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"Al Expreso no lo dejaron salir campeón": El histórico antecedente de la protesta de San Jorge

EL PEOR FINAL

En 1933, Gimnasia de la Plata se encaminaba hacia el título pero una serie de fallos arbitrales lo perjudicó en la recta final. Su malestar desembocó en una sentada, como la de San Jorge 86 años después. Aquel gran equipo era apodado “El expreso”, porque arrollaba a sus rivales, y su capitán era José María Minella, nombre que lleva el estadio donde los tucumanos vivieron el dolor de sentirse perjudicados ante los poderosos en carne propia.

Histórica protesta de "El Expreso", recordado equipo de Gimnasia de la Plata que vivió el mismo desenlace que San Jorge en 1933. Foto: elgrafico.com.ar





La bronca iba aumentando. Los jugadores de San Jorge vieron como cada pelota dividida era para Alvarado, cada foul que cometían era sancionado con una amarilla y que no había igual castigo para los marplatenses. Todavía retumbaba en su cabeza el penal no cobrado en la ida, en el 0 a 0 disputado una semana antes en su cancha en San Andrés, lejos de Mar del Plata, en Tucumán. Cuando David Valdez vio la roja por segunda amarilla tras una falta menor a los 24’ del primer tiempo, los jugadores tucumanos no podían disimular si enojo con el árbitro Adrián Franklin

Tras el 1 a 0 sobre el final del primer tiempo, la protesta, los empujones, otra roja, más bronca y la suerte echada. San Jorge salió a jugar el segundo tiempo dispuesto a realizar una histórica protesta, sentarse en el campo de juego obligando al árbitro a suspender el partido, emulando la protesta de Gimnasia de la Plata en 1933: aquel equipo era apodado “El Expreso”, porque arrollaba a sus rivales, y su capitán era José María Minella, nombre que lleva el estadio mundialista de Mar del Plata.

“La memoria histórica del fútbol argentino tiene un lugar reservado para recordar el primer robo deportivo que se le hizo a un club que quería salir campeón y no tenía el poderío ni el dinero de los más grandes”, recuerda el periodista e historiador Alejandro Fabbri en un artículo publicado hace seis años en el suplemento deportivo 442 del diario Perfil, y que lleva por título “Al Expreso no lo dejaron salir campeón”. La historia se vuelve a repetir.

“Cuando faltaban nueve jornadas para la finalización del torneo, Gimnasia visitó a Boca en su vieja cancha de madera. El partido se disputó el 24 de septiembre y el protagonista fue el árbitro De Dominicis: cuando el Lobo vencía por 2-1 en el segundo tiempo, cobró un penal inexistente para el local que convirtió Varallo y pocos minutos después, convalidó un tanto de Nardelli en clara posición adelantada. El partido terminó 3-2 y quedaba claro que los poderosos impedirían que Gimnasia ganase el torneo”, recuerda Fabbri en su artículo, describiendo el clima que derivó en la histórica protesta. La histórica sentada tuvo lugar en el estadio de San Lorenzo de Almagro. Los sucesos que se describen nos conectan de forma increíble con la final entre El Expreso Verde y el Alvarado de los Moyano y Chiqui Tapia, del horrible arbitraje de Franklin y de la sentada que quedará en la historia.

Dos fechas más tarde, Gimnasia llegó igualado en el primer lugar con Boca al viejo Gasómetro de la Avenida La Plata: San Lorenzo era el escolta y tenía un gran equipo. El árbitro designado fue Alberto Rojo Miró, quien no tuvo en cuenta para perjudicar al Expreso que el juez De Dominicis ya había sido expulsado de la Liga Argentina por su pésimo desempeño. En aquel encuentro fatídico, San Lorenzo vencía por 2-1 y Gimnasia arreciaba en el ataque buscando el empate. Sin embargo, invariablemente, cada acción ofensiva terminaba invalidada por fuera de juego o por falta de los delanteros. Encima, el zaguero azulgrana Fossa le cometió una violenta infracción al delantero Echevarrieta, que el juez no sancionó.

Dos minutos más tarde, un centro enviado al área visitante fue contenido por el arquero Herrera, que atrapó la pelota apoyando los pies sobre la línea, pero reteniendo el balón claramente delante de ella. Sin embargo, entre el juez y un asistente sancionaron gol y comenzó el bochorno final. Los jugadores de Gimnasia enloquecieron, el defensor Martín le pegó una patada al sinvergüenza de Rojo Miró y fue expulsado.

Con el partido 1-3 y un hombre menos, los jugadores del Expreso resolvieron sentarse en el campo de juego y apenas levantarse para sacar del medio de la cancha, cada vez que sus colegas de San Lorenzo convirtieran un gol. Así se llegó hasta el 7-1 en medio de la silbatina general hacia el juez Rojo Miró, quien atribulado y nervioso, finalizó el partido diez minutos antes de tiempo.

“En 1933 Gimnasia expuso al fútbol argentino y sus siempre dudosos arbitrajes. 86 años después, nada cambió... Ojo con las represalias al Club y a los jugadores mismos”, recuerda Leandro Baschar, fanático de Gimnasia y socio del CENTRO para la INVESTIGACION de la HISTORIA del FUTBOL (CIHF).  “El capitán de Gimnasia en 1933, era José María Minella, el mismo por el cuál ahora se llama así el estadio de Mar del Plata”, explica.

"Gimnasia venía puntero invicto la primera rueda. En la segunda, lo perjudican contra Boca con un penal inexistente, y de nuevo contra San Lorenzo con un gol que no fue a la fecha siguiente, cuando el arquero la agarró antes de que traspase la línea pero cobraron el tanto igual. Estos dos equipos eran los perseguidores inmediatos del Lobo. Tras los sucesivos fallos arbitrales, el capitán Minella y los jugadores triperos "sacaban del medio y se sentaban" y el árbitro "recién terminó el partido cuando íbamos 7 a 1 abajo". "A aquel equipo le habían puesto el "Expreso" a fines del 32 porque levantó su rendimiento y arrollaba a los rivales”, detalla.

Rápidamente, las redes sociales se hicieron eco de esta sorprendente historia, esa historia que hoy, 86 años después, se vuelve a repetir y donde la moneda parece siempre estar dispuesta a caer del lado de los poderosos.