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Mercier es de San Martín: todo lo que genera su llegada a Ciudadela

ANÁLISIS

Pichi puso la firma y su contratación agita mucho más que el mercado de pases. El desafío y el perfil del capitán que el Pueblo Ciruja ya recibió con los brazos abiertos.

Mercier, feliz en Ciudadela. FOTO CASM Oficial.





Pasó el domingo a la noche en Boedo ante 130 mil hinchas que celebraban la vuelta al barrio que a San Lorenzo lo vio nacer. Fue unos minutos previos a las doce de la noche, antes de que las campanadas de avenida La Plata anunciaran la llegada del 1° de julio y la oficialización del regreso a Tierra Santa. En las pantallas marca Bailando por un sueño pasaban el capítulo más glorioso de la historia azulgrana: la conquista de la Copa Libertadores de América en 2014. En ese camino al título, por las semifinales, aparecía el protagonista de esta historia: Juan Ignacio Mercier, gritándole un gol al Bolívar, con los brazos al cielo y ahora, el domingo a la noche, reviviéndolo con el coro de hinchas encabezado por Tinelli en el palco cantándole: “Olé, olé, olé, olé, Pichi, Pichi”.

Unas horas previas al momento que resume la idolatría que ha generado y genera Mercier en Boedo, Pichi había enviado un video de saludo a los hinchas desde su casa aquí nomás, en Yerba Buena: aferrado a su termo Stanley con el mate ya cebado de cara a lo que venía, dijo Mercier: “Me hubiera gustado estar con ustedes, pero por la distancia no pude”. ¿Qué se lo impedía? Un compromiso asumido durante el fin de semana que se hizo firma y palabra este martes a la mañana: la llegada a Ciudadela, otro barrio con identidad propia, marcado a fuego por los duros golpes, trazado por las imborrables alegrías, y signado por una palabra que trasciende a la moda que se vive en estos días: volver.

Si San Martín quiere ilusionarse con volver a Primera, no alcanzaba con la juventud, el hambre de gloria, las ganas y los atributos de refuerzos que pueden a llegar a ser incluso más importantes que Mercier, pero que, tal como ocurre con la dupla técnica, carecen del reconocimiento facial en el acto y que, por algún extraño motivo, son víctimas de la incertidumbre que genera lo desconocido. Para qué empezar la lista de los La Paglia y los Gracián, cuyos antecedentes fueron tan grandes como sus frustraciones en Ciudadela. 

El nombre, la chapa, no garantiza nada. Pero siempre hace falta la estrella que brille con luz propia, el aura de la figura rutilante que entusiasme y rompa con el mercado de pases, que garantice el temple y la personalidad para llevar la cinta de capitán. Y que Mercier sea el elegido es un hecho que los hinchas de San Martín celebran, contagian, y sienten que así, sí, que ahora sí empecemos a hablar, y que dicen que faltan seis refuerzos, que Lentini parece que no, con el golpe de efecto que generaría Ramonín, pero ojo, ojo porque parece que viene alguien más.

La llegada de Mercier, bicho de ascenso y mil batallas en canchas como la de Jáuregui por donde también lucharon Orsi, Gómez, Pons o Matos, curtido en esos inicios sin luces antes de ser el capitán en la final del mundo contra Cristiano Ronaldo, la llegada de Mercier es la que San Martín necesitaba darle a sus hinchas y que el propio Mercier necesitaba para dejar en claro (a quien corresponda) que él mismo, a sus 39 años, no está de vuelta ni mucho menos, que tiene todo para adueñarse del mediocampo de Ciudadela, para liderar el camino del regreso a Primera. Justo él, quien quedó de rodillas ante el gol de Tino Costa en el Monumental, buscará hacer historia en San Martín, justo él, que se calzará la 5, una camiseta históricamente vital en la historia de San Martín, la misma camiseta que viene de sufrir dos desencantos con Prediger y Arregui.

Jugadores top como Juan Ignacio también hablan fuera de la cancha: sienten de una manera al fútbol más arraigada al barrio, al potrero, a los códigos. Le meten ají a la palabra cuando habla de las nenas del Real Madrid o de la picadita dedicada a los Holan que dirigen este fútbol tan moderno. Es el mismo que aclara de entrada, sin que se le caigan los títulos y las copas, que no tiene ningún problema en jugar el Nacional B con San Martín: todo lo contrario. Porque el contrato estará a la altura de lo que vale, pero el objetivo de volver a Primera pesa más, juega más, seduce más, ¿presiona más? Mercier dice, en clave maradoniana, que presión tiene el laburante que se levanta a las seis de la mañana. También lo había dicho en la previa del 2-3 en el Hilton. 

Jugadores como Mercier son tipos que han superado situaciones en su vida mucho más importantes que un partido de fútbol: tiene tatuado un león que le protege todo el pecho. Después del breve paso por la otra vereda, es el pecho que Mercier le pone a este momento para entusiasmar al hincha de San Martín, para empezar a despejarles las dudas que generaba un mercado de pases tibio, consecuencia de un parate tan largo por la Copa América que hoy desvela, pero que en Ciudadela no desenfoca el objetivo: volver a Ciudadela para encender una ilusión. Es la ilusión de siempre que más o menos en un mes volverá a ponerse en marcha, la ilusión que con Mercier en cancha es otra cosa, con una camiseta y una cancha hechas a medida para él, también con ganas de revancha, también con ganas de volver.