Sofía, la psicóloga Ciruja: "San Martín está listo para recibir el alta con el ascenso a Primera"
HISTORIAS DE ACÁ
Se recibió el miércoles y salió a festejarlo desde el parque 9 de Julio hasta la Chacapiedras sin dejar de bajarse en la plaza Independencia hecha un mejunje de plasticola, témpera, huevos y harina. Su primer cartel estuvo teñido de rojo y blanco, el color de la fiesta. Cómo se analiza la pasión desde adentro, cómo se trata al hincha, al jugador y cómo se mata la ansiedad de cara al 2020 que viene.
Sofía brinda por el título y por lo que vendrá.
Es miércoles al mediodía, el calor pega lindo en el merendero de Filosofía y Letras, Sofía Ladrón de Guevara acaba de recibirse de Psicóloga y antes de salir, amaga una, dos y tres veces también. Carlita, Natalí, Andy y las secuaces de los grupos de amigos y amigas ya están listas para apretar el pomo y dale que es carnaval: “¡Ahí está!”, gritan a coro, Sofía sabe que no tiene sentido frenarlas ni pedirles piedad: “No me han dejado ni cambiar la ropa. Muchas se vengaron de lo que yo les había hecho: empezaron a tirarme harina, huevos, témperas, todo un mejunje. No podía abrir los ojos, pero sí sentí un casco de plasticola en el pelo. Me colgaron carteles muy creativos: 2x1 para Cirujas, La Psicóloga Ciruja, mi viejo quería llevarme un telón de San Martín, pero era mucho. Soy muy feliz”.
Sofía tiene 27 años, se recibió hace seis de Periodista Deportiva, trabajó en la prensa oficial del club hasta el año pasado con el gran Cabu Paz, había tenido un desliz con Abogacía, se inscribió en 2012 en Psicología y aquí la tenemos: embadurnada hasta las pestañas de pócimas mágicas que deben tener un sabor especial, pero nada que aplaque un fondo blanco del pico a ese Termidor helado que ahora Sofía disfruta como se disfrutan los días más hermosos que nos regala la vida.
Es una vida que empezó a teñirse de rojo y blanco a los 6 años cuando su papá empezó a llevarla a la Pellegrini. La pequeña Sofía se había criado en la Libertad y San Lorenzo viendo cómo gordos apretados con la camiseta de piqué o flacos con el gorro flotándose en la cabeza llegaban cantando a la cancha, cómo salían desbordados de la felicidad, o llorando de la tristeza, siempre tan lejanos a lo racional, siempre tan pasional el hincha de San Martín, siempre tan sanguíneo, todo un cuadro exótico para llevar al diván y, con el título en la mano, habilitar a la doctora Ladrón de Guevara a que dé inicio a la sesión de psicoanálisis: “Si me toca un paciente de San Martín, lo primero que se aborda son los sentimientos principalmente. Cualquier hincha de San Martín, todos son muy pasionales, y abordarlos por el lado de la pasión no sería complicado, no sería difícil hacerlo que hable, que exprese”.
El escenario proyectado en el consultorio de Sofía se completa cuando ingresa un hincha de San Martín capaz de confesarle que no sabe qué hacer con San Martín, que la razón de su vida a veces no lo deja vivir, que sin San Martín nada tiene sentido, que sin San Martín se muere, que hace poco terminó la primera rueda y ya extraña Ciudadela, que no ve las horas que pasen las Fiestas, la pretemporada de Perico, de Jujuy y de la mar en coche, que llegue la segunda parte del torneo, que pasen las fechas y siga San Martín arriba, que juegue la final, que ascienda a Primera, todo un póster dibujando en la cabeza de los que viven con San Martín en el mate, una ansiedad difícil de bajar con los brindis que se avecinan.
“Antes que nada ahondaría y le preguntaría: ¿qué es para vos San Martín? En mi caso es un lazo muy fuerte. Uno tiene el recuerdo muy desde chico. Y el sentimiento va creciendo principalmente porque el sufrimiento aferra. Esa fluctuación del sufrir y el tener alegrías lo hace así. El sufrimiento aferra más que la alegría. Ahora estamos en un buen momento y la gente no lo cree. El hincha de San Martín es lo más transparente que puede haber. Es pasional sobre todo. Y muy fiel, totalmente fiel. Siempre va a estar: ama la familia, pero el Día de la Madre, el Día del Padre, bautismo, cumpleaños, comuniones, lo que sea que haya no le va a impedir estar en la cancha si hay partido”, explica Sofía, y profundiza sobre la ansiedad lógica que se vive: “La ansiedad afecta mucho, mucho, mucho. Pero se tiene que tratar en el día a día. Es lo principal ir partido por partido, hay focalizarse en el partido a partido, queremos todo ya, llegar a la final ya, pero puede haber márgenes de errores, pueden pasar mil cosas, enfocarse en los errores, es todo un desafío”.

Si de la cabeza de los jugadores se habla, el nombre de Gonzalo Rodríguez, de Turbo, es el que aparece en el diálogo con la psicóloga Ciruja: “Gonzalo es muy inseguro de él mismo, tiene partidos que sabe que se va a desenvolver de 10, y otros que no. Hay que trabajar mucho su autoestima, que se anime a más, ya ha demostrado todo lo capaz que es. Así como en Primera era otro tipo, hay que ver su seguridad. A todo el mundo le cuesta hacer terapia. Hoy en día se necesita concientización sobre el tema, que vean lo necesario que es, hay más accesibilidad. Tengo compañeros de la carrera a los que les cuesta mucho hacer un análisis. La resistencia a enfrentarse a uno mismo pone todas las excusas, que es mucha plata, que esto, que lo otro, cuesta enfrentarse a uno mismo”
Además del ascenso a Primera, Sofía sueña con unir sus dos pasiones profesionales: “Mi objetivo principal es ser psicóloga deportiva, pero no se desarrolla en la UNT. En la UBA sí hay. Creo que todo deportista necesita una terapia individual y grupal: no debe haber grietas en un vestuario, tampoco en la cancha, que no sea una competencia negativa entre los jugadores sino desde lo sano. Si uno sale, que aliente al otro. Eso se ve en este plantel: la unión grupal. Pero por otro lado hay problemas personales en cada jugador: la cabeza maneja los pies, lo personal se traslada. Recuerdo el día contra Dálmine que nos quedábamos sin posibilidades de luchar por el ascenso, los jugadores se fueron al entretiempo perdiendo 2 a 0 y la gente los aplaudía. Ahí pensé: ‘Es impresionante lo que esta gente necesita un trabajo mental’. Después del entretiempo han cambiado su cabeza. Todos traemos una mochila encima, y eso siempre hay que arreglarlo. Pero San Martín es un paciente que está listo para recibir el alta con el ascenso a Primera”.
Sin la mochila pesadísima que implica sacarse de encima una carrera compleja y cargada de sacrificios como Psicología, Sofía es esa mujer que en el video ahora se baja de la camioneta de su cuñado mientras su novio, hincha de Atlético, la banca y la acompaña a bocinazo limpio por toda la ciudad con el destino cantado de la Chacapiedras: “Quedamos ahí con un par de amigas y después llegué al departamento para que mi gran portero me viera, ponga la manguera con agua y me manguereara en la terraza porque mi vieja no me iba a dejar entrar como estaba. Era miércoles. Hoy que es sábado sigue a todo trapo: carpa, dj, música, familias, amigos hasta la hora que dé”, se despide Sofía Ladrón de Guevara, quien ya fue a festejar a la plaza Independencia, ya copó las escalinatas de la Casa de Gobierno, ya le cantó a Tucumán su felicidad en el epicentro de la provincia, ahí, adonde dentro seis meses sueña con volver para festejar, ella y muchos más: todos los que están locos por una pasión llamada San Martín.








