San Martín: así se entierra el pasado, así se forja el presente y así se ilusiona con el futuro
ANÁLISIS
El Santo de la dupla Orsi-Gómez jugó en gran nivel durante todo el partido con puntos altísimos como Mercier, Brandán y Pons, y con la recuperación de piezas claves para soñar con lo que viene como Arce, Moreira y Gonzalo Rodríguez. Claves para olvidar lo que pasó, cimentar las bases de lo que hay y volver a cantar la canción que más fuerte suena. VIDEO
Brandán lo gritá con la boca llena de gol, Fissore se sube a la cima de compañeros. Todos los abrazos son para Pons, el goleador de este sueño. Foto: CASM Oficial.
“El futuro, un pasado que presente fue”, es una obra maestra de Federico Carlorossi, uno de los tantos músicos que habitan en las tribunas de Ciudadela. “Cambiemos pasado por futuro”, fue el slogan de un gobierno que contrasta con las banderas peronistas que iza la Rondeau. Pasado, presente y futuro siempre han sido una tentación para meterse a conjugar verbos, proyectar tempos y en los tiempos que corren ponerse a prometer hasta lo que no se tiene con tal de un voto que alimente la esperanza de volver a ser felices. ¿Va a volver San Martín? ¿Cuándo? ¿El año que viene? ¿Con la frente marchita? ¿O con las nieves del tiempo plateando la sien?
“Volveremos, volveremos, volveremos otra vez”, juran La Gloriosa Brava, La Banda del Camión, Los Pibes del Ritmo, La Matienzo y todos los que agitan la bandera roja y blanca después del gran triunfo a Deportivo Riestra que carecerá de historia, vestirá de negro, un energizante le ilustrará el pecho, vendrá del ascenso del ascenso, pero que ya pegó en el palo un par de hitos. Hasta Maradona lo dirigió un par de veces. Juega bien, le robaron mil puntos una temporada y así como a unos les cuesta un montón ganarles a Boca Unidos del Federal A, a otros les cuesta ganarle a este equipo que promete animar el torneo hasta el final. ¿Y San Martín? ¿Hasta cuándo peleará el torneo? ¿Será protagonista? Lo dice la bandera: “Los grandes como San Martín luchan hasta el final”.
¿Falta un montón para el final? Si falta un montón para el final, para entrar a la recta final, a la línea de fuego, a todo o nada, sí, pero la ansiedad se filtra y se respira en las calles, en ese trotecito previo y apurado entrada en mano, se mete en la cancha y hasta se convierte en reclamo cuando Arce la tiene en los pies y no se contagia del apuro de los que necesitan que San Martín empiece ganando todos los partidos hasta volver a Primera a los cinco minutos de iniciado cada partido. Es un botinero, un bolsito, una mochila o una grúa que pesa en los hombros y a veces se traslada a las piernas de los jugadores. Se la sintió durante pasajes del debut ante Dálmine y en Junín.
Esa carga que hoy el equipo se ha quitado durante noventa minutos tiene que ver con el pasado, con la pérdida de la categoría, con el volver a empezar, con el darle de nuevo porque la historia así lo exige y que si así no lo hiciereis, que Dios y la Patria Ciruja os lo demanden. Parte del pasado que duele ha tenido como testigos a los que han sido parte de él, a los que ya inútil es echarles la culpa y a los que se valora que se hayan quedado, que hayan vuelto, que cierren murmullos como Nacho Arce en cada pelota que salió a cortar, o como Moreira impecable para cortar, mandarse al ataque, mostrar quién manda aquí y hasta exagerar con un tiro libre que marca la barrera de las buenas intenciones.
O como Gonzalo, enorme esta tarde de sol, vivo, ágil, pícaro, veloz, eficaz para desbordar, mandar el centro, puntear, prepear, sacar del partido al arquero rival y retirarse ovacionado de un estadio que no sabe qué hacer con él, que lo ama, y que a veces no tanto, pero que sabe que él, y nadie más que él, es el único capaz de tocarte la fibra y protagonizar la grieta que divide el bien del mal, a los gonzalistas de los no gonzalistas. Todo el resto, es panfleteada barata. Y si arriba juega Lucho, luche y vuelva, San Martín: sólo Luciano sabe lo que ha pasado en el invierno más crudo de su vida y cómo este gol vuelve a tener forma de corazón. La bronca del festejo con Dálmine ya quedó atrás, todo ese invierno se fue con la patada a lo que se encontró en el camino durante el festejo, todo el desahogo quedó ahí y ahora Pons disfruta y juega como si se sintiera el dueño de la 9 que dejó Bieler.
Esos votos de confianza que de a poco se van metiendo en las urnas son tantos que a veces sobran y se los arroja al viento para megapapelearte el alma, intimidar al rival, inflar a los propios y juegue San Martín. Esta es la parte del análisis y de la vida se llama felicidad: es el presente, es cuando se da vuelta la página, cuando aparecen los nuevos, los que enterraron su pasado en el olvido como Pier Barrios o Mercier y responden a una pregunta que se responde sola: ¿dónde van a estar mejor que en Ciudadela?
Mercier juega como el campeón de América que es, parece que se crió con el canchero mientras don Chambila le leía cuentos de su Perú natal, o mientras Dante le cebaba los primeros mates con aroma a Mentisán, la pomada boliviana que se aplica en el pecho y te deja una maravilla. Así lo demuestra Juan Ignacio cuando antes de recibir la pelota ya sabe dónde tiene que ponerla, o cuándo caminar el mediocampo y cuándo gambetear a cuatro rivales para ganar el córner. O cuándo, y lo más importante de todo lo vivido hoy, asociarse a Fernando Brandán, que hasta apellido de tucumano tiene, y se mueve, y quiebra la cintura, y va para adelante y desequilibra y empieza a dejar en el camino a Matías García, con la 10 en la espalda haciendo jugar a San Martín.
Forma parte de este presente, de este domingo 8 de septiembre fundacional, la dupla Orsi-Gómez, plenos aunque cautos después de la actuación triunfal. Cierran las puertas de los entrenamientos, esconden la formación, juegan al misterio para los otros, para los que no juegan, pero van al frente y no chamuyan al plantel. Un plantel que al final del partido recupera una escena final del ascenso anterior a Primera: todos reunidos en ronda en la mitad de la cancha, con la voz de mando de Mercier, de Fissore, todos unidos diciéndose algo que tiene mucho más que ver con el resultado, con el triunfo. Hay cosas que pasan en el complejo que homenajea a don Natalio que sólo los que lo viven lo saben. Ese predio enorme ha sido testigo de los golpes recibidos y de las alegrías encontradas en el camino.
Pier Barrios corona el presente y completa un partido perfecto sacándose de encima a los rivales y dándole con alma y vida para el 2 a 0. Si esta noche toca Pier es porque desde el arranque supo dónde estaba, como si también se hubiera criado en Potente, aprendiendo a patear entre los palos borrachos, celebrando como Brandán los puntos más altos de un triunfo que ayuda a dar vuelta la página del pasado, a despejar el borrador que fue Dálmine, la fotocopia trucha ante Sarmiento y que obliga a cimentar las bases de otro prócer para pensar que el futuro será el que todos esperan, el de una República llamada Ciudadela que se rompe el lomo toda la semana para pagar la entrada y ser feliz, el de este barrio popular que cierra el fin de semana con La Mona, con el Indio o con Pepe de Villa Urquiza a toda música, hasta la próxima cita, con el amor de toda tu vida, que hoy brilló, que hoy brilló tan brillante como el sol que también volvió a salir.








