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San Martín y el balance de fin de año: qué le sobra y qué le falta

ANÁLISIS

El equipo de Diego Cagna cerró la primera parte del campeonato con altibajos y sabe lo que tiene que corregir y potenciar para brindar por el ascenso en 2018

El plantel que quiere regresar a Primera a San Martín.





Pasa siempre: llega diciembre, todos los días despedimos el año, no hay billetera que aguante, dieta tampoco, y recién vamos por el día 10 y todavía faltan las compras, y qué quieren los chicos, y qué hacemos con la suegra, y un sinfín coral que viene con las Fiestas. Pero entre corcho y corcho, hay un momento en el cual no queda otra que mirar al cielo iluminado por un cohete y hacer el famoso balance de fin de año. ¿Qué dice este 2017 para San Martín? ¿Qué le sobra? ¿Qué le falta?

Empecemos por la mesa, clave en esta época como el vitel toné. Son cuatro las patas sobre las que se apoya el sueño del ascenso a Primera, único deseo real y concreto para escribirle en una carta al gordo que se viste de rojo y blanco y al que ayer le salió un jo jo jo. Una pata es la dirigencial: se extraña a Lentini y el equipo sufrió con puntos la renovación total de un plantel. Por eso saben los muchachos de traje que ahora empiezan a jugar ellos y que cuando anuncian dos refuerzos de jerarquía tienen que ser más que nombres ilustres con un pasado glorioso. ¿Falta un lateral derecho? Puede ser. Pero a San Martín le falta gol.

Sigamos por el técnico, fundamental como un parlante en la vereda. Da la sensación que Cagna ha logrado una comunión entre jugadores en el momento más crítico, como si los amigos de Edet te cortaran la luz antes del brindis. Con sed de revancha, justamente después de la derrota en la noche del cumpleaños, el equipo dio una muestra de carácter y respaldo al técnico aún yéndose al entretiempo en desventaja y con un vestuario testigo de la arenga para darlo vuelta y del desahogo por el triunfo. Esa unión es clave para grandes objetivos, pero no alcanza: Cagna realizó autocrítica, hizo cambios y recuperó la confianza de hinchas y dirigentes, a quienes les responde con decisiones y también con frases sueltas entre líneas.

Continuemos con los jugadores, los protagonistas estelares de esta historia. Arce tuvo algunos altibajos, pero para sacarle los guantes van a tener que cortarle las manos. Dio muestra de eso en Junín, cuando no podía caminar del dolor y se infiltró y tapó todo y se fue llorando en andas del Mono Velárdez. La defensa logró una solidez en resultados y superó el mal que sufría San Martín en torneos anteriores: sin embargo, Cagna quiere que vuelva Catalán, y hubo cortocircuitos entre los centrales que cayeron como una patada al hígado después del 31. Maxi Martínez, recuperado de su lesión y sin pretemporada, es el mejor del fondo y el lateral izquierdo es garantía. 

En el círculo del mediocampo, el punto más alto: los hinchas se rompen las manos por Prediger, que tiene el ADN de la pierna fuerte y el "¡Bieeeeeen!" de la Ciudadela. Arriba, el pescado sin vender: Matías García y Walter Busse no han explotado en su verdadero nivel, eso ha perjudicado a Bieler, hábil para el cambio de frente, pero sin la chispa ni el fuego esperado frente al arco, y a Gonzalo, el crack capaz de desnivelar y asociarse con Pampu González, intermitente en las formas, pero el que más gritó en esta parte del año.

Y cerremos antes de que sean las 12 con los hinchas de San Martín, las figuras a cancha llena desde la primera fecha en Ciudadela contra Ferro hasta esta última estación en Jujuy. En el medio se han bancado que el equipo no vuelva a ganar en casa y hasta han desdramatizado situaciones de juego, como cuando faltaban cinco minutos contra Dálmine, San Martín buscaba el triunfo, pero no todo pasa por el resultado: pidieron fuego, prendieron las bengalas, no se veía la pelota, alguno se enojó, pero al final de cuentas lo entendió todo, se pidió un ferné y cantó con todo lo que le sobra por el ascenso a Primera, el brindis en 2018 que tanto hace falta.