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Aparecieron los delanteros y Aliendro sigue haciendo diferencia

ANÁLISIS

Atlético mostró su versión más contundente ante un flojo Sarmiento que poco pudo hacer.

Foto: medio partidario P.U.C.A.T.





Pasó mucho tiempo desde la última vez que los hinchas de Atlético Tucumán se fueron de una cancha gritando cuatro goles. La última vez, había sido ante Los Andes, hace casi dos años, cuando aquel conjunto que dirigía Juan Manuel Azconzábal lograba el regreso a primera. En la presente temporada, a excepción de Luis Miguel Rodríguez, los delanteros venían con la pólvora mojada, los goles no aparecían y el equipo lo sentía. Hasta hoy. 



Esta noche, en Salta, Ismael Blanco jugó su mejor partido desde que viste la camiseta del Decano. Aguantó, ganó arriba, convirtió por primera vez y le devolvió gentilezas a David Barbona, asistiéndolo en el tercer gol. El que también cumplió y debutó en las redes es el otro delantero que puso Ricardo Zielinski en cancha, Rodrigo Hechalar, abriendo el marcador en el momento preciso. 


El tercer atacante que jugó hoy, ingresando en el complemento, fue Alejandro Melo, y también marcó. El ex Chicago tuvo una buena actuación en los minutos que le tocó jugar, corriendo mucho y no dando por perdida ninguna pelota. 


Párrafo aparte para Rodrigo Aliendro. El volante es amo y señor del mediocampo de Atlético. Si no juega él, el equipo lo siente. Y cuando está, contagia. Mete, lucha, gana, lo ves por izquierda, por derecha, defendiendo, atacando. Hace todo y en todos lados. Tuvo el gol cuando moría el primer tiempo, con una exquisita rabona que impactó el palo derecho de un vencido Manuel Vicentini. Era para cerrar el estadio. 


Si bien hoy Atlético goleó a Sarmiento, la ausencia de juego de Gervasio Núñez se siente y si el nivel no levanta, las situaciones de peligro seguirán disminuyendo, a pesar de contar con un Barbona que hoy mejoró. Los creativos aún están en deuda. 


Ahora habrá 10 días para preparar el duro encuentro ante River, en Buenos Aires, el 15 de octubre. Ah, y con la vuelta del Pulga Rodríguez, que no es poca cosa.