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Verdes y celestes: cuando los relojes se detienen y cuando avanzan

LEY IVE

Miradas y mensajes del miércoles 8 de agosto que se vivió en Tucumán durante el debate sobre el proyecto de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo en el Senado.

Los pañuelos que acompañaron a miles de personas cada día este año.





Una niña con cartulina celeste le pide a su mamá que la ayude con la tarea para el colegio: “Hagamos corazones rosas y blancos y escribamos: ‘Tucumán quiere vida’, ¿querés?” A unos metros, en una casa vecina, una joven utiliza el formato marco de cartón que se usa cuando alguien se recibe de la facultad e inunda Tucumán a bocinazos. Es una joven que hace fuerza con el puño levantado y el pañuelo verde atado a la muñeca. En lugar de la niña de letras celestes, usa el verde, hace corazones verdes y pone con el hashtag de la generación: “Yo voto aborto legal. #AhoraEsCuando”.

La niña y la joven armaron los carteles: el cartel celeste que marchó el domingo por las calles de Tucumán autodeclarándose pro vida, y el cartel verde que posa en la peatonal, frente a tiendas San Juan, a metros de la escuela Normal y su pañuelazo en el patio donde las niñas juegan y crecen, rumbo a la plaza Independencia. En el kiosco de la esquina de donde se hicieron los carteles hay un quiosco y de la puerta le cuelga un cartel que dice con tiza de maestra sin comas: “La vida es un don de Dios un privilegio sólo de la mujer porque eres la generadora de dar vida al ser humano para que se multiplique de generación en generación”. Firma: Griselda Ortiz.

Cerca del kiosco, en la calle Moreno al 200, a pasitos de la redacción de eltucumano, hay una casa crema que amaneció verde con papel crepe, toda la ventana decorada de tiras y tiras de papel verde flameando cuando había viento y sol, tiritando cuando bajó la temperatura de este miércoles de tantos climas en Tucumán, una casa con la puerta y la fachada decorada con mensajes que fijan la posición de quiénes habitan esa casa, de quiénes viven en esa casa y hacen lo que se les canta en esa casa: “Cansadas de esperar y listas para luchar”, “Vigilia histórica, sumate”, “Aborto legal, seguro y gratuito”.

Un poco más lejos, en Yerba Buena, el reloj del viejo shopping tiene un pañuelo verde que dice "Nunca más", la consigna bordada en los pañuelos blancos. Las agujas del reloj, justamente las agujas, marcan las 10.10. Los relojes en Tucumán, lo sabemos, no marcan la hora. Armando Manzanero no podría haber escrito la letra de su canción debajo del reloj de Yerba Buena ni del reloj del Correo Argentino en la 25 y Córdoba ni del de la Ítalo en la 24 y 25. Aquí los relojes, de verdad, no se mueven y no es verso ni bolero. Por alguna razón, nadie les pone unas pilas Duracell o engrasa sus engranajes para que el tiempo avance.

Los carteles, las casas, los relojes, todo converge esta noche en la plaza Independencia. Están a metros, pero no se miran. A diferencia de lo que pasó en otras ciudades como Paraná, nadie se ha pegado ni tirado del pelo ni pateado en el suelo. Pero sí hubo insultos: sí te tiraron del pañuelo en alguna vez, sí escuchaste el rumor del vecino o la vecina condenándote bruja o hereje en el ascensor, sí te dijeron que cerrés las piernas si no querés tener un hijo y también te dijeron medieval.

“La mujer decide, el Estado garantiza y el decorado se calla. #8A #QueSeaLey”, de un lado. “Ningún país que apruebe el aborto enseña a un pueblo a amar sino a usar la violencia para obtener lo que quiere (Pastor Fabian Liendo)”, del otro. Carteles, palabras, miradas, rostros con glitter y brillantina, rostros sin maquillaje, rostros y consignas de este miércoles 8 de agosto en Tucumán, el día que no fue ley.