra y creo que encontré tu gatita". No sé si fueron las palabras exactas pero es lo que quiero recordar. Traté de no emocionarme mucho. Llamé a Pichi, mi pareja, le conté las novedades y me envolví en mis pensamientos.
No podía irme de donde estaba y la situación me obligaba a hacer un esfuerzo para prestar atención que no estaba dispuesto. Hay en la vida cosas más importantes que las obligaciones sociales. El día anterior, había recibido de mi cuñada la pista de que la había visto a cinco cuadras de nuestra casa. Cuando fui a buscarla con mi amigo Andrés, los vecinos nos señalaron un par de refugios gatunos y nos recomendaron volver a la noche, horario donde los perros se guarecen y los felinos toman las calles. Cuando volví, ya solo, vi una pequeña gata gris.
A primera vista, me pareció que era ella. Se me erizó la piel y cuando me acerqué, lanzó un maullido desconocido que me tiró por la borda la ilusión. No era. Lo comprobé después por otras características: pelaje, color y hasta forma de recibir cariño. Detalles indescifrables para todos, salvo para sus dueños. Media hora después de la llamada de Nilda, recibí una foto y un audio que decía con voz llorosa: "no, no doy más de la alegría, gordo, no sabés. Acá la tengo a la Petrita, llenándola de besos y de comida".
Fueron cinco días y cinco noches que la buscamos a través de las redes sociales, con los vecinos, en el parque Avellaneda, en baldíos y hasta en el Cementerio del Norte, donde los cajones salidos de las tumbas son una guarida para decenas de gatos. Hasta un drone usamos para recorrer los techos y tratar de encontrar algún atisbo que nos lleve a ella. Los gatos se pierden solos pero se encuentran de a muchos: amigos, vecinos, desconocidos. Los lazos de solidaridad que nos hermanan a causas que nos conmueven son tan sólidos que, en el momento en el que escribo estas palabras, no se si emocionarme más por el encuentro con nuestra Petra o con todo la preocupación, contención y afecto que nos regalaron en estos días.
Por Sebastián Lorenzo Pisarello para el tucumano.








