Mi carrera como enviador serial de currículum’s
"Al comienzo era selectivo. Si me gustaba el puesto, las funciones y la remuneración, enviaba. Después comencé a ceder en la remuneración. Hasta llegar a este punto: envío a cualquier empresa que busque comunicadores sociales, para el puesto que sea", cuenta Luis Cazzullo.
Mi hoja de vida.
No finja entenderme. No trate de arrullarme con mensajes esperanzadores. No me diga que el país está complicado y que para todos la situación está difícil. No me diga que soy joven y que tengo toda la vida por delante. No se atreva a sugerirme un año sabático. No lo voy a entender porque yo sólo quiero trabajar.
Tengo 22 años. Hace dos meses me quedé sin trabajo. No me quejo, mi suerte pudo haber sido peor. Me recibí hace siete meses y tuve la suerte de poder trabajar durante tres meses en mi lugar soñado. El gran problema fue cuando el contrato se acabó y mi lectura obligada de avisos clasificados comenzó.
Los primeros días eran sencillos. Aproveché para tomarme unas mini vacaciones. El problema fue que ese tiempo libre se fue extendiendo y mi ansiedad fue creciendo. Lo sé, soy un poco neurótico. Y bastante exagerado.
Pero ¿qué pretenden? Me había acostumbrado a la rutina diaria -aunque, a veces, sí era una tortura-. Me había enamorado de mi oficina. Conocí lo que era la libertad económica y, ahora, no me imagino sin ella.
A la semana comencé mi carrera como enviador serial de currículum’s. Al comienzo era selectivo. Si me gustaba el puesto, las funciones y la remuneración, enviaba. Después comencé a ceder en la remuneración. Hasta llegar a este punto: envío a cualquier empresa que busque comunicadores sociales, para el puesto que sea.
Vivo todos los días con el celular a todo volumen. Cada llamada perdida de un número desconocido es una puñalada en el alma. Cada mail sin responder es un flagelo en la esperanza. Me nacen impulsos asesinos cada vez que mi internet se cae y no me deja adjuntar mi currículum.
Mis recomendaciones:
No se queden solos. Tengan un grupo de amigos para compartir oportunidades de trabajo. No los vean como competencia sino como iguales.
Nunca es una mala opción buscar ayuda en Dios, o en la deidad en la que crean. Nunca está de más buscar un auxilio en el área espiritual, si es que así lo creen ustedes.
Busquen apoyo en sus padres. Sin mis padres, seguramente habría caído en la locura y la desesperación. Por suerte, nunca me faltan sus palabras de aliento. Quedarse solo puede ser muy contraproducente.
Nunca dejen de relacionarse con colegas. No hay que caer en el elogio fácil o en la falsa admiración. Pero siempre es importante relacionarse con aquellos que conocen el oficio.
Aprovechen para formarse. Llenen el tiempo de trabajo con lectura, con talleres (inviertan en ellos sin importar el costo) y, si es posible, realicen trabajos freelance.
Es complicado –y yo no soy un ejemplo- pero bajen las pulsaciones. Relájense y confíen.








