De viaje con el Hueso Pereyra: crack de San Martín y chofer del 118
¿EN QUÉ ANDA?
"Del gol a Atlético no me olvido más", jura el enganche que colgó los botines y agarró el volante. El Santo sigue presente en su vida: este miércoles juega con las glorias del club y su hijo Nahuel sigue sus pasos.
El Hueso Pereyra en el 99, con Rosario y Nahuel en brazos en Ciudadela.
Cae el sol del mediodía en el microcentro tucumano, la calle Santiago es un infierno de bocinas, el semáforo está en rojo y el colectivo de la línea 118 no se apura. Al volante está el chofer y tiene cara conocida. Mientras el caos de tránsito fastidia a los pasajeros, el conductor mata la espera con una escena: "Me manda el centro Néstor Sosa, aparezco en el área de Atlético y meto el 1 a 0. Fue el gol del triunfo en ese clásico. La cancha se vino abajo. Son imágenes que me vienen todo el tiempo, hasta cuando estoy en el trabajo".
La cara conocida es la de Walter Pereyra, el Hueso, el Huesito, en honor a su porte fino como su juego, a las chunquitas delgadas de crack con la pelota pegada al pie derecho, un estilo que le permitió ser el 10 de San Martín durante 10 años, uno de los enganches más elegantes que vio Ciudadela y el que, mientras ahora conduce el destino de miles de tucumanos a bordo del colectivo, vuelve a aquel clásico: "Fue en el 97. Hacer un gol en el clásico es único. Es como hacerlo contra el otro equipo del barrio, con los de la otra cuadra, o los del otro monoblock como era mi caso. Les ganamos, la cargada dura toda la semana. El clásico es el partido que esperás todo el año, el primero que te fijás en el fixture, el más parecido a una final".
En esas cosas piensa el Hueso cuando el semáforo se pone en verde, enfila por la Santiago, engancha hacia la izquierda por avenida Mitre y le pega un pique por la Mate de Luna, le tira un beso a la Pellegrini por la ventanilla y enfila rumbo a Yerba Buena. "Hago el servicio cortado de 13.20 a 15.30 y de 20 a 00. Dejé el fútbol y empecé como chofer. Trabajaba en la línea 9 y ahora estoy en la 118. Aquí tengo a un gran amigo de compañero que es fanático de Atlético. Y cuando me subo al colectivo, le doy vuelta el escudo".
Le pasa todos los días: un pasajero sube, lo mira, lo vuelve a mirar, pide el mínimo, pasa la Ciudadana y, sentado o de pie, se queda mirándolo. "No se animan a preguntarme si soy yo, no saben, dudan y siguen con la duda hasta el tercer viaje que me preguntan: 'Sí, soy el Hueso'. En general tratar con la gente es complicado, pero hay excepciones. Es mucha responsabilidad llevar gente todos los días, hay que estar atento. Por eso hago los relevos cortados en vez de trabajar de un solo tirón. No me enloquezco y gano en salud".

El Hueso empezó su trabajo como chofer en la línea 9 y continuó en el 118. Foto de Peluca Segovia para Sólo Santo.
Pereyra está al tanto de la actualidad de San Martín y analiza el presente del equipo que ganó un partido clave en Tandil y se prendió en el campeonato: "El Chino Sarmiento me dijo una vez: 'Los hinchas perdonamos que jueguen mal todos los partidos, pero no que no pongan ganas. Lo que escucho es que faltaba actitud. Vi los goles contra Santamarina y fue una victoria clave. A mí me gusta el buen fútbol, pero estos partidos son finales y hay que ganarlas como sea. Creo que Rafaela va a ascender directo. Si es así, en el Reducido va a pesar nuestra gente y San Martín va a ser candidato".
Cuando termina el turno en el 118, Walter chequea el celular. Dice que no se lleva bien con la tecnología, pero maneja el Whatsapp. La fotito del perfil es un antes y después de él con Nahuel y Rosario, sus hijos. El escenario es el mismo: hace 18 años, con sus hijos en brazos en el campo de juego, y ahora con los chicos en la platea de Ciudadela. Cosas de la vida, el apellido Pereyra y San Martín no terminarán su relación con la última pincelada del Hueso. Nahuel, su hijo, tiene 18 años y la rompe en el equipo liguista bajo el manto sagrado de Jacinto Eusebio.
"Nahuel tiene cosas mías, pero es zurdo. Es un enganche con más gol. Cuando yo jugaba, si el gol no era lindo parece que no valía. Él, además del talento, tiene algo que no se aprende y es la personalidad. Va a llegar a Primera", cierra el Hueso hoy, con 42 años, a punto de disfrutar sus vacaciones, armando el bolso para jugar este miércoles otra vez con la camiseta de San Martín: "Vamos a Santiago a un amistoso porque se inaugura el sindicato de jugadores. Vamos con Cococho (Jiménez), Jacinto, Troitiño, el Patón y glorias de San Martín". Al gusto de volver a ponerse la camiseta del Santo, Pereyra se prepara para conducir al 118 en el campeonato que empieza en dos semanas y también la rompe con los amigos del barrio 11 de Marzo. En resumen a este viaje de ida y vuelta: el volante, al volante. Y la pelota, siempre al 10.

Walter Pereyra con sus hijos: Nahuel y Rosario. Su hijo tiene 18 años, es enganche y sueña con llegar a Primera.








