Fernando Valdez: "Soy un voluntarista de la política"
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El dirigente radical habló sobre su tarea como legislador, el presente de su partido y la realidad de la provincia. “Tucumán tiene potencialidad para despegar”, aseguró.
Fernando Valdez dio su visión de Tucumán. Foto Facebook/Fernando Valdez.-
El legislador Fernando Valdez ofreció una entrevista al sitio El Correligionario donde habló de diferentes temas referidos a la realidad política y económica de Tucumán y del país. Además explicó qué haría para cambiar San Miguel de Tucumán si llegara a ser intendente. También cargó contra el Partido Justicialista.
Actualmente es legislador provincial, ¿cuál es el enfoque de tus proyectos para el avance de la provincia?
El trabajo desde la banca legislativa está sustentado en la doctrina del radicalismo de bregar por una sociedad más justa, más libre y más igualitaria que abreva en el mejor pensamiento partidario en ese sentido. La idea de República guiándonos, pero enmarcados siempre en un pensamiento nacional, popular, democrático y profundamente transformador de las injusticias de todo tipo que aquejan a nuestra sociedad. Cumpliendo desde luego con el rol de oposición que nos dieron los tucumanos con su voto. Controlando pero fundamentalmente proponiendo. Que la tarea legislativa no sea sólo testimonio sino también concreciones. Normas, leyes que protejan a los débiles jurídicos.
En la convicción de ampliar derechos, esos que nos dejó Raúl Alfonsín a los argentinos en esa obra monumental y para los tiempos que es la reforma de la Constitución del año 1994, ese diseño jurídico para el siglo XXI que él inspiró y trabajó incansablemente como constituyente de la Unión Cívica Radical. Atendimos también, dos ejes que son de la agenda de la sociedad actual y que se vinculan con lo que dije: seguridad y justicia. En esa línea trabajamos fuerte estos años y nuestra tarea legislativa está ahí para el escrutinio público.
Fuimos, creo, fieles intérpretes de nuestra doctrina y lo volcamos en gestión legislativa, siempre con un “oído en el pueblo” en sus luchas en sus reclamos, en sus demandas.
¿Cómo imagina el futuro de Tucumán de acá a 10 años?
Tucumán es una provincia que se ubica en la otra Argentina, la de periferia. Donde impera el atraso, la decadencia institucional, los índices de pobreza más altos (en 2015 acusábamos un 34% de pobreza según datos ODSA-UCA), los déficits en infraestructura más evidentes del país, habitacional, de redes viales, de agua potable y cloacas. Nuestra provincia es gobernada por el PJ, 30 de 34 años de los últimos de democracia consolidada desde 1983. Un brevísimo interregno de 4 años donde cogobernó con el bussismo (nuestro descenso a la vergüenza democrática) porque el PJ controlaba la legislatura en ese periodo 1995-1999.
Es decir, hay claramente un responsable político principal de nuestra decadencia. ¿El único? Obviamente no, la responsabilidad también está en la oposición, en lo que no supimos construir, no pudimos hacer una alternativa creíble que seduzca a los tucumanos.
Yendo al eje de tu pregunta, Tucumán tiene potencialidad para despegar, para iniciar un camino de desarrollo sustentable. Desde lo estrictamente económico, posibilidades de convertirse en un polo energético con los biocombustibles con base en el azúcar y el alcohol. El aporte de sus “fábricas” de conocimiento, sus universidades, debe ser esencial en ese proyecto.
Desde lo político hay que construir esa alternativa. Democrática, plural, con eje en el radicalismo pero articulando distintas expresiones de la vida política local. Para mí, el límite a esa construcción debe ser las complicidades con esos 34 años y por supuesto cualquier expresión que se vincule al bussismo residual. Las defecciones para sumar lo que sea descalifican desde lo ético y si además se lo hace para sostener aspiraciones personales exclusivamente perdiendo el sentido de colectivo y lo transformador que debe ser ese proyecto perdemos credibilidad y debilitamos esa construcción.
Las palabras de Moisés Lebensohn deben guiarnos en ese cometido: “Doctrina para que nos entiendan, Conducta para que nos crean”; teniendo en claro esos aspectos creo, soy como cualquier radical que se precie, un voluntarista de la política. Tucumán puede soñar con un desarrollo sustentable en una democracia plural, en definitiva esa sociedad más justa, más libre y más igualitaria de la consigna juvenil. Debemos trabajar para eso.
Con respecto a San Miguel de Tucumán, ¿cúal es su análisis sobre la actual gestión de la intendencia?
La ciudad de San Miguel de Tucumán es gobernada por el PJ desde 1989 e ininterrumpidamente desde hace 16 años y no escapa a la decadencia de nuestra provincia. Tres periodos por Domingo Amaya y estos últimos 3 por Germán Alfaro. Que estuvieron y participaron de los últimos 12 años de gobierno del PJ, se sumaron en 2015 al Frente que el radicalismo venía construyendo meses antes de las elecciones provinciales y en las elecciones nacionales apoyaron al binomio Scioli-Zanini. Con una observación no menor.
En 2015 por un grosero error de estrategia y por “sumar” a un sector del justicialismo, integramos al PJ disidente capitalino. A la fórmula de gobernador y vice (Cano-Amaya) y resignamos competir por la Intendencia de San Miguel. Todos apoyamos, a nuestro juicio, esa equivocada decisión de integrar a este sector del PJ de la ciudad de Tucumán. Lo hicimos encandilados por la posibilidad de acortar camino para gobernar Tucumán y dejamos ahí jirones de credibilidad política que los tucumanos nos las cobraron electoralmente.
Además, yendo estrictamente a la ciudad, apoyamos todos la decisión de no competir pero no la de entregar un cheque en blanco al nuevo intendente que es continuidad del anterior. San Miguel es una ciudad que alberga a más de 600.000 habitantes, la sexta ciudad del país y es el centro del conglomerado urbano del Gran San Miguel con más de 900.000 personas y quinto en tamaño de la Argentina. Y hay un evidente deterioro en nuestra ciudad. No es un lugar amable para vivir. Si se la compara con otras capitales del norte ese deterioro surge más patente. No cumple con cuestiones básicas tradicionales de la función municipal. Tucumán no es una ciudad, limpia, no es segura, su tránsito vehicular es un caos, no tiene servicios públicos de calidad, no es una ciudad integrada, no es una ciudad que cuide a sus vecinos en mejorar su calidad de vida.
Expresó en varias entrevistas que te gustaría ser intendente de la ciudad capitalina, ¿cuáles son tus propuestas para mejorar la ciudad desde esa banca?
Te decía recién como estamos, en eso no se puede responsabilizar a nadie de afuera. Tenemos los recursos económicos y humanos para ser una ciudad moderna. Para iniciar el tránsito de ciudad histórica de los argentinos a una ciudad moderna ¿y qué es eso? Nada imposible, segura, limpia, plural, culturalmente sólida, inclusiva y que merezca ser vivida. Moderna y de iguales.
Para eso hay que articular un Proyecto Colectivo de Ciudad, donde seamos el eje convocante para todos los ciudadanos que quieran participar en transformarla.
Si me pedís resumirlo en algunas ideas: fuerza, te digo que transparencia, participación ciudadana, igualdad y la dignidad de las personas serán el norte de ese proyecto que estamos construyendo para San Miguel de Tucumán. De ciudad histórica a ciudad moderna.
¿Cuál es su lectura sobre la política nacional?
La política en este país está atravesada por la grieta. Creo que debemos salirnos de ese discurso que degrada la política e intentar pensar un país para todos. Donde la diferencia sea un valor y la tolerancia se practique de verdad. Y eso que vale para todos hay que pensarlo y practicarlo en nuestro partido. El país en 2015 se encaminaba hacia un hegemón político, a una democracia Priizada (antes del PRD y la alternancia en México) con el PJ como única opción y consolidando su natural inclinación autoritaria. Una democracia de partido único a nivel nacional. El radicalismo interpretó y buscaba hace tiempo construir una coalición que superara la tradición clásica del bipartidismo. Incluso cuando la mitad y un poco más tal vez apostó y construyó la concertación plural con Néstor
Kirchner luego de la debacle del 2001 y la implosión del radicalismo. Esa coalición falló porque finalmente se impuso la mirada tradicional pejotista con los resultados conocidos.
A partir de esa nueva decepción frentista y luego de experiencias igual de frustrantes como Lavagna- Morales se siguió buscando una coalición que supere ese estado de cosas, urgidos con el viraje autoritario del kirchnerismo
pejotista y luego del fracaso del frente que hicimos en el año 2011 donde no fuimos acompañados por los que creían algunos eran nuestros aliados naturales, el socialismo santafecino, se profundizó el debate sobre qué tipo de coalición se enfrentaba al kirchnerismo
pejotista, el resultado de eso fue Cambiemos. Triunfando, además, en nuestra Convención Nacional de Gualeguaychú el frente corto (Pro-UCR-Coalición Cívica) sin peronismo con un 60% sobre el frente amplio que incluía también al macrismo que sacó el otro 40%. Impulsado fuertemente por Jujuy y Tucumán donde el peronismo estaba integrado con los frentes distritales.
Lo que quiero destacar es que la totalidad de los convencionales incluían al Pro en su propuesta de Frente electoral. ¿Qué fue Cambiemos? Una herramienta excepcional para derrotar en las urnas al PJ gobernante. Eso lo vio así el electorado y acompañó masivamente. Pero tuvo un defecto de origen. Ernesto Sanz no cumplió con el mandato de Gualeguaychú. No se trabajó para una coalición de gobierno, sólo para un frente electoral. Con el territorio y los votos del radicalismo esa coalición electoral se impuso en 2015 y en las de medio tiempo en 2017.
Hay que trabajar para que esa coalición sea de verdad de gobierno, por responsabilidad y por historia debemos hacerlo. Coalición de gobierno, con base en programas que nos saquen de la Argentina del ajuste y donde los esfuerzos sean equitativamente distribuidos. Donde el estado intervenga con un verdadero sentido distribuidor. Una coalición como la Concertación de los chilenos o el Frente Amplio uruguayo. En eso debemos ser fieles custodios de nuestras ideas. La responsabilidad republicana del radicalismo no debe ser malversada. Si no logramos convencer, entusiasmar, persuadir a los socios de Cambiemos deberemos seguir nuestro propio camino, como lo hacemos desde hace más de 120 años. Esa creo es la tarea de cara al 2019. Es deber el compromiso del Comité Nacional. Presencia y discusión. Salvar Cambiemos con esa impronta. Que sea de verdad una coalición, con reglas de juego claras y afecto societatis. Con mecanismos de decisión permanentes, sobretodo acordar un programa y que se cumpla. No ser acompañantes silenciosos de cualquier decisión que se tome. Los argentinos saben que el radicalismo ayudó para crear esta opción, y así nos lo van a exigir.
¿Cree que el partido expresa ese pensamiento? ¿Cuál es su mirada para su distrito Tucumán y el Comité Nacional?
Creo que en el partido, Comité Nacional, hay dos etapas muy diferenciadas, la etapa por Sanz que sólo hizo silencismo, fuimos los socios mudos de Cambiemos, y la etapa actual, que muestra una conducción que se sacudió esa actitud de callar y otorgar y que intentó manifestar algunas disidencias. Tiene que lograr convertir a Cambiemos en una auténtica coalición. Ese es su desafío histórico y debe también acompañar el desarrollo de los comités de distrito, articular algo de esa dificultad.
En lo de nuestro distrito, Tucumán, la realidad es verdaderamente preocupante. Los desatinos nos cuestan mucho. Se ha enquistado un sector que mata la democracia interna por temor a la voz de los afiliados. Se desbarató la convocatoria a elecciones internas, un catalizador excepcional de las diferencias y miradas, con maniobras que facilitan que el sector que maneja José Cano y Silvia Elías de Pérez, permanezca en la intervención vía mesa de la Convención. Los desatinos y la laxitud en las convicciones llevaron a este sector en 2017 a incorporar a la coalición local a un sector del bussismo residual. La decisión de arrebatar el partido a los afiliados y dejarlo en mano de quienes tenían sus mandatos vencidos va en línea con un proyecto personal, que prioriza únicamente la conservación de cargos electivos destruyendo las posibilidades de un proyecto que le dé a los tucumanos una opción, una alternativa para salirnos de 34 años de malos gobiernos.








