San Martín y los pasajeros de una ilusión que se alimenta con hechos
ANÁLISIS
Los hinchas pararon el colectivo porque todos están subidos al sueño del ascenso. Claves para entender a un equipo que cada vez juega mejor y tiene razones para llegar al destino deseado: Primera.
La comunión de los jugadores, el sueño de los hinchas, la ilusión de San Martín.
¿Quién detiene esto? La nafta sube todos los días. Pero no, tranquilos, el tanque está lleno. ¿Quién frena esta marcha? José Quiroga es el chofer oficial de los jugadores. Pero no, haya paz, es un fanático Ciruja que conduce con amor. Entonces, ¿quién puede? Porque arriba del colectivo especial que traslada los sueños de San Martín hay un colectivo de hombres que conocen su destino y es por el que esta noche cantaron cuando los hinchas pararon el bondi en plena calle y el colectivo se tradujo en una comunión de cuerpo técnico, jugadores y ellos, y ustedes: los que transpiran desde las tribunas.
Explicar este andar sin baches, este camino sólido sin peajes para soñar, se entiende si nos subimos a bordo y viajamos hasta enero, rumbo a la pretemporada a Jujuy, donde Forestello jura que todo comenzó. En ese viaje de un par de horas hasta Perico, el grupo sufrió dos golpes: Prediger se subió para seguir su camino hasta Tigre y Bieler no estaba seguro de continuar. Eso dolió, pero Forestello convenció a Taca de quedarse, le dio la cinta de capitán y esta noche lo definió al goleador de este sueño: “Todo lo que logró lo hizo solo”.
Es el mismo Bieler que esta noche se subió al respaldo de las butacas y fue más feliz que nunca: los flashes de los celulares le iluminaban la cara y cantaba por el ascenso codo a codo con los hinchas que lo aman, que esperaban que les tapara la boca llenándoselas de gol como lo está haciendo. Valga el caso del 9 para individualizar el carácter grupal que tiene San Martín para remontar escenarios difíciles, ponerle el cuerpo a la vida y saber que cuando hay un líder como el que está, la cabeza cambia, la personalidad aflora, las críticas se van, los goles llegan y, a tres paradas del destino final, hoy están en la cima, tan cerca del cielo y sin embargo con los pies sobre la tierra.
Una muestra más del carácter que pregona Forestello, predica Bieler y ejecuta el equipo es lo que pasó este sábado a la noche: no había salido el equipo y ya le habían puesto el cepo de entrada. Ese gol de Agropecuario fue un rayón en el chasis que se vio con lupa cuando Nacho Arce sacó apurado a la platea, Maxi Martínez titubeó por su sector, y Matías García tropezaba en cada intento. Pero como en el debut del ciclo contra Los Andes, Forestello pidió calma, acomodó las piezas del medio y San Martín tuvo dos claras señales viales de peligro contra el arco visitante: por izquierda desvió Caco y no llegó a conectar Gonzalo Rodríguez y por derecha pasó lo mismo con los botines de Bieler.
Es cierto que este viaje de San Martín tiene un final incierto, pero el gol del paraguayo es de equipo que está para salir campeón. La historia no comprobada de los grandes equipos dice que en los partidos bravos aparecen hombres como Ismael Benegas, el enorme zaguero central que apareció cuando alguien como él y sólo como él tienen que aparecer. O como Albín, otro defensor de experiencia, para ganarse su ovación en Ciudadela cuando pisó el área y generó el penal que Taca canjeó por gol y llevó el alivio necesario, en la última jugada del primer tiempo, para que el equipo entre al vestuario y ya salga convertido en el protagonista absoluto que es desde la noche de Tandil.
En el segundo tiempo, al protagonismo habitual se le suma otra clave para alimentar el sueño de este viaje con destino conocido: el aguante a los que aguantan, el aguante a Busse que había dejado el hombro por la causa, que volvió como suplente con gol en Entre Ríos y que ahora volvió como titular para el desborde del tercero, el aguante a Gonzalo Rodríguez que andaba peleado con el arco desde Junín, que se fue golpeado en el entretiempo, pero que encontró el aliento en el vestuario y ese pase a la red para tirarse de panza al pasto y hacerse una panza con la pelota porque se viene Gonzalo papá (¿qué traerá bajo el brazo?)
Gonzalo fue testigo de la obra cumbre de la noche cuando Bieler definió a la red con una volea por encima del arquero. La única pena para Gonzalo es que se fue del estadio en auto y no pudo ver en vivo la fiesta de los hinchas con los jugadores arriba del colectivo. Pero no hay problema: en Ciudadela flota en el ambiente la sensación de que el viaje sigue, de que quedan tres estaciones, sólo tres, nada más que tres, y que la imagen de hinchas rodeando el colectivo de los jugadores, esa imagen que tantos recuerdos trae, está cerca, cada vez más cerca de volverse a repetir.








